ULTRASONICA ARTÍCULOS 2007 DEVASTATIONS: Yes, U

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2007 DEVASTATIONS: Yes, U

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 2007


DEVASTATIONS: Yes, U (Beggars Banquet-Popstock!)

 

 

         Berlín, de nuevo Berlín. Devastations le deben mucho desde que Blixa Bargeld les organizara unos cuantos conciertos en Europa hace ya unos años. Tanto que, casi establecidos en la capital alemana, los australianos tienen allí su base de operaciones y en esa ciudad han grabado su tercer disco. Aún sin conocerla, se puede apostar a que hay mucho de ella en sus canciones y en los discos que ha inspirado o titulado: el Lou Reed de Berlin, el Bowie de Low o el Nick Cave de The First Born Is Dead -no, no los U2 de Achtung Baby-.

 

Puede que el mundo no necesite más discos oscuros, llenos de desengaños, historias terribles y realidades duras. Pero a algunos no les importa seguir haciéndolos. Tindersticks siguen estando por ahí, también el Nick Cave más reposado -aunque a veces también evoquen los días de The Birthday Party-, pero ahora también hay algo de Portishead y hasta de Roxy Music o Bryan Ferry. Devastations han dejado en su tercer disco su vertiente más rock y han optado por un disco de atmósferas, en el que lo que importa es cómo revestir las melodías para crear ambientes fantasmagóricos.

 

Cada instrumento, incluso cada concesión a la violencia musical -como en “Rosa”- suena necesaria, vital para la razón misma de la existencia de la canción. Cuando llega el instrumental final “Misericordia”, cada nota parece remitir a un estado emocional a la altura del betún, reclamando para su creador -y el oyente- una botella de absenta y un frasco de valium, mientras un sonido de piano queda retumbando en los oídos.

 

Xavier Valiño

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2007 ELLIOTT SMITH: New Moon

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2007 ELLIOTT SMITH: New Moon

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ELLIOTT SMITH: New Moon (Domino-PIAS)

 

 

         Por mucho que lo digan sus amigos y allegados en el amplio libreto que acompaña a esta edición, sus canciones lo desmienten una y otra vez. Ellos aseguran que pasar un rato junto a Elliott Smith podía ser realmente divertido. Sin embargo, sus canciones buscan continuamente, puede que sin pretenderlo, vencer a la muerte a través del arte. Algo complicado, pero que, seguramente, era una de las pocas cosas que le reconfortaba.

 

Tras el lanzamiento póstumo de From A Basement On A Hill, después de su suicidio, se editan ahora otras 24 canciones bajo el título de New Moon, recopiladas por su productor y amigo Larry Crane, y que Smith registró entre 1994 y 1997, en la época de su debut y de los dos discos que le siguieron, Roman Candle y Either/Or, puede que la etapa en la que más seguro de sí mismo se encontraba, antes del éxito de la canción “Miss Misery”, con su nominación al Oscar, y su posterior fichaje por una multinacional. Aquí hay sólo voz y guitarra, con una crudeza, una honestidad y una hermosa inmediatez que no consiguió hacer tan evidente en sus siguientes discos –XO y Figure 8-, con algún detalle más barroco en sus canciones.

 

 

 

Al lado de versiones como el “Thirteen” de Big Star y primeras tomas de “Pretty Mary K” o “Miss Misery”, lo que realmente importa son los textos, que seguramente tenían parte de la clave de lo que estaba por venir. En “High Times” reconoce que “no voy a donde se supone que debo ir, y realmente no quiero ir a ningún sitio”; en “Go By” habla de una situación en la que “vives dentro de tu cabeza asustado de cualquier pequeño ruido”; en “Riot Coming” cuenta que “encontré a una chica en una plaza que me enseñó a matar mis preocupaciones”; un poco como compendio de su forma de sentir, en “New Disaster” inquiere: “Me pregunto qué es lo que buscas en mí, haciendo compañía a este desastre”…

 

Lo mejor de este disco es que, a pesar de ser un lanzamiento póstumo y con canciones que Smith dejó de lado en su momento, encajan perfectamente con el resto de su discografía sin que nadie pueda sentirse incómodo, como sucede habitualmente en este tipo de recuperaciones. Y, probablemente, igual que le ha ocurrido posteriormente a Tim Buckley o Nick Drake, Elliott Smith sea reivindicado durante décadas y con más fuerza incluso que cuando vivía esa vida de la que parecía estar queriendo escapar.

