ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 MATTHEW SWEET

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Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 1997


MATTHEW SWEET: "Blue Sky On Mars"

 

 

 

No parece que este sea el momento más idóneo para el power-pop, en una época en la que destaca por encima de cualquier otra cosa cualquier producto dirigido hacia la pista de baile. Tuvo su momento en el cambio de década que dio paso a los 80 y cada cierto tiempo aparece alguien reivindicando su sonido.

 

En este caso, además, acompañado de bandas como Elastica, Sleeper o Echobelly que tomaron buena cuenta de lo que por entonces sucedía. Y, sobre todo, con el refuerzo de quien ha tomado la causa como una cuestión de amor propio, todos excelentes en su defensa: The Posies, The Lemonheads, Young Fresh Fellows, Redd Kross, Teenage Fanclub, The Model Rockets, Paul Westerberg…

 

 

Blue Sky On Mars es uno de los mejores discos de pop melódico y guitarrero de los últimos años. Para encontrar algo parecido habría que retroceder a Altered Beast, 100% Fun o Girlfriend, curiosamente todos ellos debidos a la misma pluma. Eso significa armonías vocales, estribillos celestiales, melancolía desbordada, juegos de guitarras… Por muy poco que esté de moda, Blue Sky On Mars puede sonar un día tras otro y resultar siempre contagioso. 

 

Xavier Valiño

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 CINCUENTONES

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ARTÍCULOS 1997


Aquellos maravillosos 50

 

  

A punto de acabar el siglo XX, el rock anda ya por su año cuarenta y tantos. Alguna de sus estrellas, de las que más brillan en su firmamento, han pasado ya la crisis de los veinte, la de los treinta, la de los cuarenta… (y entran ahora en la de los cincuenta! Mal año este 1.997 para algunos viejos rockeros, de esos que nunca mueren. Llegan a la cincuentena. Pero no te creas que les preocupa demasiado: viven cojonudamente de las rentas, la industria les permite grabar los discos que les da la gana, se les venera como dioses y alguno hasta tendrá su homenaje este año.

 

            No hay problema. Desde sus casas en Suiza seguirán prepararando nuevos conciertos y nuevos discos, manteniendo bien vivo el espíritu rebelde del rock’n’roll. Mucho tienen aún que aprender los mocosos esos que empiezan a editar sus discos y así se lo seguirán demostrando, siempre que no haya que parar por alguna inoportuna visita a la clínica.

 

            Algunos ya han pasado por la experiencia, y no parece que eso les haya hecho dejarlo. Como es el caso de los más conocidos, los Beatles, los que viven, claro, empeñados en demostrar que sus maquetas merecen un hueco en la historia y que ponerle música a bocetos de John Lennon es una idea de la leche. O los Stones, preparando nueva gira para poder morir con las botas puestas –(si hasta se reúnen los Sex Pistols, tío!- y batir el récord Guiness de ganancias por dar la vuelta al mundo desde los estadios. En meses precedentes llegaron también a tan estupenda edad Van Morrison, Neil Young, Robert Fripp, John Fogerty, mano-lenta Eric Clapton, Donovan, la recauchutada Cher o la viuda Patti Smith.

 

 

            Vayamos ya con los que cumplen años en este 1997. Quien se lleva siempre el gato al agua es el camaleón David Bowie, que celebra su cumpleaños entre homenajes y nuevas biografías, al lado de la bella Omán y viendo cómo lo mejor de su producción es saqueado impunemente, y con el beneplácito de todos, por unos mozalbetes llamados Suede. Ya avisó Mick Jagger: "no se puede llevar un par de zapatos nuevos en presencia de Bowie, porque te roba la idea", y Bowie hace honor a su fama con lo que nos preparó, todo sin quitarse el guardapolvos que paseó por el Doctor Music Festival. Primero, colaborando con los Pet Shop Boys; luego, poniendo sonidos jungle en su nuevo disco; y, por último, ayudando a Brian Eno a que le acabe su trilogía futurista antes de final de siglo. Si para entonces se ha convertido en Nathan Adler, su sosías en Outside, o sigue siendo el mismo es algo que está por ver.

