Las Anécdotas de Eurovisión

CAMPUS GALICIA ARTICULO ANÉCDOTAS DE EUROVISIÓN

ULTRASÓNICA

ARTÍCULOS 2002


Las anécdotas de Eurovisión

Abba

       El Festival que este año parece será seguido por una gran parte de los españoles es de por sí una gran curiosidad. Monumento al kitsch, guarda en sus 46 ediciones un buen montón de anécdotas para el recuerdo.

– El título más largo de una canción presentada fue el de Alemania en 1964: “Man Gewohnt Sich So Schnell an das Schone”. El título no pareció suficiente al resto de los países: consiguieron cero puntos. 

– En parte de Europa aún creen que el ganador de la edición de 1968 fue Cliff Richard, con “Congratulations”, cuando la verdad es que Massiel venció con “La La La” -palabra repetida hasta 138 veces, el record del Festival-. De todas formas, tampoco le importó demasiado a Sir Cliff, ya que su canción vendió más en todos los países de Europa, ¡incluyendo España! 

– En la selección previa que se hizo en el Reino Unido para escoger su representante en 1969 ganó la cantante Lulú. El que menos votos obtuvo fue… ¡Elton John! 

– En 1974, mientras realizaban la última prueba, los realizadores se dieron cuenta que las bragas de la presentadora, Katie Boyle, se veían a través de su vestido de satén. Unos minutos antes de empezar saltaron al escenario y, ni cortos ni perezosos, se las quitaron de un tijeretazo. 

– El mismo año, Italia retransmitió la ceremonia días más tarde, en diferido, para evitar que su participación tuviera alguna influencia en un referéndum sobre el aborto. El título de su canción: “Sí” 

– También en 1974, los militares portugueses tenían planeado un golpe de Estado, y la señal de inicio sería la retransmisión por radio de la canción de aquel año, “E despois do adeus”, de Paulo de Carvalho. Al año siguiente, un Capitán del Ejército portugués, Duarde Mendes, fue su representante, con un tema que se titulaba “Madrugada”, y que celebraba la revolución pacífica de unos meses antes. Lo que ya no le permitieron fue presentarse de uniforme y con un arma cargada, tal y como era su intención. 

– En 1977 la BBC decidió organizar una fiesta con todos los participantes un par de días antes, con intención de grabar imágenes para emitir el día del Festival. No se les ocurrió nada mejor que ofrecer barra libre, así que, dada la monumental borrachera de la mayoría de los concursantes, no emitieron nada. Mejor a palo seco. 

– El representante sueco de 1978 agarró un cabreo enorme cuando no le dejaron dar una vuelta para conocer la ciudad anfitriona, París. Como revancha, decidió cantar en inglés, aunque se olvidó la letra, por lo que los comentaristas pensaron que estaba borracho. Había practicado más en sueco, claro está.  

– Probablemente, el momento más políticamente incorrecto llegó en 1979, cuando el grupo alemán Dschingis Khan ofreció una oda al conquistador mongol, uno de los más prolíficos asesinos en masa de la historia. Por si fuera poco, aquella edición se celebraba en Israel, un país no precisamente receptivo con los alemanes que celebran a los dictadores genocidas. 

– Los italianos -en 1981, 1982 y 1986- y los franceses -en 1982-, decidieron retirarse del Festival por discrepancias con el nivel de calidad. El portavoz francés, por ejemplo, aseguró que el Festival era “un monumento descomunal a la tontería y la mediocridad.” ¿Cómo es que llegaron a tal conclusión? ¿Necesitaron mucho tiempo y varios informes? Tal vez no fueron lo suficientemente concluyentes, porque al año siguiente volvieron. 

– En 1982, convencidos de que existe un cierto modelo en los ganadores, los noruegos decidieron presentar una canción compuesta por un ordenador. No ganaron, pero se supone que se ahorraron los derechos de autor. 

– Justo después de la pausa, a la presentadora de 1985, Lill Lindfords, se le cayó la falda, debido a una punta en el escenario. Más tarde se descubrió que era una treta para mantener el interés en la ceremonia. Al Comité Organizador no le pareció precisamente divertido, por lo que decidieron prohibir en sus estatutos “aquellos errores planeados que no constan en el guión”. El problema, se intuye, es saber cuáles son planeados y cuáles no.  