 

Xavier Valiño

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2007 SESENTONES

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ARTÍCULOS 2007


Aquellos maravillosos 60

   

Tras entrar en el siglo XXI, el rock anda ya por su año cincuenta y tantos. Alguna de sus estrellas, de las que más brillan en su firmamento, han pasado ya la crisis de los veinte, la de los treinta, la de los cuarenta, la de los cincuenta… ¡y entran ahora en la de los sesenta! Mal año este 2.007 para algunos viejos rockeros, de esos que nunca mueren. Llegan a los 60. Pero no te creas que les preocupa demasiado: viven cojonudamente de las rentas, la industria les permite -a los escogidos- grabar los discos que les da la gana, se les venera como dioses y alguno hasta tendrá su homenaje este año.

 

 

            No hay problema. Desde sus casas en Suiza seguirán preparando nuevos conciertos y nuevos discos, manteniendo bien vivo el espíritu rebelde del rock’n’roll. Mucho tienen aún que aprender los mocosos esos que empiezan a editar sus discos y así se lo seguirán demostrando, siempre que no haya que parar por alguna inoportuna visita a la clínica.

 

Si en meses precedentes llegaron también a tan estupenda edad Van Morrison, Neil Young, Cat Stevens, Malcom Aclaren, Robert Fripp, John Fogerty, mano-lenta Eric Clapton, Donovan, Patti Smith o la recauchutada Cher, algunos ya han pasado por la experiencia antes, y no parece que eso les haya hecho dejarlo. Como es el caso de los más conocidos, los Beatles, los que viven, claro, empeñados en demostrar que sus maquetas merecen un hueco en la historia y que ponerle música a bocetos de John Lennon era una idea de la leche, tanto que Paul McCartney parece que volverá a aprovecharla este año. O los Stones, embarcados en una nueva gira para poder morir con las botas puestas y batir el récord Guiness de ganancias por dar la vuelta al mundo desde los estadios. De entre ellos, el más joven, Ron Wood, es quien sí celebra su sexagésimo aniversario en este año.

 

  

            Vayamos ya con los que cumplen años en este 2.007. Quien se lleva siempre el gato al agua es el camaleón David Bowie, que celebra su cumpleaños entre homenajes y nuevas biografías, al lado de la bella Omán y viendo como lo mejor de su producción es saqueado y reivindicado continuamente, colaborando con Arcade Fire o TV On The Radio y con nueva película a estrenar. Ya avisó Mick Jagger: "No se puede llevar un par de zapatos nuevos en presencia de Bowie, porque te roba la idea".

 

            El bestia de su amigo Iggy Pop también está de fiesta. Todos los que organizan festivales saben que no hay nada como el torso desnudo de la Iguana para vender entradas y tener garantizados unos minutos en la tele, y el simpático Iggy Pop cumple cantando una vez más cualquiera de sus ¿éxitos? como si de un karaoke se tratara. Pone la misma entrega que si tuviera veinte años, o casi, que para eso está su hijo de mánager, esperando a colocarle la bata blanca y ayudarle en caso de desfallecimiento. Además, para contribuir a la celebración, prepara disco de regreso con los Stooges después de 34 años.

 

 

             Tampoco se libra Reinald Kenneth Dwight. ¿Qué quién es ese tipo? El del peluquín, claro. Elton John, que, tal y como se podía esperar en  época de plena reivindicación propia, colocó en el mercado el año pasado un disco que pretendía recuperar lo mejor de su producción en los 70, aunque no estuviera a la altura. Al menos nos olvidamos por un momento de la excusa de la muerte de alguien de la realeza para convertir una canción suya en el single más vendido de todos los tiempos.

