COSECHA ROJA

Cosecha Roja, grupo soñado

 

 

Voluntariosos, entregados a la causa contra viento y marea, grabando en su Ourense natal y tocando allí donde les llamaban, editando sus discos donde les dejaban y, si no, haciéndolos en casa… Cosecha Roja fueron uno de los mejores grupos pop-rock de los 90, pero casi nadie se enteró, además de que ellos tampoco sabían qué puertas tenían que tocar ni tenían tampoco demasiadas ganas. Lo suyo era hacer canciones, buenas canciones, que no merecían quedar en el olvido.

 

Carlos Rego, Javier Doforno (Dofo), Antonio Rodríguez (Amadís) y Aser Álvarez, los Cosecha Roja de siempre, siguen adelante como Burgas Beat -con la suma de Francisco Vázquez- y grabando también discos con Magín Blanco. Pero hace unas semanas desde el Festival Xiriapop de Carballo (A Coruña) les ofrecieron un concierto para recordar aquellas canciones y, en una jugada de las que hacen justicia, el sello Hanky Panky les propuso editar un recopilatorio titulado Un par de cosas con los mejores momentos de su trayectoria. Esperemos que al menos esta vez aquellos que deberían saber de su existencia no dejen pasar esta ocasión.

 

Primera pregunta casi obligada. ¿Cómo habéis encontrado a alguien en estos tiempos que os edite un disco tan completo cuando Cosecha Roja siempre tuvo tantos problemas para que se publicasen sus discos en condiciones?

– Carlos (C): Cosecha Roja no llegó a mucha gente, pero algunos que sí se enteraron conectaron de una manera especial con nuestras canciones. Entre ellos, la gente de Hanky Panky, cuando aún hacía un fanzine llamado Otoño Cheyenne, o incluso antes, que al final acabaron por convertirse en amigos. De todas maneras, lo que empezó todo esto fue la llamada de Xabier Graña del Xiriapop Festival: sin ese concierto no hubiera existido el disco.

 

¿Es hasta cierto punto una reivindicación, mostrando con orgullo lo que hicisteis y que poca gente llegó a conocer?

– C: Me hace más ilusión este CD que cualquiera de los que pueda grabar a partir de ahora. Lo de Cosecha Roja fue una lucha continua para dar a conocer el grupo que no llegó a tener final feliz. No sé cómo aguantamos tanta indiferencia; otros no hubieran pasado del segundo disco. Afortunadamente, de vez en cuando nos llegaban palabras de ánimo y críticas positivas que nos hacían ver que alguien escuchaba.

– Javier (J): Sí, orgullo es una palabra que lo define bien. Alguna vez comentamos entre nosotros de pasada que había un puñado de canciones que merecían algo así, y ahora aquí lo tenemos y estamos orgullosos. Le decía el otro día a Amadís que este disco es un regalo que nos teníamos merecido, un premio que nos concedemos a todo el tiempo, el esfuerzo y la dedicación que pusimos en aquellos años.

 

¿Cómo se ve ahora vuestra producción al escucharlo todo de un tirón o cuando tuvisteis que preparar el disco?

– C: Como dice Aser, lo mejor es que no parece grabado en ningún momento concreto, no suena fuera de tiempo. Las grabaciones eran muy rápidas y poco ‘producidas’, así que si las canciones se aguantan es porque tienen algo. Ya en plan técnico, el 90% de ellas suenan masterizadas por primera vez, y mejoran horrores. El estudio municipal gratuito en el que grabábamos no podía masterizar y nosotros no teníamos dinero, así que los discos eran prácticamente colecciones de maquetas.

– J: Para mí, aunque suene un poco pretencioso, me suena ‘atemporal’, quizás porque no soy totalmente objetivo y tampoco quiero serlo en absoluto. Las canciones han envejecido con mucha dignidad y la masterización les ha dado la pegada que siempre debieron tener. Lo pasé muy bien durante la preparación del disco: oyendo maquetas casi olvidadas y revisando montones de fotos, contando los kilos de más y de menos y boquiabierto con algunas camisas y algún ‘estilismo’; esos sí que no han sobrevivido al tamiz del tiempo.