– El ministro israelí de Ciencia y Desarrollo trató de vetar la participación de su país en 1987, ya que la letra le parecía “un insulto a nuestra inteligencia nacional.” El estribillo decía: “Hoopa, hoopa, hoopa, hoola, hoola, hoola”. ¿Un insulto a la inteligencia? ¡Venga ya! 

– Por si aquel primer ministro no se enteró en su día, aquí le traemos algunos de los títulos presentados, que hablan por sí solos: “Voi-Voi” (Noruega, 1960), “Ringe Dinge” (Holanda, 1967), “Boum Badaboum” (Monaco, 1967), “La La La” (España, 1968), “Boom Bang-A-Bang” (Reino Unido, 1969), “Tom Tom Tom” (Finlandia, 1973), “Dinge Dinge Dong” (Holanda, 1975), “Pump Pump” (Finlandia, 1976), “A-Ba-Ni-Bi” (Israel, 1978), “Dai-Li-Dou” (Portugal, 1978), “Diggi Loo Diggi Ley” (Suecia, 1984), “Didai Didai Dai” (Turquía, 1985), “Bana Bana” (Turquía, 1989), “Diri-Diri” (Grecia, 1994) o “Wadde Hadde Dudde Da” (Alemania, 2000).  

– Desde 1989, un patrón extraño pareció marcar las sucesivas ediciones: aquel año, Yugoslavia ganó por primera vez. Al siguiente, Italia ganó por segunda vez. En 1991 se produjo la tercera victoria de Suecia. Un año más tarde, Irlanda ganaba por cuarta vez, en 1993 por quinta y en 1994 por sexta vez. 

– En 1991, el sueco Ake Bergmann, convencido de que la canción elegida era un fracaso, prometió a todos sus compatriotas que a todo aquel que gastase más de 600 euros se le reintegraría el importe si su país ganaba. Y ganó. Después llegó el escándalo nacional, una vez que se declaró en bancarrota por no poder pagar a sus clientes los 3 millones de euros que les debía. 

– El ganador de 1992, el italiano Toto Cutugno, paseó orgulloso su pelo negro y su traje blanco durante su actuación. Después de conocer el resultado, un compatriota, con la alegría del momento, le tiró un vaso de cava y el tinte comenzó a gotear sobre su inmaculado traje.

Xavier Valiño

<a href="http://www.addfreestats.com" > <img src="http://www8.addfreestats.com/cgi-bin/connect.cgi?usr=00802541Pauto" border=0 title="AddFreeStats.com Free Web Stats!"></a>
<script src="http://www.google-analytics.com/urchin.js" type="text/javascript"> </script> <script type="text/javascript"> _uacct = "UA-1011382-1"; urchinTracker(); </script></body> </html>

SEX PISTOLS

CAMPUS GALICIA ARTICULO SEX PISTOLS

ULTRASÓNICA

ARTÍCULOS 2002


Sex Pistols, la mugre y la furia

 Jubilee, The Best Of The Sex Pistols (Virgin)

 Cuando Malcom McLaren, que había sido manager de los New York Dolls, y la diseñadora vanguardista Vivienne Westwood decidieron crear un grupo de rock, lo primero que hicieron fue abrir una tienda de moda llamada Sex. Pensaban que un nombre polémico atraería a los inadaptados de la zona. En el momento en que John Lydon cruzó el umbral, sabían que no se habían equivocado. 

Parece irónico que los Sex Pistols, conocidos sobre todo por sus proclamas antisistema, surgieran de la misma forma programada que grupos para adolescentes como las Spice Girls o los Backstreet Boys. No fue la única similitud: no eran exactamente músicos cuando fueron descubiertos, sino punks creativos y comprometidos. Ésa es, justamente, la naturaleza de los Sex Pistols: fueron un dechado de contradicciones. 

Poco después de unirse al resto de compañeros -que no eran otros que Sid Vicious, Glen Matlock, Paul Cook y Steve Jones- en lo que sería esta nueva aventura, John Lydon cambió su nombre por el de Johnny Roten -Juanito Podrido-. En 1977, después de la más famosa aparición de un grupo en un programa de televisión, en la que sustituían a los previstos -y más políticamente correctos- Queen, los Sex Pistols lanzaron su único disco mientras el grupo existió, Never Mind The Bollocks, el álbum que puso a temblar el adormecido sistema y que sentaría para siempre el catálogo del perfecto punk. 