 

 

            El bestia de su amigo, Iggy Pop, también está de fiesta. Aunque seguramente la haya celebrado de concierto en concierto, por los escenarios de varios continentes. Todos los que organizan festivales saben que no hay nada como el torso desnudo de la Iguana para vender entradas y tener garantizados unos minutos en la tele, y el simpático Iggy Pop cumple cantando una vez más cualquiera de sus ¿éxitos? como si de un karaoke se tratara. Pone la misma entrega que si tuviera veinte años, o casi, que para eso está su hijo de roadie, esperando a colocarle la bata blanca y ayudarle en caso de desfallecimiento.

 

             Tampoco se libra Reinald Kenneth Dwight. )Qué quién es ese tipo? El del peluquín, hombre. Elton John, que, tal y como se podía augurar, colocó de nuevo para el mercado navideño del 97, a modo de celebración, un nuevo disco de baladas con piano. La novedad, este año, tuvo como excusa la muerte de alguien de la realeza para poner una canción suya en la otra cara del single de homenaje y convertirlo en el más vendido de todos los tiempos. (Qué brillante! )No?

 

            Vamos ahora con los pesos pesados. El primero es el Bonnie Tyler masculino, más conocido como Meat Loaf -cacho carne-. En su caso, lo más lógico sería darle un aire melodramático a tan señalado acontecimiento, colaborando de nuevo con su pareja artística Jim Steiner y pegando los gritos de rigor, aunque ya lo haya hecho antes sin tener nada que celebrar. A modo de saga cinematográfica podría reaparecer con la tercera entrega del Murciélago salido del infiernoBat Out Of Hell– y no por ello el mundo tendría que reprochárselo.

 

            En el caso de Ian Anderson, de los añejos Jethro Tull, eso parece más impensable, pero cualquier día saca la flauta del empolvado estuche en el que la pasea por medio mundo, al tiempo que visita piscifactorías, ya que es un reputado empresario del sector, y nos entrega un segundo Thick As A Brick. Recuerda que ya tuvimos unas segundas Tubular Bells -y pronto unas terceras-, o sea que no tiene que ser tan complicado. Más difícil sería pensar en la reconciliación de Roger Waters y David Gilmour, los dos de cumpleaños, y hace un tiempo compañeros en Pink Floyd. Si se deciden a amenizarnos con algo algún día, lo más seguro es que nos eviten verles las caras, por eso de las arrugas, y así no tengamos que pasar el mal trago de ver lo mucho que disfrutan con su rock sinfónico de fin de siglo.

 

 

            Algunos no lo tienen tan claro. El héroe de la guitarra Brian May no encuentra su acorde desde que Freddie Mercury se fue. Seguro que aún queda alguna grabación inédita y así podría explicar otra vez la historia de Queen. Más difícil será ver al autor de "Morning Has Broken" sobre un escenario. Cat Stevens lleva retirado muchos años, convertido al Islam, pero siempre puede hacer una reaparición sorpresa para reafirmar los principios fundamentalistas islámicos, tal y como hizo hace un par de temporadas.

 

            Algo similar sucede con Santana, que aparece de vez en cuando… acompañando al setentón John Lee Hooker. De todas formas, aunque no haya grabaciones nuevas del latino y viva de las recopilaciones, grupos como Girasoules hacen todo lo que está en sus manos -y en sus guitarras- para que no nos olvidemos de él. Y Barry Gibb, con o sin sus hermanos Bee Gees, tendría en estas fechas una ocasión inmejorable para poner su sensacional falsete en ayudar a las carreras en solitario de los chicos de Take That.

 

            Marianne Faithful está refugiada de nuevo en la campiña irlandesa, un tanto al margen del circo rock, aunque las infidelidades su ex, el insaciable Mick Jagger, bien podrían servirle para añadir páginas a su autobiografía o como excusa para interpretar de nuevo "As Tears Go By" como si fuera propia.