 

¿Qué se os pasaba por la cabeza (antes y ahora) al pensar que vuestra música debería -y podría- llegar a mucha más gente?

– C: No me acuerdo. Supongo que nos cabrearía oír a grupos que no nos gustaban sonar en la radio y tener contratos discográficos, aunque con el tiempo llegamos a acostumbrarnos. Hay que reconocer que éramos muy malos para cualquier tipo de autopromoción, que nunca llegamos a tener manager ni vista para los negocios y que nuestro aspecto no era precisamente rompedor. Con el tiempo, uno se acostumbra y no piensa demasiado en eso. Por otro lado, hay un momento en Ed Wood que se me quedó grabado: cuando Wood está en cama y se pregunta algo así como: “¿Y si es verdad que no tengo talento?”

– J: Nada especial. Quizás antes nos fastidiaba más no llegar, pero también es cierto que nunca fue un objetivo nº 1. Creo que la pasión que poníamos en el local de ensayo, en el estudio de grabación y en el escenario nunca la empleamos con inteligencia para la parte menos bonita del asunto. Nunca fuimos muy listos para eso.

 

Normalmente, como decís, las segundas versiones suelen no ser mejores, pero aun así, ¿no os tentó la idea de regrabar alguna canción?

– C: No teníamos tiempo: todo se preparó en un par de meses para que estuviera listo para el Xiriapop. De todos modos, hemos hablado muchas veces de eso. Desde adentro, me gustaría grabar todo Conducir despacio con Dofo, que en aquel momento no estaba en el grupo. Me gustan mucho las canciones de ese disco y con él ganarían mucho, como se nota ahora en directo. De todas maneras, como consumidor de música, reconozco que hay muy pocos casos, por no decir ninguno, en que una regrabación mejore el original. Creo que la impresión de lo que se escucha por primera vez marca demasiado.

– J: Nunca fui partidario de regrabar nada. Puede que ahora tengamos más experiencia y que toquemos un poco mejor, pero estas canciones pertenecen a aquella época, con todo lo bueno y todo lo malo. Y regrabarlas, aunque sonasen mejor, supondría perder cosas por el camino. Soy un sentimental, lo siento.

 

Supongo que estaréis muy contentos con la edición, con los textos de Juan de Pablos, Eduardo Ranedo, Fernando Gegúndez, vuestros comentarios sobre cada canción y la discografía.

– C: La verdad es que llega en un momento muy oportuno. Somos de la generación de comprar discos y apreciar las buenas ediciones, algo que parece que está apunto de perderse. Además, editamos en tantos formatos (K7, LP, single, EP…), y en sellos tan mínimos que ya en su tiempo era prácticamente imposible conseguir originales. Nuestra discografía, como todas, está en Internet, pero, paradójicamente, si no hay disco físico, nadie se entera. Como te decía antes, a propósito de Hanky Panky, los que nombras no son amigos que escriben bien de nosotros, sino gente que ya nos valoraba antes de conocernos personalmente y que con el tiempo se han convertido en buenos amigos. De hecho, siempre digo que, viéndolo con perspectiva, lo mejor que nos dejó Cosecha Roja es una amistad en el grupo que todavía perdura y las que hicimos gracias a él.

– J: Como dije antes, estamos muy orgullosos de la edición. Me parece el traje perfecto para la colección de canciones. Sobre esa gente que nos apoyó tanto y que hizo lo imposible para que nuestras canciones fuesen oídas, sólo me sale un tópico: nunca estaremos lo suficientemente agradecidos. Fueron un estímulo verdaderamente importante para seguir adelante.

 

¿Tenéis la impresión de que Cosecha Roja siempre fue más un grupo seguido por los propios músicos (The Shannons, Annie Hall, Santi Campos) o periodistas musicales más preocupados por buscar aquello que no tiene fácil salida dentro de la industria?