 

            Vamos ahora con los pesos pesados. El primero es el Bonnie Tyler masculino, más conocido como Meat Loaf -cacho carne-. En su caso, lo más lógico sería darle un aire melodramático a tan señalado acontecimiento, colaborando de nuevo con su pareja artística Jim Steiner y pegando los gritos de rigor. A modo de saga cinematográfica, eso es exactamente lo que acaba de hacer, aunque no con su productor de toda la vida, reapareciendo con la tercera entrega del Murciélago salido del infiernoBat Out Of Hell– sin que le preocupase lo más mínimo.

 

            En el caso de Ian Anderson, de los añejos Jethro Tull, eso parece más impensable, pero cualquier día saca la flauta del empolvado estuche en el que la pasea por medio mundo -al tiempo que visita piscifactorías, ya que es un reputado empresario del sector-, y nos entrega un segundo Thick As A Brick. Recuerda que ya tuvimos unas segundas y terceras Tubular Bells, así que no tiene que ser tan complicado.

 

            Algunos no lo tienen tan claro. El héroe de la guitarra Brian May no encuentra su acorde desde que Freddie Mercury se fue. Seguro que aún queda alguna grabación inédita y así podría explicar otra vez la historia de Queen o montar otro musical, con o sin nuevo vocalista. Algo similar sucede con Santana, que aparece de vez en cuando… acompañando de un montón de gente que contribuye a que el mexicano no llegue con problemas de saldo a la jubilación.

 

 

Marianne Faithful está refugiada de nuevo en la campiña irlandesa, un tanto al margen del circo rock, aunque su lucha contra el cáncer seguro que la mantiene alejada de los escenarios y las grabaciones durante una temporada. Mientras Florian Scheneider, componente de los inventores del techno Kraftwerk, sigue paseando aquellas canciones que los hicieron inmortales en los 70 por los escenarios más ‘cool’ del planeta, dejando claro que son incapaces de aportar ya nada nuevo al mundo de la electrónica.

 

Otros que siguen de giras por los escenarios, entre las que se cuenta su reciente primera actuación en España, son los Eagles. Cuatro de sus componentes celebrarán así su aniversario, entre ellos Don Henley o Joe Walsh. Probablemente otro de los que está de celebración este año, Brian Johnson, cantante de AC/DC, se pavonee de nuevo sobre las tablas, aunque más difícil será ver en esa situación a otro sesentón, Jeff Lyne, de la Electric Ligh Orchestra.

 

 

            Quedan para el final los segundones. Ry Cooder vive de tocar en los discos de todo el mundo y de aliarse con distintos amigos de los cinco continentes, aunque anuncia también nuevo álbum para tan señalado año. Y Dave Davies, irreconciliable con su hermano Ray y The Kinks, debería empezar a pensar en volver al redil familiar. No le queda demasiado tiempo.

  

 

Los que no llegaron a la cita

 

            Puede que por eso su leyenda siga intacta. Algunos de los auténticos pioneros han dejado su huella en la historia del rock pero, por diversas causas, no han llegado hasta el 2007. En este año hubieran cumplido 60 años, y algunos de los que si han tenido esa suerte pactarían con el diablo o darían toda su carrera por gozar del respeto que tienen los que ahora siguen. Vamos allá.

 

 

            Últimamente todo el mundo recuerda a Gram Parsons, el auténtico precursor del country-rock, comandando The Byrds y The Flying Burrito Brothers. Sus dos únicos discos en solitario G.P. y Griveous Angel son reivindicados una y otra vez desde entonces. Apareció muerto en el 73 en un desierto cercano a Los Ángeles, con restos en su sangre de morfina, cocaína y alcohol. Su amigo Phil Kaufman robó su féretro días después y quemó sus restos junto al Joshua Tree, el mismo que dio título a aquel disco de U2.

 

            Tim Buckley no lo contará tampoco: después del fracaso comercial fue taxista, conductor para Sly Stone y acabó muriendo en el 75 después de confundir una dosis de cocaína con heroína. Y aunque su hijo Jeff Buckley se convirtió en el más digno de los herederos de los músicos rock del pasado, tampoco llega a esta fecha, ahogado en el Mississippi hace ahora 10 años.