Aquel disco tomó por sorpresa las listas rompiendo muchos de los tabúes establecidos y atacando a varias vacas sagradas, llegando a insultar a la Reina del Imperio Británico en “Good Save The Queen”. En un acto de rebelión política, el grupo de anarquistas reconvertido a banda de rock editó aquel single coincidiendo con el Jubileo de la Reina Isabel. Las tensiones se desataron y había que tomar postura: o se estaba con ellos o se les despreciaba. 

Never Mind The Bollocks, con sus escasos 40 minutos, todavía mantiene toda su fuerza. Grabado entre marzo y junio del 77, en una época en la que no era fácil ser los Sex Pistols -censurados en una parte del país, bloqueados en la otra, atrapados entre las decisiones erráticas de Malcom McLaren-, no deja de ser un milagro que el álbum agitara las conciencia de la sociedad bienpensante de entonces. Más aún si tenemos en cuenta la ineptitud en el bajo de Sid Vicious, que sólo grabó un par de temas, y la presión que sentían sobre sus personas para reinventar el rock’n’roll. 

En su momento, el crítico de la revista Rolling Stone definió el disco “como dos trenes de metro desbocados que chocan bajo toneladas de barro.” No iba muy descaminado, pero se olvidó, sin duda, de la astuta observación de su productor Chris Thomas, cuando afirmó que los Sex Pistols eran como los Who. 

Otro de sus colaboradores en el estudio de grabación, Dave Goodman, afirmó que “los Sex Pistols son un grupo que han representado un paso de gigante en la historia de la música, como los Beatles, Elvis Presley o Beethoven.” Aunque la audacia de la manifestación invitaba a la controversia, lo cierto es que su tesis era difícilmente rebatible. 

Como grupo, consiguieron que se desarrollase una escena completamente nueva a su alrededor y, aunque sus limitaciones como artistas les impidió grabar un disco tan completo como London Calling de The Clash, todavía permanecen como la imagen más indeleble de aquel momento. Tan grande es su sombra, que hoy en día sus sucias huellas están marcadas en todas y cada una de las habitaciones de la música pop. 

Poco más de veinte meses después de su formación, los Sex Pistols se separaban debido a múltiples causas. La principal era que un grupo así no se podía mantener en pie sin entrar en el sistema contra el que despotricaban. Las razones secundarias habría que buscarlas en las drogas, la incompetencia y una falta de dirección por parte de su manager. 

Su nihilismo encendió la mecha que prendió en gente como Kurt Cobain, por poner uno de los ejemplos más evidentes. Grupos de los 90 como Nirvana o Pearl Jam mostraron con vehemencia su rabia y su desilusión, aunque ya entonces estaba claro que tales sentimientos pertenecían a los Sex Pistols. Además, en lugar de quejarse y lamentarse, los Sex Pistols mostraron su furia con una convicción que nadie puede definir ni negar. 

Los Sex Pistols golpearon la escena de los setenta como ninguna banda antes. Su  irreverencia tenía precedentes en los primeros rockers, como Eddie Cochran, Chuck Berry o Pete Townshend. Desaparecieron tan rápidamente como se hicieron notorios y la sociedad se encerró en su concha durante la siguiente década. Seguidores como Frank Black o Bob Mould continuaron su legado en un anonimato casi completo hasta que a finales de los 80 todo explotó de nuevo. Ya entonces, cualquier grupo que pretendiese armar ruido con una guitarra eléctrica sólo podía hacer revival.  

Hoy, 25 años después del lanzamiento de Never Mind The Bollocks, sus canciones siguen manteniendo el mismo impacto que cuando se editaron por primera vez. En homenaje a esas bodas de plata, se publica un recopilatorio más titulado Jubilee, The Best Of The Sex Pistols, que no es más que una colección de todos sus singles en estricto orden cronológico. Aunque decir nada más en un disco que contiene “God Save The Queen”, “Anarchy In The UK”, “Pret Vacant”, “Holidays In The Sun” significa quedarse muy corto. 

Xavier Valiño

<a href="http://www.addfreestats.com" > <img src="http://www8.addfreestats.com/cgi-bin/connect.cgi?usr=00802541Pauto" border=0 title="AddFreeStats.com Free Web Stats!"></a>
<script src="http://www.google-analytics.com/urchin.js" type="text/javascript"> </script> <script type="text/javascript"> _uacct = "UA-1011382-1"; urchinTracker(); </script></body> </html>

THE REPLACEMENTS

CAMPUS GALICIA ARTICULO THE REPLACEMENTS

ULTRASÓNICA

ARTÍCULOS 2002


The Replacements, desgana adolescente

 

        Por fin se ha hecho realidad: Restless Records acaba de reeditar los cuatro primeros discos de los Replacements en formato digital y totalmente remasterizados. Los discos, Sorry Ma, Forgot To Take Out The Trash, Stink (EP), Hootenanny y Let It Be, cada uno de ellos importante por sí mismo, han influenciado a toda una generación de músicos, al tiempo que documentaban el crecimiento de una de las bandas de rock más rotundas de los 80.

