CATHY CLARET: Primavera

CATHY CLARET: Primavera (Respect)

 

 

Nacida en el sur de Francia (Nimes), Cathy Claret creció sin padres y fue acogida por los músicos del sur de España, como los hermanos Amador o Kiko Veneno, responsables de bandas pioneras y míticas como Veneno o Pata Negra.

 

Con 20 años compuso y grabó su primer disco, editado en 1987, cantando en varios idiomas e inventando de paso, junto a sus dos siguientes discos, un sonido mezcla de flamenco con canción francesa, pop luminoso y bossa nova que se dio en conocer como ‘flamenco gypsy’ o ‘pop canastero’.

 

Su música se convirtió en un gran éxito en Japón antes de la existencia de Internet, así que ella –como en la historia de Searching for Sugarman–, no se enteró hasta hace poco. En aquel país la llamaron ‘La Diva de los Susurros’ (‘Queen of Whisper Voice’), encabezando toda una corriente de imitadoras denominada ‘Shibuya-kei’, de la que tampoco tenía noticias. Condenada al ostracismo por las discográficas españolas, en 2018 Cathy Claret recibió una llamada de una discográfica japonesa, gracias a la mediación de una fan nipona, que le ofrecía grabar un nuevo disco, Primavera, solo editado allí pero que por suerte podemos escuchar gracias a las plataformas de reproducción musicales en Internet (aunque, ojo, hay que buscarlo por su nombre, ya que en algunas los títulos están en japonés).

 

 

Manteniendo la esencia de su música y su eterna expresión aniñada, la cantante se ha acercado más que nunca al pop con influencias de Serge Gainsbourg, Claudine Longet y las películas italianas de los 60, a lo que suma contagiosos riffs de guitarras eléctrica creados con la colaboración del argentino Esteban García, colocando más que nunca antes la voz en primer plano.

 

Son diez canciones nuevas que hablan de los momentos complicados de la existencia de una persona libre, y que se completan con la recuperación de dos de sus temas más conocidos (“Bolleré”, su mayor éxito, que llegó a interpretar B.B. King, y “La chica del viento”), en un álbum encantador que podemos disfrutar gracias al Lejano Oriente y que debería avergonzar a nuestra inepta industria musical.

 

 

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