– C: No sé, puede ser. La verdad es que es raro que nos hayan versionado dos veces, no es común en un grupo nacional. Supongo que también habría periodistas que nos cogieran cariño al ver que no se nos hacía demasiado caso.

– J: Me imagino que es por curiosidad. Cosecha Roja nunca fue una banda convencional en ningún sentido, nunca militamos en ninguna tribu ni nos encuadramos en ninguna escena ni en nada, y supongo que eso llama la atención a músicos y periodistas, gente curiosísima.

 

Juan de Pablos deja caer, casi sin querer, aquello de ‘canciones ásperas y de regusto amargo’. Difícil mejor definición, ¿no?

– C: Sí, las canciones eran ásperas por los medios en que se grabaron y nuestras capacidades técnicas, pero también por intención: éramos un grupo de canciones pop pero de intención rock. Siempre tuvimos claro que las guitarras tenían que ‘rascar’, aunque muchas veces no lo hicieran tanto como nos hubiera gustado.

– J: Sin duda. No son canciones suaves y dulces. Cosecha Roja era melodía pero con una sección rítmica que pateaba en la boca del estómago y guitarras que querían cortarte la respiración, o por lo menos se pretendía. Y luego está la voz y las letras de Carlos, que ciertamente son ásperas y de regusto amargo, muy en consonancia con lo que quería ser la música. En serio, es una definición muy acertada.

 

Coincido con Eduardo Ranedo. ¿Cómo es posible que un tipo tan cordial como Rego escribiera aquellas cosas?

– C: No puedo responder a eso. Uno no escoge lo que escribe. No soy capaz de escribir por encargo o fingir un estado de ánimo. Cuando empecé con Viernes y los Robinsones queríamos escribir chorradas como Siniestro Total o los Nikis, pero apenas un par de años después ya no era capaz y supongo que la vida adulta cambia tu visión del mundo. Por supuesto, es mucho mejor que las canciones se queden con la parte amarga, tu vida real lo agradece. Además, aunque las letras estén en primera persona, también te fijas en los que andan a tu alrededor y lo disfrazas.

– J: Hay una frase de una canción del disco que dice: “es duro aguantar el demonio que me anda por dentro”. Pues eso, supongo que lo que está dentro y que, en cierto modo, forma parte de tu vida (aunque eso no quiera decir que ‘sea’ tu vida) sale afuera en forma de canción o, en mi caso, en forma de guantazos y caricias a la guitarra. Otros hacen puenting… Además, conociendo como conozco a Carlos, no todas sus canciones son autobiográficas. Es un observador perspicaz.

 

 

¿Qué os dice que gente como Santi Campos asegure que Carlos Rego es el mejor letrista de nuestro Estado? Curioso que Carlos alabe las letras de Dofo.

– C: Hombre, me parece una exageración, pero me sienta muy bien, porque sé que Santi lo pensaba antes de conocerme y, además, también me dice las cosas que no le gustan. Dofo hizo tres o cuatro letras para el grupo, algunas incluso sin proponérselo, y debería haber hecho más. Seguiré intentando convencerlo.

– J: Coincido con Santi: está entre los mejores. En cuanto a lo otro, Carlos es una persona muy coherente incluso en sus filias y sus fobias, y como toda persona coherente también se permite a veces alguna extravagancia, como ese asunto de mis letras…

 

Aunque los textos tienen una primera lectura muy clara, se pueden ver de distintas formas, como decís de “Vacaciones permanentes”, que hay quien relaciona con el suicidio. ¿Es algo natural a la hora de componer o algo que buscáis intencionadamente? ¿Os sorprenden estas interpretaciones?

– C: No es que hayan sido muy analizadas, la verdad, ni siquiera por mí mismo. Creo que soy bastante claro escribiendo; no me gustan las palabras grandilocuentes, ni que la letra sea lo primero que llama la atención, pero supongo que cada uno oye lo que quiere oír, y me parece bien que así sea.