          The Replacements, que en un principio se llamaron Impediments, fue formado en 1978 por el cantante, compositor y guitarrista Paul Westerberg, el batería Chris Mars, el guitarrista Bob Stinson y su hermano de 12 años Tommy en el bajo. Después de varios cambios de nombre, The Replacements, conocidos cariñosamente como ‘Mats por sus más cercanos fans, se ganaron la atención de la gente de su Minneapolis natal, al combinar el glamour y el espíritu de los New York Dolls con la rabia adictiva de los Sex Pistols. La energía desbordada y destructiva de sus conciertos, impulsada por el alcohol y una completa falta de inhibiciones, se convirtió rápidamente en algo legendario.

         Aunque The Replacements abrazaron el espíritu punk desde sus inicios, con el deseo de molestar y una afición por la bebida habitual en otros grupos, hubo algo especial desde el principio. The Replacements se distanciaron rápidamente de las otras bandas punk-rock de su tiempo, gracias a la determinación y a las habilidades compositivas de Paul Westerberg, al tiempo que mostraban más ambición de la que nunca serán capaces de admitir.  

        Sus canciones flirteaban con el aburrimiento, la alienación y la furia adolescente, pero mostraban también un profundo conocimiento de las melodías clásicas del rock y del pop, y un estilo lírico que iba de lo sarcástico e inteligente a los honesto y directo. A medida que el grupo progresaba, tanto su sonido como la escritura de Paul se convirtieron en algo más refinado.

          Editado originalmente en agosto de 1981, el debut del grupo, Sorry Ma, Forgot To Take Out The Trash, es uno de esos discos clásicos de punk-rock. Fuerte, rápido y totalmente conciso, sus 18 canciones contienen la energía desnuda, la irreverencia y el desdén adolescente que definieron la ética del grupo en este período. Sin embargo, entre sus estrías ya se puede encontrar algún intento de Paul Westerberg de capturar y comunicar sus propias experiencias y emociones.  

        Puede que no haya muchos mejores ejemplos de la desgana y la desesperación que este disco. Bien fuera escribiendo sobre el amor no correspondido de un dependiente de una tienda o sobre algo tan simple como pasar el día en una esquina, su autor capturaba sinceramente las sensaciones de los adolescentes de buena parte del mundo. 

        El EP Stink fue grabado al mismo tiempo que su debut, pero se editó un año más tarde. Evidentemente, no es más que la continuación del anterior, con gemas como “Kids Don’t Follow”, “Stuck In The Middle” y la inolvidable “Dope Smokin’ Moron”, que lo convierten en esencial para los seguidores del grupo. 

        Su siguiente álbum, Hootenanny, editado en abril de 1983, significó un distanciamiento significativo del sonido punk-rock mostrado en los dos primeros discos. Todavía quedaba una parte de la energía y de la actitud que los había definido, tal y como prueban cortes como “Run It,” una canción sobre saltarse los semáforos en rojo, por increíble que parezca.  

        Pero son canciones como “Color Me Impressed” o “Within Your Reach” las que muestran un sentido de la melodía y una ambición por experimentar del que carecían sus predecesores. Hootenanny, al mezclar elementos pop con el clásico rock y el blues añejo, es, por muchas razones, el auténtico primer disco de The Replacements.

          Considerado por casi todos su mejor disco, Let It Be es un disco esencial para cualquier degustador de rock americano de los 80, además de convertirse, con el tiempo, en uno de los más influyentes de los editados en su época.  

        Publicado originalmente en octubre de 1984, Let It Be muestra la confianza del grupo como unidad, su madurez como músicos y la voz definitiva de Paul Westerberg como compositor. Ahí está el rock crudo y directo que se convirtió en el elemento más claro de su obra. También contiene algunos de los momentos más hermosos y melódicos de la banda, mostrando una afinidad con el gran Alex Chilton y otros clásicos de los 80, en canciones como “I Will Dare”, “Answering Machine”, “Unsatisfied” o la versión de Kiss “Black Diamond”.  