 

            Nada de eso pueden hacer Ralf Hüttter, Florian Scheneider y Karl Bartos, los inventores del techno con Kraftwerk. Desde que se decidieron a cantar dos canciones en castellano en su último disco, Electric Caffe, no han podido grabar más. Así de exhaustos quedaron. Pero los maestros están al alcance de cualquiera que pueda pagarles unos duros. Bernard Summer y Johnny Marr le han hecho un hueco a Karl en el segundo disco de Electronic, así que, a falta de alguien que pague mejor, no deja de ser una salida digna.

 

 

            Quedan para el final los segundones. Ésos que da igual lo que hagan porque nunca han tenido el más mínimo éxito. Warren Zevon sigue cantando, a sus 50 años, a los "Hombres-lobo de Londres", esperando que sus amigos de REM quieran aprender algo más de él en una nueva entrega de Hindu Love Gods. Ry Cooder vive de tocar en los discos de todo el mundo, incluyendo a Carlos Núñez e incluso Luz, siempre que necesiten un mercenario de lujo, y de aliarse con amigos cubanos, que bien le pueden costar una sentencia en prisión en su país. Y Dave Davies, irreconciliable con su hermano Ray y los Kinks, debería empezar a pensar en volver al redil familiar. No le queda demasiado tiempo.

 

            Y si creías que el punk era algo joven, te falta por saber que su inventor, Malcom McLaren, también quemó en el 97 sus 50 años. Eso sí, en su caso puede que cualquier día nos descubra el flamenco a ritmo dance o cualquier otra de sus genialidades. )Quién dice que la edad le impide seguir haciendo el mono?

 

 

Los que no llegaron a la cita

 

            Puede que por eso su leyenda siga intacta. Algunos de los auténticos pioneros han dejado su huella en la historia del rock pero, por diversas causas, no han llegado hasta el 97. En este año hubieran cumplido 50 años, y algunos de los que si han tenido esa suerte pactarían con el diablo o darían toda su carrera por gozar del respeto que tienen los que ahora siguen. Vamos allá.

 

 

            Muy pocos recuerdan a Gram Parsons, pero el fue el auténtico renovador del country  e inventor del country-rock, comandando los Byrds y los Flying Burrito Brothers. Sus dos únicos discos en solitario G.P. y Griveous Angel son reivindicados una y otra vez desde entonces. Apareció muerto en el 73 en un desierto cercano a Los Ángeles, con restos en su sangre de morfina, cocaína y alcohol. Su amigo Phil Kaufman robó su féretro días después y quemó sus restos junto al Joshua Tree, el mismo que dio título a aquel disco de U2.

 

            Tim Buckley no lo contará tampoco, pero al menos tiene la suerte de ver como su hijo Jeff Buckley es el más digno de los herederos de los músicos rock del pasado. Su intensa voz, al servicio de canciones folk sensibles y atormentadas, hacía prever lo que sucedió. Después del fracaso artístico fue taxista, conductor para Sly Stone y acabó muriendo en el 75 después de confundir una dosis de cocaína con heroína.

 

 

            Marc Bolan estaba más en la onda del espectáculo, al menos con su época glam al frente de T. Rex. Antes había editado interesantes discos en solitario con títulos tan increíbles como Mi gente era hermosa y tenía el cielo en el pelo, pero ahora son felices por llevar estrellas en la frente. Murió en el 77 cuando el coche que conducía su novia Gloria Jones se estrelló, pero sus guitarrazos siguen aún bien vivos en la memoria y los discos de muchos.

 

            Steve Marriot, al frente de los Small Faces, fue la imagen de los mods auténticos, frente a los reciclados Who que la adaptaron por indicación de su manager. Adeptos a las anfetaminas y al soul negro, pasaron del salvaje rhythm and blues al cabaret pop. Marriot murió en el 91, en un incendio en su casa mientras dormía una borrachera. Nadie es perfecto, que decía el otro.