– J: Yo siempre me fijo mucho en las letras, incluso soy un poco maniático con eso. Las de Carlos me parecen muy sinceras en el sentido de que a pesar de estar trabajadas, buscando sonoridades como si fuesen un instrumento más de la banda, no son nada forzadas y hablan con claridad sin usar el calzador. En cuanto a las interpretaciones, eso nos pasa a todos según el estado de ánimo: siempre entendemos lo que queremos, ¿no?

 

Lo que más sorprende del disco es la unidad que hay en cuanto al sonido y al estilo de las canciones, algo que recordaba más disperso. ¿Siempre hubo una línea clara y no os modificó nada la esencia el trabajo en los estudios de grabación?

– C: Hay que tener en cuenta que el 90% de las canciones están grabadas en el mismo estudio y prácticamente por las mismas personas y técnicos. Además, había una especie de ley no escrita ni hablada para mantener un sonido básico y poco hecho, pero sin llegar a estridencias. Creo, de todas maneras, que la idea original del grupo está en algunas demos previas al primer disco y algún directo más o menos de la misma época. Luego, tras la casete Vacaciones permanentes, tal vez nuestra mejor grabación, hubo un parón y el sonido cambió algo, era menos visceral.

– J: Sí, suena muy homogéneo, aunque verdaderamente hay evolución y diferentes fases en esos casi 10 años. No lo sé, a lo mejor se podría decir que el hilo conductor de todo es el ‘estilo’ Cosecha Roja, aunque no sabría definirlo muy bien si es que realmente existe… En fin, para decir esto mejor que me hubiese callado.

 

Se habla en los comentarios de muchas bandas: The Silos, Wilco, Jonathan Richman, Modern Lovers, Rubinoos, Yo La Tengo, Feelies… ¿Seríais capaces de reconocer alguna canción que haya inspirado alguno de vuestros temas? (Esperemos que no nos lean los afectados).

– C: Muchas de esos que nombras y de muchos más. Quizá no en cuanto a melodías o acordes, pero sí en el estilo o ambiente, y lo reconozco sin problema en las notas del libreto. Lo curioso es que casi nunca eres capaz de copiar exactamente, y en el intento de hacerlo, tus propias deficiencias te ayudan a encontrar tu sonido. A veces te marca más lo que no eres capaz de hacer que lo que sí puedes.

– J: Yo me fijo y me divierte mucho intentar reproducir sonoridades. Por ejemplo, hay una canción, “Pierdo el tiempo”, que siempre dijimos que tenía que sonar como los Feelies. Creo que resulta tan evidente que no necesita más comentarios. La lista de influencias sería interminable y no tengo ningún problema en reconocerlo; es más, me gusta reconocerlo. Hay un cuento espectacular de Sam Shepard en el libro Luna Halcón titulado “Grupo Soñado”, que guarda una cierta relación con todo esto de las influencias desde el punto de vista de un batería. Yo ahora lo que estoy intentando es hacer sonar la guitarra con una Baticao que encontré por casa y en eso puede que sea pionero. O puede que no…

 

En las letras también reconocéis inspiración de Leonard Cohen, John Cassavettes, John Cale, Jim Jarmusch, Big Star, Dixie Cups, Drugstore Cowboy… Veo que no hay problema por reconocer aquello que Bunbury no quiere. ¿No está toda la música hecha de inspiración en canciones ajenas?

– C: Si hacemos música es porque antes escuchamos mucha, y si escribimos, algo habremos leído antes. Nadie crea en el vacío y, hablo por mí, la chispa puede saltar en cualquier lado, incluso en frases mal entendidas o pilladas al vuelo en discos ajenos. El mérito está en hacer tuyo ese material, no en copiar palabra por palabra, aunque si se hace no debería ser un problema reconocerlo. Siempre me tiro el rollo ése de los artistas y los artesanos, y tiendo a desconfiar de los artistas, de los que parecen que se inspiran en el aire.

– J: Siempre, como dije antes, hay alguna inspiración, y esta en libros, canciones, películas, conversaciones, personas, sueños…

 

Una curiosidad. ¿Qué es eso de los derechos de autor llegados desde Colombia?