         Estos cuatro discos fueron editados en la compañía independiente de Minneapolis Twin/Tone. Poco después, The Replacements fichaban por Sire Records, subsidiaria de la multinacional Warner Brothers, con la que editaron cuatro discos más de larga duración. Esos discos les reportaría un mayor éxito comercial, aunque para la mayoría de sus seguidores los cuatro primeros representan la cima creativa del grupo. Sobre todo, documentan su poder y su popularidad creciente, además de permitir comprobar cómo fue desarrollando sus habilidades uno de los compositores más prolíficos de nuestros tiempos, Paul Westerberg. 

Xavier Valiño

<a href="http://www.addfreestats.com" > <img src="http://www8.addfreestats.com/cgi-bin/connect.cgi?usr=00802541Pauto" border=0 title="AddFreeStats.com Free Web Stats!"></a>
<script src="http://www.google-analytics.com/urchin.js" type="text/javascript"> </script> <script type="text/javascript"> _uacct = "UA-1011382-1"; urchinTracker(); </script></body> </html>

Conexión Futbol-Rock, adrenalina compartida

CAMPUS GALICIA ARTICULO FUTBOL Y ROCK

ULTRASÓNICA

ARTÍCULOS 2002


Conexión fútbol-rock, adrenalina compartida

Pele y Bob Marley

“Un concierto de rock y un partido de fútbol son los dos un espectáculo, o por lo menos deberían serlo. Eso depende de todo el chanchullo que hay alrededor: es un 5% de arte y un 95% de mierda”. Así resumía hace poco Manu Chao -aún siendo él fanático del Bilbao y el Marsella- una impresión bastante generalizada sobre el fútbol y el rock, dos mundos con mucho en común. 

Evidentemente, la conexión entre el mundo del rock y el del fútbol es obvia: los más fanáticos son ahora los más jóvenes, esos que llenan los fondos sur de cada estadio. En gran parte, ellos son también los que ocupan las primeras filas de los conciertos en directo, y los músicos muchas veces no hacen más que imitar a sus seguidores. 

Tanto en uno como en el otro espectáculo, la adrenalina y las ansias tienden a liberarse, expresándose de forma similar. Con un héroe al fondo, alguien por quien darlo todo, bien sea un delantero centro o la última estrella del pop. Además, últimamente los futbolistas están convirtiéndose, muy a su pesar, en auténticas estrellas del mismo nivel que antes sucedía con las del rock, por lo menos a nivel internacional. Y si no que se lo pregunten a David Beckam, Raúl, Luis Figo… 

Por ahora, en estas tierras aún andamos en pañales a la hora de escribir canciones para apoyar a las selecciones. Es cierto que cada equipo tiene un himno más o menos oficial y que muchos grupos se dedican a componer canciones o a tocar los himnos como parte de sus conciertos: así lo hacían ya en los 80 Glutamato Ye-Yé con el del Atlético de Madrid y Siniestro Total con el del Celta de Vigo.

Pero de ahí a pensar que grabaciones como la de Rosana en aquel bochornoso “Quiero estar contigo” junto a los componentes de la selección estatal española, media un abismo. Ni tan siquiera para eso la Federación Española de Fútbol tiene un mínimo de gusto, aunque en ello mucho tienen que decir los intereses de los sellos discográficos. ¡Si ni tan siquiera se les pide que busquen al grupo más creíble o más en la onda de lo que se hace en la actualidad, sino que sea un himno contagioso y fácilmente tarareable en los estadios y que todo el mundo recuerde por la calle! 

En eso los británicos, reyes absolutos en las listas del pop de medio mundo e inventores del fútbol, llevan una ventaja de años luz. Aún no hace mucho que pusieron a un grupo de probada reputación, ganada a pulso durante dos décadas -Echo & The Bunnymen- para componer el himno de su selección, y por si dudaban de su capacidad de enganche pusieron a cantarlo a su líder, Ian McCulloch, al lado de las Spice Girls. 

En otra ocasión The Lightning Seeds grabaron , junto a los futbolistas Frank Skinner y David Baddiel, lo que fue el himno oficial para la Eurocopa de Naciones del 96, “Three Lions”, que, cómo no, se mantuvo entonces en el número 1 durante las semanas que duró el torneo. 

