LOS ESPECIALISTAS

Los Especialistas, ritmos calientes

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Puede que sean demasiado arriesgados para llegar al gran público, pero se han paseado por todas las listas y varias compañías durante los 90 para hacer llegar sus canciones a todos. Ahora, con Un pez en mi maleta vuelven a  intentar que a la gente le lleguen los ritmos latinos y africanos, utilizando, a la vez, más ritmos electrónicos e instrumentos acústicos. Leer más

ULTRASÓNICA 1999 ENTREVISTA CON MACACO

ULTRASÓNICA 1999 ENTREVISTA CON MACACO

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ENTREVISTAS 1999


Macaco, suburbio rumbero

 

 

   Son uno de esos pocos grupos con enjundia dentro del manido universo del mestizaje, ese sobadísimo término que se suele esgrimir para hacer referencia a la fusión latinizante y caribeña. Fronterizos por naturaleza, Macaco se forjaron en la zona portuaria de Barcelona y están liderados por Dani Carbonell, un catalán de 28 años que, con el apoyo de músicos de Argentina, Brasil y Colombia, ha concebido El mono en el ojo del tigre, su primer disco.

 

            En su onda anda funcionando últimamente una nueva hornada de grupos que hunde sus raíces y sus más claras influencias en el trabajo de Manu Chao con Mano Negra a finales de los 80 y principios de los 90: Sargento García, Amparanoia, Color Humano, P18, King Changó, Dusminguet, General D…

 

   En este trabajo, con el que debuta con el sello Edel, con derrote rumbero y suburbial, a partir del reggae, el ragga y el dub jamaicanos, apuntan latidos de son, salsa, hip-hop y aires morunos y bahianos. El Macaco Dani, de lleno en una gira interminable desde que se editó su disco, comenta su relación con David Byrne y de sus colaboraciones con Robert Trujillo, 7 Notas 7 Colores, Amparanoia o King Changó, buenos amigos desde que lo conocieron.

 

¿De dónde viene lo de Macaco? ¿No seréis el eslabón perdido de lo mestizo?

– Tiene algo de broma. El nombre viene de largo, de cuando tocaba en grupos como Magia Animal o Dr. No, que hacían una mezcla de hardcore, punk y funk. Había temas en los que me movía como un mono, saltando, chillando y haciendo ruidos sin parar. Se podría decir que también nuestras canciones son inquietas y saltan de un ritmo a otro como un mono.

 

Al principio no parecíais una banda estable. Se os solía asociar con Amparanoia, ¿no?

– Les hemos teloneado muchas veces, aunque la verdadera conexión viene a través de Muñeco, el percusionista que está ahora con Amparo y que antes tocaba conmigo. Ahora es su compañero y el padre de su segundo hijo. Casi se podría decir que hemos sido sus celestinos. Amparo es como de la familia, nos conocimos en una fiesta en Formentera. Me animó a montar una banda. Y después nació nuestro colectivo, Hermandad Chirusa, y coincidimos en Francia con Manu Chao…

 

Y acabaste juntándote a músicos brasileños, colombianos y argentinos.

– Sí, somos un grupo típico del puerto de Barcelona. Vivíamos más de diez músicos de países diferentes en una casa antigua que se alquilaba por habitaciones. Allí había también artistas alternativos, gente que hacía teatro de calle: era como una factoría en la que pasé cuatro años.

 

¿Estáis cómodos en el cajón de sastre de lo mestizo?

– Sí, aunque creo que nos diferenciamos un poco de los grupos a los que nos suelen asociar. Conocemos a Dusminguet, Amparanoia, Color Humano y demás y, aunque hay cosas de percusión comunes, creo que tenemos más influencias. No me gusta demasiado el término mestizaje, se abusa tanto de él que ya casi no tiene ningún significado.

 

¿Y qué hacéis colaborando con Rober Trujillo, de Suicidal Tendencies?

          – Es que, ante todo, somos abiertos. Le conocí en Dinamarca, cuando yo estaba de gira con Dr. No, y hablamos de hacer algo juntos. De una de las maquetas que me mandó saqué un bajo real y lo utilicé en el tema “Llamar a Tierra”. Las demás colaboraciones son más normales.