 

 

           Marc Bolan estaba más en la onda del espectáculo, al menos con su época glam al frente de T. Rex. Antes había editado interesantes discos en solitario con títulos tan increíbles como Mi gente era hermosa y tenía el cielo en el pelo, pero ahora son felices por llevar estrellas en la frente. Murió en el 77 cuando el coche que conducía su novia Gloria Jones se estrelló, pero sus guitarrazos siguen aún bien vivos en la memoria y los discos de muchos.

 

            Menos extraño es saber que Keith Moon no haya llegado a este siglo con vida, dados sus excesos y la leyenda que le acompañaba. Mejor así: no pudo estrellar más Rolls Royce en las piscinas de los hoteles y Pete Townshed no pudo recriminarle nunca más la sordera que le causó una traca de explosivos que metió en su batería en una actuación televisiva.

 

 

Warren Zevon no tuvo siquiera ese éxito, y aunque colaboró con sus amigos de REM en el proyecto Hindu Love Gods y a pesar de que en su último disco, grabado mientras moría de cáncer, colaboraron un buen número de amigos famosos, no sirvió de nada. Menos mal que a todos nos suena aquel "Hombres-lobo de Londres" (“Werewolfes Of London”) -y que, no, no tiene nada que ver con una canción de La Unión-

 

            Steve Marriot, al frente de los Small Faces, fue la imagen de los mods auténticos, frente a los reciclados Who que la adaptaron por indicación de su mánager. Adeptos a las anfetaminas y al soul negro, pasaron del salvaje rhythm and blues al cabaret pop. Marriot murió en el 91, en un incendio en su casa mientras dormía una borrachera. Nadie es perfecto, que decía el otro.

 

Xavier Valiño

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2007 FLAMING LIPS: UFO’s At The Zoo, Legendary Concert In Oklahoma City

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2007 FLAMING LIPS: UFO’s At The Zoo, Legendary Concert In Oklahoma City

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FLAMING LIPS: UFO’s At The Zoo, Legendary Concert In Oklahoma City (Warner)

 

 

Probablemente queden muy pocos que no hayan visto un concierto de Flaming Lips y, si hay alguien, a menos que haya estado en una burbuja aislado del mundo en los últimos años, sabrá de su espectacular parafernalia en directo. El eco se ha ido extendiendo por los cinco continentes hasta llegar a ostentar, sin excesiva competencia, la aureola de banda más entretenida en sus espectáculos.

 

Tras casi veinticinco años de trayectoria, se edita por fin el primer DVD de la banda de Oklahoma. En directo, claro, porque para documentar su carrera ya está el brillante documental The Fearless Freaks que se ha podido ver en algunas pantallas del Estado, cortesía del Festival In-Edit, y que es fácilmente localizable para su compra.

 

“Es como la Navidad”. Así describe uno de los asistentes el concierto que la banda dio en el zoo de su ciudad natal el año pasado. Y no es que los alucinógenos hayan hecho efecto -aunque puede que también ayuden lo suyo-, sino que lo que acaba de presenciar tiene algo de mágico. Desde que el grupo se presenta en el escenario en un platillo volante -sí, como Parliament, la Electric Light Orchestra o Earth, Wind & Fire hace más de 30 años-, el espectáculo se convierte en una auténtica montaña rusa de la que uno preferiría no bajarse. Más que un zoo, lo suyo es un parque de atracciones, con canciones que van desde Transmissions From The Satellite Heart de 1993 hasta At War With The Mystics del 2006.

 

            Confetis, bolas gigantes, Papas Noeles, sangre en la cara, palomas, Batmans, manos gigantes, los animales del zoo, megáfonos, el Capitán América, miles de globos, cámaras tomando primeros planos de la cara de Wayne Coyne con un títere… Hay tanto que parece que ni el realizador sabe muy bien a qué hacer caso, como si fuera imposible trasladar a imágenes el -relativo- caos de uno de sus conciertos. ¿Rock progresivo? ¿Pop sinfónico? En cualquier caso, uno de los mayores espectáculos del mundo, suficiente para olvidar que “todo aquel que conoces morirá algún día”.