Primal Scream también grabaron para aquella Eurocopa, por pura diversión -lanzaron una edición limitada que se mantuvo en las tiendas una semana-, una magnífica canción titulada nada menos que “The Big Man And The Scream Meet The Barmy Army Uptown”, repleta de samplers y con la colaboración recitando de Irvine Welsh, el autor de Trainspotting

Hasta entonces, todos coincidían en señalar “World In Motion”, grabada por New Order en 1990 para los mundiales de aquel año, y que contaba con la colaboración de la mayoría de los componentes de su selección, como el mejor himno futbolero grabado, convirtiéndose en un ejemplo modélico de himno bailable, digno y exitoso.

Aquella canción coincidió, en el verano de 1990, con otros himnos de selecciones británicas. Escocia, con la participación de Love & Money, The Silencers y Deacon Blue aportó “Say It With Pride”, en la que destacaban las gaitas tradicionales pasadas por el sintetizador. Larry Mullen, de U 2, compuso entonces el himno irlandés, en el que participaron Clannad y Davy Spillane, y que contenía trozos de una entrevista con su entrenador a ritmo de hip-hop. También The Pogues llegaron a grabar para el evento “Jack’s Heroes”, con la ayuda de los veteranos folclóricos irlandeses The Dubliners. 

Este tipo de canciones, himnos que cuentan con el visto bueno de su Federación o de su club, o que son adoptados por los hinchas como propios, se remontan ya a los años 60. Los seguidores del Liverpool fueron los primeros en hacer suya una canción de una de las bandas que más se paseaban entonces por las listas de éxito: el “You’ll Never Walk Alone” de Gerry & The Peacemakers. 

Algunas, incluso, llegaron al número uno en las listas de éxito: “Nice One Cyril” de Cockered Chorus o “Back Home”, el himno inglés de 1970, relegando al número 2 a la canción pro-irlandesa de Paul McCartney, “Mull Of Kyntire”. 

Más tarde llegaron Queen con su “We Are The Champions”, la más coreada en cualquier ocasión, y que contó también con una versión a cargo de los futbolistas Glen Hoddle y Waddle. Del grupo Serious Drinking se recuerda sobre todo su título, “We’re Gonna Win The Cup In Spain” -”Vamos a ganar la copa en España”-. Phil Collins grabó “Match Of The Day” y Colourbox pusieron reggae y dub a “The Official Colourbox World Cup Theme”. Stock, Aitken & Waterman, el trío que dominó las listas durante los 80, compusieron el himno para el Campeonato de 1988, “All The Way”, y New Order también le dedicaron una canción a dos de sus héroes en “Best & Marsh”: George Best y Rodney Marsh. 

Al primer toque 

Elton John tal vez se haya visto influido por sus antecedentes familiares. Su padre y su primo fueron jugadores profesionales. Él mismo logró, como presidente y accionista mayoritario del club Watford, ascenderlo de la tercera a la primera división inglesa. Algo parecido al mecenazgo habitual de Rod Stewart con los clubes y la selección escocesa, aunque en su caso había pasado antes por las filas del  Bredfort como jugador profesional e incluso había hecho una prueba en sus años de adolescencia para jugar en el Barça. 

Otros no invierten tanto, pero, por ejemplo, Robert Plant es socio vitalicio del Wolves, aunque llegó a entrenar con el Wolverhampton Wanderers, y a Elvis Costello le comunican los resultados del Liverpool entre bastidores, cuando su concierto coincide con algún partido. Los Housemartins solían clasificar sus conciertos con lenguaje futbolístico (un 2-0 o un 1-3) y titularon su primer disco con un expresivo London 0-Hull 4 -Hull era el lugar del que venían-. 

Colourfield hacían coincidir sus conciertos con las ciudades en las que jugaba el Manchester United, del que también son seguidores buena parte de los grupos de la ciudad, aunque Oasis, se decanten por el Manchester City. Joe Elliot, vocalista de Deff Leppard, vuela con su padre desde Dublín cada vez que juega el Sheffield y su afición le cuesta un pastón. 

El ejemplo más patriotero, por difícil que parezca, lo puso Billy Bragg, quien en la portada de uno de sus singles reprodujo la Copa del Mundo ganada por Inglaterra en 1966. A Wedding Present no se les ocurrió mejor idea para homenajear a su ídolo George Best que colocarlo como portada y título de su disco de debut. 

Contrataque

Más de un jugador sintió la llamada del mundo del rock y, además de correr por el terreno de juego, también pisaron los estudios de grabación. Kevin Keegan, una de las mayores leyendas del fútbol mundial, tuvo un éxito en 1979 cantando “Hands Over Heels In Love”. El simpático guardameta Peter Shilton probó suerte con “Side By Side” y Paul Gascoine, más conocido como Gazza, con “Fog On The Tyne”. Y la plantilla entera del Liverpool puso sus voces en “You’ll Never Walk Alone” del disco Meddle de Pink Floyd. 