– C: Un misterio. No es la primera vez que llegan derechos de autor desde Colombia por “Corazoncito”, tres o cuatro euros al año, vaya. Una vez se lo conté a un amigo, le dije que figuraban como derechos por ‘ejecución humana’, y el entendió que ése era el nombre del grupo que la tocaba. La verdad es que me encantaría saber quien anda tocando “Corazoncito” en Colombia.

– J: No sabemos, pero es literal. No creo que sea Shakira o Juanes, porque entonces el cheque tendría ceros. En todo caso, si no es así, en la SGAE sabrán por qué.

 

¿Hasta qué punto tendría que endeudarse cada uno de vosotros para dejarlo o qué cataclismo tendría que suceder para que dejaseis de componer, grabar y tocar?

– C: No lo sé. Siempre nos las arreglamos para tener algún proyecto en marcha, por pequeño que sea, y no hay nadie que hable de dejarlo. Si cualquiera de nosotros lo dejara ahora, sería casi imposible reemplazarlo; de hecho, siempre adaptamos nuestra agenda a la disponibilidad de todos los miembros del grupo. Supongo que mientras haya canciones y no nos peleemos en el local…

– J: Siempre les digo a los demás que cada día tengo más ganas de tocar, que debería ir al médico. Además, no me veo tocando con nadie más, por lo que si las circunstancias hacen que tenga o tengamos que aparcar todas esas cosas que tenemos marcha, probablemente me dedique a hacer canciones de folk-raro, que está tan de moda.

 

Muchos pensamos que Burgas Beat no es más que Cosecha Roja con otro nombre. ¿Compartís la idea? ¿Por qué el cambio de nombre? ¿Ha tenido más suerte hasta ahora la nueva aventura?

– C: La idea no era ésa. Yo en particular estaba harto de un nombre que no llegaba a ninguna parte. El último CD, A plena sombra, no nos quedó más remedio que ‘fabricarlo’ en nuestros propios ordenadores, y me pareció que era hora de cambiar. También de música: utilizar más acústicas, más voces y teclados, dejar la aspereza de la que antes hablábamos. Burgas Beat somos los mismos más un amigo de siempre, así que la reinvención total es difícil, pero creo que nuestro primer disco Ni una sombra en el horizonte, sí suena diferente, y se habló bastante más de él que del último de Cosecha Roja, posiblemente por estar editado en Rock Indiana, una discográfica de prestigio para variar. Lo que sí me parece que ocurrirá es que estos conciertos como Cosecha Roja van a dejar marca en Burgas Beat.

– J: Personalmente nunca estuve excesivamente de acuerdo con el cambio de nombre. Quizás estaba equivocado. En lo que sí estábamos todos de acuerdo era en que queríamos sonar de otra manera, dar una especie de volantazo a la música y a lo que nos estaba pasando. Como decía ese gran filósofo, estamos trabajando en ello.

 

Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota que os sucedió en el tiempo con Cosecha Roja?

– J: Al salir a tocar por ahí siempre pasan cosas. Muchas. Recuerdo una gasolinera fantasma en algún punto entre Ávila y Toledo, con Joe Cocker sonando a un volumen brutal. También recuerdo un fin de semana que fuimos a tocar a Madrid y que al llegar después del bolo al piso vacío que nos dejaba un amigo, no pudimos entrar porque estaba echado el cerrojo por dentro. Era tan tarde que ya ni buscamos cama y dormimos en la furgoneta cerca de la Casa de Campo. Luego supimos que el piso se estaba reformando y que el fontanero o electricista llevaba a sus amigas a pasar la noche y, por supuesto, ni se le ocurrió abrirnos. Recuerdo una entrevista de madrugada en una radio pirata de Talavera de la Reina, donde reivindicamos el origen galaico de ‘Talaveira da Raíña’. También un bolo en Gijón en un after, con la sala abarrotada y la gente pegada al escenario… ¡pero de espaldas a nosotros! En fin, muchas batallitas, que ya somos mayores.

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