 

Se dice que os va a remezclar David Byrne…

          – Sí, les dijimos a los de nuestro sello discográfico, Edel, que le mandaran la maqueta del disco, porque nos gustaba lo que había hecho en su sello con gente como Chico Science, el brasileño que lideraba Naçado Zumbi y que murió en un accidente. Debe de haberle gustado, porque parece que va a remezclar “Veraveraboom”. Además, así ha surgido la posibilidad de remezclar dos temas del nuevo disco de King Changó.

 

Xavier Valiño

ULTRASÓNICA 1999 ENTREVISTA CON ELVIS COSTELLO

ULTRASÓNICA 1999 ENTREVISTA CON ELVIS COSTELLO

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ENTREVISTAS 1999


Elvis Costello, sucesos inesperados

 

 

          El compositor más completo del pop posterior al punk está feliz. Tiene motivos. Painted From Memory, su sedosa colaboración con el mítico compositor Burt Bacharach, consiguió el consenso crítico y comercial. Y, ahora, una de las canciones de aquellas sesiones, la adorable balada “She”, ha trepado a lo alto de las listas británicas tras ser incluida en la banda sonora de Notting Hill. El éxito ha sido tal que ha provocado la edición de The Very Best Of Elvis Costello, un disco esclarecedor que repasa su versátil carrera.

 

          Elvis tiene mucho que contar. Pocos han retratado con tanta amargura la vida cotidiana en el Reino Unido y los recovecos del alma humana. Desde 1977, cuando Nick Lowe le produjo My Aim Is True, Costello ha dado retorcidas piruetas musicales y derribado todo tipo de barreras estilísticas. Sus más de veinte discos se identifican con la new wave, el pop sofisticado, el soul, el country, el folk, el jazz o la música de cámara, un universo que conoce bien gracias a sus colaboraciones con el Brodsky Quartet y su actividad como organizador del festival Meltdown.

 

          Por si fuera poco, ha actuado con personalidades tan dispares como los Chieftains y Count Basie, ha compuesto para la Filarmónica de Londres, producido a decenas de artistas, colaborado con Paul McCartney o el guitarrista de jazz Bill Frisell, cantado con el mismísimo Tony Bennet y disfrutado con las interpretaciones que los artistas más variados han hecho de su material. Todo esto al margen de sus múltiples trabajos para películas.

 

          Rara vez se repite: la industria lo sabe, y por eso disfruta de un contrato innovador con Mercury que le permite editar discos en varios sellos de la multinacional en función del género que explore. Habla quien ha logrado el milagro de desbancar a Ricky Martin con una canción de Charles Aznavour.

 

¿Este éxito te ha pillado por sorpresa?

          – Bueno, he tenido bastantes éxitos en mi carrera, aunque éste ha llegado en un momento especial. Pero el éxito no es nunca un problema, te acostumbras rápido a él. El problema es que tus discos no sean suficientemente buenos o que la gente se acostumbre a ti y dejes de sorprender. Sigo teniendo como máxima hacer siempre cosas diferentes. Me gusta el riesgo, la aventura. ¿En qué sentido decías lo del éxito?

 

Bueno, no debe de ser fácil triunfar en el Reino Unido con un viejo terna de Charles Aznavour…

          – Sí, sobre todo porque ese tipo de canciones suelen estar vetadas en la radio. Estamos llegando a un punto en que la mejor música es un poco rara. Es comprensible: se trata de vender, como ocurre con cualquier otro producto. Todo tiende a ser joven, fresco, instantáneo, brutal e inofensivo. Con el tiempo, los artistas veteranos nos convertirnos en una especie de viejos cuadros que sólo puedes ver si vas a un museo o a un lugar concreto. Y eso nos beneficia en parte, porque el arte siempre ha estado en reductos. Así que no deja de ser un poco delirante que una canción de Aznavour suene a todas horas en la radio. En cualquier caso, creo que el público está ahora más preparado para aceptarme como baladista que hace quince años.

 

Sí, parece que tu música se ha vuelto más sofisticada, madura, compleja…

          – Bueno, durante los últimos años he estado más inmerso en la música. Cuando comencé, la letra marcaba de alguna manera la pauta. Ahora dejo que la música fluya. Creo que comencé a trabajar así a mediados de los 80, con canciones íntimas y armónicas que tenían el color en los arreglos. Esa faceta más experimental me ayudó mucho. No diría que mi música se haya hecho más compleja, sino más musical. En las últimas cinco semanas, he hecho unas 17 canciones nuevas. Algunas han quedado sofisticadas, pero no era mi intención. No trato de ser complejo.