Menos fortuna tuvo Maradona colaborando con el dúo Pimpinela, tal vez despistado por los alucinógenos, aunque más tarde tuvo ocasión de resarcirse junto a Andrés Calamaro y con la canción que le dedicaron Mano Negra. Rud Gullit, capitán de la selección holandesa, conocido por sus tirabuzones, tenía su propia banda de reggae. El cáncer que mató a Bob Marley vino provocado por una herida mal curada que se hizo jugando al fútbol, su mayor afición. 

Otros, sin embargo, comenzaron como jugadores y tuvieron que dejarlo, bien por su manifiesta incapacidad o por tener mayor fortuna en el mundo del pop. Tal es el caso ya citado de Rod Stewart, Gaz (Happy Mondays, jugador del Manchester City), Mick Hucknall (Simply Red, jugador del Manchester United), David Essex (jugador en el Colchester United) o Steve Harris (Iron Maiden, jugador en el Halifax Town).  

Iniciativas autónomas mantienen la relación viva. Así, el Mariscal Romero se inventó un buen día la revista Music & Gol, la única en el mundo dedicada al fútbol, el rock y… ¡las tías en ropa interior! Hace unos años el diario Marca, entre reportajes en los que Caminero y Rosendo se profesaban admiración mutua, tuvo tiempo para preparar una recopilación titulada Fantástico Marca. Y por si no tuviéramos suficiente, sólo queda recordar que nuestro internacional Julio Iglesias fue, en su día, guardameta del Real Madrid.

De todos, Gabinete Caligari fueron los que mejor recogieron en una canción el mundo del balompié en la “Canción del pollino”: “Nosotros somos gente normal / hasta que llega el domingo… Pensad que seríamos bastantes / como para hacer la revolución… Somos de los que no saben, no contestan / con excepción del uno-equis-dos / somos los que no tienen biblioteca / y somos más de un millón / bastantes más de un millón”.

Xavier Valiño

<a href="http://www.addfreestats.com" > <img src="http://www8.addfreestats.com/cgi-bin/connect.cgi?usr=00802541Pauto" border=0 title="AddFreeStats.com Free Web Stats!"></a>
<script src="http://www.google-analytics.com/urchin.js" type="text/javascript"> </script> <script type="text/javascript"> _uacct = "UA-1011382-1"; urchinTracker(); </script></body> </html>

CAMPUS GALICIA ARTICULO TOM WAITS

CAMPUS GALICIA ARTICULO TOM WAITS

ULTRASÓNICA

ARTÍCULOS 2002


Tom Waits, cabaret lunático

 Alice. Blood Money (Anti/Epitaph-Mastertrax)

Hace tiempo que Tom Waits ha trascendido cualquier capacidad de juzgar objetivamente su trabajo utilizando los parámetros de crítica al uso, por lo que no es posible compararlo y contrastarlo con el de otros artistas. Su producción es tan singular que sólo se puede analizar teniendo como referencia sus propios logros anteriores. Con la edición simultánea de Alice y Blood Money, Tom Waits se vuelve a poner exclusivamente en relación a sí mismo sin el más mínimo esfuerzo.

Ambos discos tienen la misma importancia y, al mismo tiempo, son mitades de una única entidad. Aunque casi diez años separan la composición de cada uno de ellos, el material de ambos es territorio familiar en el trabajo de Tom Waits posterior a Bone Machine: un buen montón de instrumentación étnica y añeja, para canciones que intentan armonizar con la atmósfera que crean. 

Alice es la ópera vanguardista que hace una década Waits y su colaboradora -y mujer- Kathleen Brennan escribieron para el director Robert Wilson, obra que se representó durante 18 meses en un teatro de Hamburgo. Blood Money está compuesto por las canciones que, de nuevo en pareja, ambos escribieron para la representación en Dinamarca hace dos años de la obra de Georg Bucher Woyzek, con el montaje, otra vez, de Robert Wilson. 

Tom Waits siempre se ha encontrado muy cómodo en las áreas oscuras de la mente humana, y estos dos discos encajan perfectamente en el patrón. Alice está basado en las supuestas obsesiones de Lewis Carroll con la niña que le inspiró su Alicia en el país de las maravillas, mientras que Blood Money parte de una historia de 1837 en la que un soldado alemán que ha vivido varios conflictos bélicos se presta a sucesivos experimentos médicos a cambio de dinero, experimentos que lo conducen a matar a su novia y a suicidarse después. 

