DAYNA KURTZ LIVE

Dayna Kurtz en concierto 

 

  

 

 

En pocos años Dayna ha sabido mirar hacia atrás con menos complejos aun que cuando apareció en escena. En aquel momento, la Dayna Kurtz que vivía en un molino de New Jersey era ya una artista totalmente formada, para nada una recién llegada. Hoy, nueve años más tarde, añade a aquel bagaje con el que se presentó un dominio del escenario brutal, impartiendo con cada recital una lección acerca de los tempos encima de un escenario. 

 

 

Si alguien nos pidiese que citásemos un artista que abarcase en su obra buena parte de lo mejor de la música norteamericana del siglo pasado, no lo deberíamos dudar ni un segundo: Dayna Kurtz. En 2003 llevaba ya quince años recorriendo todas las carreteras secundarias en coches de segunda mano, siguiendo la estela de los músicos de antes de que apareciera el registro sonoro: dar a conocer sus canciones en directo exponiéndolas al contacto con el público, enfrentándose a audiencias ruidosas que no sabían quién era, pero a las que conseguía acallar desde la primera canción. La edición de discos había sido, hasta entonces, secundario, ni tan siquiera una meta.

 

 

Si en aquel momento se definía a sí misma como un ‘animal de carretera’, nosotros podríamos añadirle sin duda lo de ‘animal de escenario’. Dayna representa perfectamente la música del último siglo ya que su voz tiene el calor y el compás de las viejas divas del jazz, como Billie Holiday o Nina Simone, del blues, como Bessie Smith, o del soul, como Aretha Franklin. A ello se le debe añadir el efecto dramático que sólo Tom Waits o Marianne Faithfull poseen, la belleza de los textos de Suzanne Vega, ecos de Laura Nyro o Joni Mitchell…

 

 

 

 

 

 

Su nuevo álbum incide en ello rebuscando en el ‘canon’ perdido de la música americana del siglo pasado, trayendo a la luz unas canciones que nunca salieron del más estricto anonimato, que pasaron desapercibidas. Ella las despierta de su larga noche de piedra reviviéndolas sobre las tablas y, si en disco Secret Canon Vol 1 necesita de una atención que difícilmente el mundo moderno le puede prestar, en un escenario -un teatro es el lugar ideal, como en esta ocasión- atrapa sin remisión.

 

 

Da igual que se enfrente al jazz más lastimero, al blues, al soul, a las baladas de los primeros tiempos del rockabilly, a las ‘torch songs’, al folk, que todo suena verdaderamente real y plenamente vigente. Puede que haya perdido la rugosidad con la que se presentó hace nueve años -o que simplemente sea una etapa más en el camino-, pero ha ganado en intensidad y en el difícil dominio de la interpretación.

 

 

 

(Teatro Colón, A Coruña, 20-7-2012. Público: 300 espectadores. Promotor: Concello de A Coruña)

  

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