 

¿Se te ha quedado pequeño el pop?

          – No, en absoluto. Sigo admirando su carácter pasajero y desechable, de igual manera que veo la música clásica como inmortal. Todo es cuestión de lo que consideres una composición pop. Para mí, lo que he hecho con Burt Bacharach es pop, y yo no diría que sea nada simple. El pop puede ser pobre si se limita a un simple acorde o un riff rockero, a un beat de baile o una balada melódica. Pero se debería promover una visión más amplia. El pop no es sólo Britney Spears, Offspring, Puff Daddy o Ricky Martin; es mucho más que los que tienen éxito y las malas copias que les siguen. Eso abunda demasiado. Hay que buscar un lenguaje amplio, para todo el mundo, y seguir llamándolo pop. La riqueza de la música no está representada en la radio y la televisión de hoy.

 

¿Qué te ha reportado tu trabajo con el compositor Burt Bacharach? ¿Fue difícil el colaborar con uno de tus ídolos?

          – Ha influido, sobre todo, en mi forma de componer. Me ha hecho concentrarme y tener más en cuenta los detalles. Nunca antes los había cuidado tanto. Ahora trato de adoptar ese enfoque cuando compongo para mí. A veces me costó superar la barrera de la admiración pero, luego, Burt me ayudó a desprenderme de la impaciencia del pop. De él aprendí que, como en la vida, la pasión y el drama pueden llegar poco a poco.

 

Tu lista de colaboraciones es interminable. ¿De cuáles estás más orgulloso?

          – En un primer momento, algunas me han parecido un sueño. Como cuando fui invitado a cantar con Tony Bennett y Count Basie o cuando, habiendo sido de niño un gran fan de los Beatles, me llamó Paul McCartney. Esos nombres llaman más la atención, pero he trabajado con otra gente no tan conocida que me ha enriquecido más. No sabría destacar un nombre.

 

¿Te ves reflejado en este disco de Grandes éxitos?

          – No tengo esa perspectiva tan periodística. No creo que ni siquiera las trescientas canciones que he compuesto me retraten por completo, así que me he limitado a escoger los temas relevantes en mi carrera. Sólo he supervisado la edición doble británica, porque en el resto del mundo el disco será sencillo. Preferían sacarlo por un precio más razonable, ya sabes. Obviamente, no es tan completo, no tiene tantas canciones de los años 80, pero creo que la selección es bastante buena.

 

¿Va a ser acústica tu próxima gira?

          – Sí, parecida a los conciertos que hice en Barcelona en mayo. Creo que será mi último tour de este tipo en un tiempo. Estaremos en España de nuevo. La última vez me dio pena no hacer más fechas, aunque es el país donde más ciudades he visitado.

 

¿No piensas volver con los Attractions?

          – Tras el próximo disco, me gustaría tocar las viejas canciones con una sección rítmica, pero no con los Attractions. Aún no sé cómo será. No tiene que ser necesariamente una banda de rock: no quiero trabajar sólo con el volumen sino también con el ritmo, que ha sido la última prioridad en mi música reciente.

Xavier Valiño

ULTRASÓNICA 1999 ENTREVISTA CON MUS

ULTRASÓNICA 1999 ENTREVISTA CON MUS

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ENTREVISTAS 1999


Mus, melodías para conciliar el sueño

 

 

         Fran Gayo y Mónica Vacas están hechos de otra pasta, eso está claro. Lo suyo es una sorprendente anomalía en el pop patrio. En el tiempo que va de los Eps Zuna y Pigaz al LP Fai han transitado por la senda del trip-hop y la de las nanas tradicionales. Eso sí, ni mentarles aquello de las bandas sonoras.

 

¿Es cierto que Fran grabó sólo las dos primeras maquetas y que más tarde apareció Mónica?

         – Sí, la cosa empezó así, con dos maquetas de instrumentales que tuvieron reseñas muy positivas en Rock De Lux y Spiral, a veces incluso excesivas, un poco salidas de madre. Para la grabación de la tercera maqueta ya empezamos a probar a incluir voces y nos pareció que todo ganaba en personalidad, las canciones se redondeaban más.

 

¿Qué había en aquellas dos maquetas? ¿Alguna canción acabó en los discos?