Como profundo estudioso de las obsesiones ocultas de la raza humana y como abogado musical de los perdedores, Waits es la persona perfecta para dar voz a estos dos personajes. Al igual que una película de David Lynch, sus dos nuevos discos son, al mismo tiempo, misteriosos y divertidos, extraños y desalentadores, aunque ofrecen numerosas recompensas al oyente. 

Como siempre, lo primero que sorprende es la voz, con tantas marcas como la cara de Charles Bukowski, lo que quiere decir que se trata de un instrumento áspero, ronco y crudo, que estalla en un júbilo maníaco, que parece bañado en bourbon y que suena rabioso en su libertad. Y que nadie piense que cuando canta utiliza algún tipo de truco y no pura emoción: que alguien intente seguir los textos en el mismo tono burlón y malhumorado que él y no parecer ridículo. Entonces podrá apreciar la profundidad de su don y cuán lejos ha llegado con la bestia que ha creado. 

En “Kommienezuspadt”, de Alice, con una abundante maquinaria de fondo, Waits canta como un poseso mientras la música se va convirtiendo en algo así como la banda sonora de un capítulo de Bugs Bunny. Su forma de repetir el título es tan obsesiva que uno piensa en un carnaval repleto de luchadores de sumo.  

Por el contrario, Waits puede evocar una ternura que incita a llorar. En “Flower’s Grave” canta: “Si morimos esta noche, ¿habrá luz de luna allá arriba?”. Poco más tarde se pregunta: “Dime, ¿quién pondrá flores en la tumba de una flor?” Con un piano, varios violines, un órgano de iglesia y un clarinete contribuyendo a la ambientación, se convierte en una melodía hermosamente angustiosa. De esta forma, las canciones se debaten entre lo exótico y lo triste, dejando una sensación final de encontrarse ante una obra inmensa. 

A esto hay que añadir el disco hermano Blood Money, el de las nanas enfermizas, las marchas fúnebres, el gospel gótico y las operetas anacrónicas. En el corte que lo abre, “Mysery Is The River Of The World”, Waits canta en una insólita cadencia, con un acento bronco que parece de otro mundo, mientras una marimba le da un aire de circo. Con menos sección de cuerda y más instrumentos de viento, Blood Money tiene un aire de cabaret lunático. 

“Coney Island Baby”, por ejemplo, evoca una atmósfera de final de siglo -de hace dos siglos, exactamente-, con una instrumentación minimalista que remite a días de carruajes y damas con sombrillas, mientras Waits le canta a su amor. Por su parte, “Lullaby” -“Nana”- no es precisamente la clase de canción que uno le cantaría a su hijo para que se durmiera, a pesar de la belleza de su música. La línea que lo abre -“El cielo está rojo, la luna está tarada, papá no volverá nunca”- parece demasiado para un niño, aunque puede que no para un adulto.  

El propio autor define estos dos álbumes como una colección de canciones opiáceas, de canciones adultas para niños, de canciones de niños para adultos, como una odisea en la lógica del sueño y del absurdo. Nadie consigue tal emoción y horror hoy en día. Waits inhala y exhala las canciones mientras las interpreta, convirtiéndolas en inseparables de su persona. Así que debemos darle las gracias a quien corresponda de que el crooner surrealista esté deseando bajar a las cloacas por nosotros y vuelva a contárnoslo. 

Al igual que en el brillante Mule Variations de 1999 -y como en los veinte años que le preceden-, Waits no busca nuevos seguidores para su música. Se contenta con perseguir proyectos que encuentra fascinantes y que pueda traducir de forma tal que le reporten una satisfacción personal. La aceptación por parte de quien lo escucha es siempre bienvenida, pero no es una opción necesaria y, mucho menos, considerada de antemano. 

Xavier Valiño

<a href="http://www.addfreestats.com" > <img src="http://www8.addfreestats.com/cgi-bin/connect.cgi?usr=00802541Pauto" border=0 title="AddFreeStats.com Free Web Stats!"></a>
<script src="http://www.google-analytics.com/urchin.js" type="text/javascript"> </script> <script type="text/javascript"> _uacct = "UA-1011382-1"; urchinTracker(); </script></body> </html>
1 5 6 7