CHEIKH LO

Cheikh Lô, la voz del Oeste africano

    

        Bambay Gueej (Bamba, océano de paz) es el segundo disco del senegalés Cheikh Lô, después de su excepcional primer disco Ne La Thlass de 1996. Estos nueve temas, coproducidos por Nick Gold y Youssou N’Dour, se han grabado en el estudio Xippi que tiene Youssou N’Dour en Dakar, con grabaciones adicionales efectuadas en La Habana y Londres. 

          De nuevo Cheikh Lô trabaja con una voz todavía más dulce, al tiempo que su grupo N’Diguel, radicado en Dakar, se ve aumentado con invitados tan especiales como son Richard Egües (flauta), Pee Wee Ellis (vientos), Oumou Sangare (voz) y Bigga Morrison (órgano Hammond). 

          “Sí, además de los ritmos mbalax del Senegal, y de las inflexiones latinas y la intensidad espiritual del primer disco, ahora puedes encontrar sonidos oriundos de Burkina Faso, Malí y Zaire, así como influjos de Cuba, toques reggae y funk africano”. 

          Pee Wee Ellis, que fue saxofonista y arreglista de vientos de James Brown y que actualmente es director musical del grupo de Van Morrison, se enamoró de la música de Cheikh Lô a primera escucha. La llegada de Pee Wee a las sesiones de Dakar fue toda una revelación. “Los arreglos que aporta Ellis, sobre todo al tema que da título al disco, “Bambay Gueej”, que incluye también el órgano Hammond de Bigga Morrison, de Aswad, y un espontáneo homenaje vocal a Fela Kuti, añaden una nueva dimensión a la mezcla”. 

          Lô se educó escuchando música cubana y cita como músico preferido a Richard Egües, que durante años fue el soporte principal de la Orquesta Aragón. “La interpretación que Egües, que tiene ya más de ochenta años, hace en “M’Beddeml” demuestra que su talento sigue sin tener parangón, a la vez que hace realidad mi sueño de contar con él. La conexión cubana aparece también en “Jeunesse Senegal”, con la sección habanera de trompetas en la que participan miembros de Afro-Cuban All Stars”. 

          Lô conoció la música de la diva malinesa Oumou Sangare a raíz de su común relación con el sello británico World Circuit. “Nos conocimos en Sudáfrica en 1997, con ocasión de la entrega de los premios Kora, donde obtuve el galardón al artista revelación. Cuando compuse “Bobo-Dioulasso”, que tiene letra en lengua bambara y que está dedicada a mi ciudad natal en Burkina Faso, pensé enseguida en ella para el dúo”. 

          Además, Lô es una persona muy espiritual y este disco se lo dedica a Cheikh Amadou Bamba, fundador de la principal hermandad musulmana de Senegal, el mouridismo. “El último tema del disco, “Zikr”, con Youssou N’Dour haciendo coros, es una adaptación de un canto tradicional de los Baye Fall, la rama del mouridismo que sigo”. 

      Esta variedad del islam, específicamente senegalesa, hace hincapié en el trabajo y en la dedicación a su fundador Cheikh Ibra Fall. Las trenzas y las ropas de retales de colores que llevan los Baye Fall han encasillado a Lô, incluso en Senegal. “Me encanta el reggae -explica- y me he pasado mucho tiempo escuchando a Bob Marley y a Peter Tosh, e incluso he tocado un tema titulado “Babylon”, pero no soy un artista reggae”. 

      Los ritmos mbalax, que inicialmente fueron un tipo de tamborileo y danza destinado a las fiestas wolof, son la base de la música de Cheikh Lô. Lo fundamental son su voz solista, la guitarra acústica, los tambores sabar, el tama (tambor africano grave) y la flauta, con la textura añadida de los teclados y la batería. 

      El músico, de padres senegaleses, nació en 1955, en la pequeña localidad de Bobo Dioulasso, situada en Burkina Faso, no muy lejos de la frontera con Malí. “Allí me crié hablando bambara, wolof y francés. Mi padre era platero y descendía de una larga estirpe de marabúes. Ya muy joven me escapaba del colegio para aprender a tocar por mi cuenta la batería y la guitarra con instrumentos prestados. Mi primera guitarra me la regalaron en 1985”. 

          “En mi adolescencia escuchaba todo tipo de músicas, en especial la rumba zaireña, cuyas raíces provienen del son cubano. La música cubana tuvo gran impacto en África en los años cincuenta. Cuando mis hermanos mayores ponían sus discos de 78 revoluciones para bailar “El pancho bravo”, yo era capaz de mover la boca siguiendo exactamente las letras en español, aunque no entendía nada de lo que decían”. 

          Ya en 1985 se marchó a Francia y allí trabajó como músico acompañante en unos estudios parisinos. “Fueron dos años de estudio, dormir y vuelta al estudio. Me encanta la música de Zaire y Camerún, que absorbí en buena medida durante aquella época. Quizá pueda detectarse algo de Papa Wemba en mi forma de cantar”. 

Xavier Valiño

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