– Las dos primeras, las más, digamos, trip hop o abstractas, se quedaron en eso, dos maquetas para los señores críticos y para la gente que me llamaba (Fran) por teléfono y me la pedía contrarrembolso. Ningún tema fue recuperado en los discos. De la tercera maqueta se recuperaron prácticamente todos los temas para Zuna, aunque vueltos a grabar en los estudios Bunker.

 

¿En qué momento Mus se convierte en algo real?

         – Posiblemente en el momento en que Jesús Llorente nos propone grabar algo para Acuarela. Ahí es realmente donde empezamos a medir cuánto hay de realidad y cuánto de jugueteo en el que no merece la pena perder mucho más tiempo. Es una sensación rara que asusta un poco: nunca has tocado en directo, poca gente te conoce y, de repente, tienes que meterte en un estudio de grabación. De todos modos, con cada nuevo paso todo se hace más real, el primer EP porque es el primer disco que grabas, el segundo porque es el previo al LP, el LP porque es donde debes confirmar los augurios…

 

¿Ya nació Mus usando las bases electrónicas y con ese concepto?

         – No nació con ese concepto, más bien nació DE ese concepto. Cuando comencé a jugar con los programas de la SB16 de mi ordenador lo hacía igual que podría haberme dedicado a pasar más y más pantallas con el Duke Nuke o cualquier otro juego. La falta de conocimiento condicionaba de manera definitiva la estructura de las canciones, de ahí la obsesión repetitiva en los primeros temas, los ritmos quebrados. En realidad, nunca llegas a saber dónde acaba la incapacidad propia para manejarte y dónde comienza lo sencillamente distintivo de un estilo personal.

 

¿Sería posible una aventura así con instrumentos convencionales?

         – Cada vez tenemos más claro que sí. De hecho, en Fai tanto los teclados como violines, bajos o guitarras han cobrado protagonismo. Aun así, el trabajar con muestras permite que a veces salte la sorpresa: una muestra mal disparada, colocada en el sitio inicialmente incorrecto, puede conducirte a veces a un arreglo que nunca se te ocurriría de modo consciente y premeditado.

 

¿Y el gusto por la música tradicional vocal de dónde viene?

         – Es la música que conoces desde crío, no desde la elección personal, desde el gusto, sino desde la convivencia con ella, igual que convives con un vecino o familiar con el que no tienes por qué llevarte especialmente bien. Más tarde aprendes a valorar ese tipo de convivencia que dan los años y te das cuenta del verdadero valor que toda esta música que has aprendido a través de tus mayores, y no de las emisoras o revistas de moda, tiene en tu vida.

 

¿Qué significan Zuna y Pigaz, títulos de vuestros dos primeros Eps?

Zuna es un tipo de vicio o costumbre que sale a los animales cuando los maltratan, que se hacen hoscos… Más o menos, aunque no es exacto del todo. Pigaz es una palabra que en realidad no existe en asturiano, o casi. Es una especie de apócope de la palabra pigazu, que viene a ser siesta en asturiano. La sonoridad a veces viene dada por errores propios y también por limitaciones. La sonoridad es un resultado de todo, lo negativo y también lo positivo, fallos y aciertos. Y para dar ese resultado cuentan también las limitaciones de trabajar con -pocos- instrumentos electrónicos.

 

¿Es Acuarela el sello estatal más propenso a editar músicas con un componente más arty, como Diariu, Jr. o vosotros mismos?

         – Aún hoy, a tres años vista de haber fichado por Acuarela, no comprendemos el término arty, al menos aplicándolo a nosotros. Hemos procurado huir siempre de la cita directa, del guiño intelectualillo. Si hemos necesitado un sampleado en francés para un tema nos ha dado exactamente igual que sea de una película de Jacques Rivette, de Louis de Funes o de un noticiario; el caso es que cumpliese bien su función, sin ir más allá. Lo que sí nos parece Acuarela es un sello con especial querencia por jugarse los presupuestos con grupos más bien difíciles, aunque de buena prensa. Y eso es loable, aunque supongo que no muy rentable.

 

¿Compartís la opinión de Jesús Llorente en el sentido de que las propuestas más interesantes llegan de Asturias y Barcelona?

         – Bien, no lo tenemos muy claro, pero si efectivamente fuese de ese modo tendría una lectura muy diferente el hecho de que parte de los grupos más interesantes del estado pertenezcan a una “megalópolis-ultra-moderna” como Barcelona, o a una ciudad pequeñita, con unas características socio económicas muy determinadas, no muy propensa a la introspección, como es Xixón. En el caso de Barcelona no deja de tener su lógica: siempre están a la última en todo y da la sensación que son siempre los primeros en cambiar de asiento cuando va a haber un cambio de moda o tendencia. En Xixón, evidentemente, eso no sucede.