 

Xavier Valiño

ULTRASONICA ARTÍCULOS 2007 T. REX

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T. Rex en televisión: el gurú metálico

“No era un ángel, no era perfecto, pero podía volar”. Así define uno de los invitados a Marc Bolan al principio del documental que se incluye en este DVD recientemente editado. Y después de contemplar las tres horas que en se recogen en T. Rex On T.V., dividida en cuatro apartados, poco más caber decir de alguien que, en lo más alto de su trayectoria, tuvo el mismo grado de devoción que The Beatles.

El primer DVD que se edita de Marc Bolan y su banda en televisión recoge una parte de las numerosas apariciones de T. Rex en la pequeña pantalla, en concreto 43 actuaciones de las más de 120 que todavía existen. Aunque no pretende ser exhaustivo, se han recogido las mejores de las que aún se conservan, tomadas especialmente de la televisión francesa y, sobre todo, de la alemana, que han tenido más cuidado a la hora de salvaguardar su legado musical que la televisión británica.

La primera parte, Ten Greatest Hits, recoge sus diez mayores éxitos entre 1971 y 1974 tomados de distintas grabaciones, desde “Ride A White Swan” hasta “Teenage Dream”, pasando, cómo no, por “Get It On”, “Telegram Sam”, “Children Of The Revolution” o “20th Century Boy”. En esta primera parte se echan de menos más actuaciones en directo, aunque hasta en los playbacks se advierte su carisma y relevancia en la época.

Sin embargo, en la segunda parte, Supersonic y Get It Together, sí que hay abundante material en directo entre las 19 apariciones que se recogen entre 1975 y 1977, incluyendo algunas canciones de un concierto en el Teatro de Wimbledon celebrado el 13 de agosto de 1976, como “I Love To Boggie” o “Laser Love”, y otras de una actuación en el Teatro Royal Drury Lane el 19 de diciembre del mismo año, como “The Soul Of My Suit” o “New York City”.

La tercera parte se compone de otras apariciones televisivas, especialmente una de 1971 en el programa ‘Music In The Round’, intercaladas con entrevistas a Marc Bolan. Sin dejar de ser interesantes, se nota, sobre todo en la primera, que tanto el entrevistado como el entrevistador no se sienten cómodos, subiendo inconscientemente el nivel de tensión en el plató.

Pero lo más interesante de este DVD llega justo al final, con un documental realizado por la BBC en 1997, tal vez el documental definitivo de su carrera, con entrevistas a músicos, colaboradores, amigos… En él se muestra toda su trayectoria: sus inicios en John’s Children, su etapa como dúo en Tyrannosaurus Rex en la órbita hippie -a la que llegaron después de asistir a una actuación de Ravi Shankar-, y su definitiva reconversión al rock en T. Rex, perdiendo aliados por el camino, como uno de sus máximos valedores hasta entonces, John Peel.

En sus 50 minutos quedan perfectamente recogidos su ascensión a lo más alto y su caída a mediados de los 70, criticado por casi todos, gordo, adicto a las drogas y convertido una caricatura de sí mismo, como Elvis Presley en su etapa Las Vegas. A pesar de todo, con la llegada del punk y la emisión de su propio programa en el 76 y 77, Marc Bolan fue recuperado por las nuevas generaciones, encontrando de nuevo la inspiración siendo ya todo un veterano a los 29 años, antes de fallecer en un accidente de tráfico justo un mes después que Elvis.

En el documental, esta vez sí subtitulado en castellano, también se puede ver alguna imagen de aquel sonado incidente de su show televisivo en 1977, en el que Bolan y su colega David Bowie iban a dar a conocer la primera canción que habían escrito juntos, aunque, en el estado en el que ambos estaban, no duró más que 30 segundos, el tiempo justo para que Bolan tropezase con el micro, se cayera del escenario y ambos acabasen tirados por el suelo, antes de que el realizador, avispado él, decidiera urgentemente adelantar un bloque de publicidad. Lo que revelan esas imágenes es que de su programa en televisión aquí no hay nada, por lo que seguramente en algún momento tendremos otro DVD con sus mejores momentos.

En cualquier caso, queda claro que Marc Bolan fue uno de los grandes e imprescindibles artistas del rock de todos los tiempos y este DVD es una excelente muestra de su esplendor en una época en la que T. Rex dominaba las listas de éxitos. 

Xavier Valiño
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