 

¿Aceptaríais componer la banda sonora de una película?

         – Quizás, pero tampoco tenemos especial interés en ello. Hay compositores que se dedican exclusivamente a esta labor, profesionales que realmente cumplen en ese tipo de encargos. La mayoría de las veces en que se encarga una banda sonora a un grupo no muy acostumbrado a estas lides los resultados no suelen ser ideales. Ahora mismo se nos ocurre la poco lucida colaboración de Orbital con Michael Kamen en Even Horizont.

 

¿Qué os parece que hablen de vuestras canciones como banda sonora de una película imaginaria?

         – La verdad, es una línea de texto que, de tan recurrida, empieza a perder gracia. Es algo que nos resulta ajeno y, supongo, debería preguntársele por ello más a los críticos que a nosotros dos. Al fin y al cabo, es algo un poco fruto de su imaginación y no de la nuestra. Sí es cierto que nos interesa recrear ambientes con nuestra música, y que nos parece estupendo que nuestra música se ponga de fondo para hacer otras cosas, todo tipo de cosas, pero de ahí a firmar una vinculación con el tema de las películas imaginarias…

 

¿Y que se mencionen nombres como Barry Adamson, Portishead, Spiritualized o Angelo Badalamenti es un halago o un lastre?

         – Son nombres todos ellos que admiramos muchísimo, y que se los mencione como referente es todo un orgullo. Está bien tener influencias y sobre todo reconocerlas, siempre que esto no te lleve a mimetizarte de manera escandalosa.

 

¿Sigue siendo aquello de ‘canciones para conciliar el sueño’ la mejor definición del sonido de Mus?

         – Desde luego, nos gusta mucho más que lo de las películas imaginarias. De hecho en la estructura del Fai todos los tempos se van ralentizando progresivamente para acabar dando con esa especie de antídoto contra el insomnio que es “Sebastián”.

 

¿Sois conscientes de hasta donde podéis llegar con vuestra música, de las cuerdas sensibles que podéis tocar en la gente?

         – Es difícil hacerte una idea de eso. Estamos hablando del papel que el oyente juega en la música, algo que escapa a nuestro control, aunque a veces nos permitamos algún truco fácil a base de crescendos, cuerdas, etc. De alguna manera, es más mérito de quien escucha el disco.

 

Me imagino que vuestra propuesta es casi irreconciliable con el directo. De todas formas, ¿pensáis hacer algún concierto?

         – De momento no. Suponemos que a base de una buena inversión podríamos llevar esto al directo, contratar músicos, adaptar las canciones al directo… Pero serían demasiados esfuerzos para algo que no tenemos claro que merezca la pena.

Xavier Valiño

ULTRASÓNICA 1999 ENTREVISTA CON ENRIQUE BUNBURY

ULTRASÓNICA 1999 ENTREVISTA CON ENRIQUE BUNBURY

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ENTREVISTAS 1999


Enrique Bunbury, contracorriente

 

 

         Enrique Bunbury era famoso en medio mundo antes de que en España se le respetara mínimamente. Creció en público, tropezó y se levantó bajo los focos: los errores y los aciertos han sido asumidos con coraje. Otros se habrían creado un caparazón de indiferencia ante críticas y maldades varias. Enrique es esencialmente bueno y cree en comunicarse, en aclarar malentendidos, en explicarse, en desatascar oídos llenos de prejuicios.

 

         Con Enrique Bunbury se puede hablar de música. De la suya y de las de los demás. Frente al estereotipo del rockero español, que -ay- no oye otra música que la que le regalan en su discográfica, Enrique es un voraz comprador de discos, un selectivo explorador de fronteras, un paladeador insaciable de canciones y sonidos, que ahora presenta su segundo disco en solitario, Pequeño.

 

Enrique, hablemos de Pequeño.

         – El título estaba claro desde antes de empezar a grabar. Radical Sonora tenía una producción compleja que terminó apoderándose de las canciones: en Pequeño, ellas mandan. Es un disco poco pretencioso, con canciones de vocación popular. Algo que envidio de Manu Chao es que va a cualquier rincón del mundo y, si le preguntan que tipo de música hace, puede tocar los temas de Clandestino con una guitarrita.

 

Así que Pequeño supone la búsqueda de la sencillez…

         – Sí. Aspiraba a un sonido mediterráneo, a unas canciones populistas y callejeras. Radical Sonora se oía de maravilla con unos auriculares caros; Pequeño se puede disfrutar hasta con un radiocasete barato.

 

¿Y las letras?

         – Hay mucho de introspección, de buceo en recuerdos de mi infancia. No por nostalgia; lo que me interesa es volver a sentir la existencia del niño.

 

¿Cómo fue el proceso de grabación?

         – Primero fueron unos meses de preparación en Zaragoza y luego vino la grabación en El Cortijo, las semanas de mezclas en el Livingston londinense, las mil y una anécdotas de la confección de un disco a partir de un quinteto básico y docenas de invitados. Por ejemplo, el tema de Bambino, que grabamos justo antes de que llegara la noticia de la muerte de ese rumbero tan desgarrado…

 

Pero también has hecho múltiples colaboraciones.

         – Sí, en esos discos conceptuales coordinados por la revista Zona de Obras, el homenaje a Robert Wyatt, las aportaciones a proyectos teatrales o cinematográficos, las colaboraciones con artistas de mi onda… Aunque ahora está todo aparcado. La prioridad actual es el directo. Conciertos con diez músicos, incluyendo cuerdas y vientos, con el material de Pequeño y reescrituras de piezas de Radícal Sonora. Quiero bautizar la gira como Pequeño cabaret ambulante. Pertenezco a una generación marcada por David Bowie, una generación que siempre ha esperado que los conciertos sean algo más que unos señores tocando, que haya teatro y coreografía, humor y comunicación. Por experiencia propia, sé que la música muy electrónica no transmite tanto como la tocada con instrumentos más convencionales.

 

Hablas entonces de concierto más espectáculo…

         – Claro: las enseñanzas de los cafés cantante o los shows de Broadway son aplicables al rock. Hoy, yo no concibo el rock como una cultura de una edad determinada. Es cierto que antes tocaba para veinteañeros, para gente de mi edad o menor. Pero una vez al año montábamos en Zaragoza un concierto en recuerdo de Elvis. Solían ir más padres y siempre nos decían que les encantaba ver algo que era música pero también espectáculo. Había referencias lúdicas a los trajes, los movimientos, las diferentes estéticas de Elvis. Y aquel todo funcionaba: divertía, conmovía…

 

No hay nada malo en ofrecer un concierto para todos los públicos, me parece…

         – Nada en absoluto. Quiero que mi madre pueda ir a Pequeño cabaret ambulante y se entretenga y se emocione. Mi madre y cualquier madre que tenga un mínimo de sensibilidad. Si acudías a un concierto de Frank Sinatra, nadie te pedía el carnet para ver si tenías tal o cual edad. El rock ganará en grandeza cuando crezca en tolerancia, en voluntad de llegar a todas las edades.

 

Cuéntanos algo de temas como “Infinito”.

         – Se trata de una letra atangada, con algo de ranchera y algo de Tom Waits metido en la batidora. No soy purista a la hora de construir mi dramaturgia.

 

“El extranjero”.

         – Fue concebida bajo la sombra de Emir Kusturica, Goran Bregovic, Zorba el Griego. La letra no tiene dobleces: es una enmienda a la totalidad del nacionalismo excluyente. Ah, la Antigua a la que me refiero como un buen lugar para no morir no es la isla del Caribe, sino la antigua capital de Guatemala, una ciudad que fue arrasada por los terremotos pero conserva la belleza de los tiempos coloniales.

 

“Lejos de la tristeza”.

         – Suena latina pero con esos toques naif de Esquivel. Me ha ocurrido varias veces en este disco que una canción empieza dentro de unos parámetros y, como por propia voluntad, se desplaza hacia otros. Ésta nació cubana y terminó en tango.

 

“Contradictorio”

         – Si alguien quiere entender mí trayectoria, con todas sus contradicciones, basta con escuchar esta letra, que mis seguidores comprenderán a la primera. Se inicia en clave Marvin Gaye y va creciendo hasta un final apoteósico, pelín hortera, tipo Sonido de Filadelfia. Cierra el disco por sus siete minutos de duración y por tener una carga muy positiva.

Xavier Valiño
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