 

Xavier Valiño

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 SPIRITUALIZED

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ARTÍCULOS 1997


Spiritualized, cimas astrales

 

 

(Ese sonido que se escucha a lo largo de los 69 minutos de Ladies And Gentlemen We Are Floating In Space! Sí, algo así como el sonido de un Brian Wilson joven con sus alucinaciones. ¿Qué es? Pues ni más ni menos que un grupo dispuesto a explorar los abismos más profundos y oscuros del vudú de Nueva Orleans, usando orquestas de jazz cósmicas y coros gospel.

 

Volvamos a la realidad por un momento -y hace falta echarse cubos de agua por toda la cara-. Porque Spiritualized, tal y como te dirán los que están enganchados en el mundo de Jason Pierce desde las andanzas de Spacemen 3 en busca de la prescripción ideal, están tan inclinados hacia las sustancias farmacéuticas que es fácil dejarse llevar por el gran número de conceptos que te lanzan desde sus discos.

 

Una vez claro esto, el álbum. Ya casi con dos años (el bueno de Jason se ha tirado 18 meses vagando por el mundo buscando la mezcla perfecta) y con 58 músicos en nómina, es, simplemente, una hazaña de dimensiones sísmicas. La obra de un hombre que, después de asimilar un abanico exagerado de influencias -de Frank Zappa a Sly Stone, por supuesto, pero también cualquier otra desde Elvis hasta Captain Beefheart, pasando por la última banda alternativa que puedas pensar-, ha conseguido crear un estruendo totalmente nuevo desde las ruinas.

 

 

Y de ruinas es de lo que habla todo el disco: el sonido de una relación no tanto en su momento más bajo sino completamente destrozada. Para ser francos, se trata de escuchar los diarios más privados de su autor convertidos en música. Los nombres reales y los sucesos son irrelevantes (aunque la teclista Kate Radley tiene algo que ver); es el dolor causado lo que importa.

 

La frase que lo abre lo dice todo -"lo que necesito es un poco de amor que se lleve el dolor"-, agitándose como una nana desde las puertas de la redención. El ánimo del disco queda fijado. El amor es la ley y, después de perderlo, nada que no sea el olvido que proporcionan las drogas puede evitar el dolor.

 

En el momento en que uno sale del analgésico gospel "Cool Waves" y de la demoledora colaboración con Dr. John de 16 minutos "Cop Shoot Cop", queda plenamente convencido de que, si existieran las catedrales sónicas, entonces Ladies And Gentlemen We Are Floating In Space sería todas las que hay en Europa fundidas en una sola.

 

Jason Pierce, amante despechado  y alquimista sónico, ha creado su obra maestra definitiva, eso es todo, y si quieres una parte de su genio ciego todo lo que tienes que hacer es encender uno largo, muy largo y dejarte mecer por él…

 

Xavier Valiño

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 GORKY’S ZYGOTIC MYNCI: "Barafundle"

 

 

 

Son los reyes del despiste, o al menos lo intentan. Y no queda claro si lo consiguen. Lo suyo es encubrir melodías pop con todos los elementos a su alcance para que nunca lo lleguen a parecer, empezando por los instrumentos imposibles -perderse en las explicaciones o los nombres bien vale una sonrisa-, contando con los giros más difíciles -cómo pervertir una canción hasta dejar irreconocible su estructura inicial- o utilizando indistintamente el inglés y el galés.

 

 A veces recuerdan a los High Llamas, lo que nos lleva más atrás en el tiempo hasta los Beach Boys, los Beatles e, incluso, los desvaríos de Syd Barret con Pink Floyd. Con "Patio Song" -la canción perfecta en un mundo ideal-, "Heywood Lane" o "Sometimes The Father Is The Son" lograrán llegar a más gente, aunque algún incauto quede luego perplejo al escuchar el resto de desvaríos pastorales-medievales.

 

También puede parecer un disco conceptual de obsesivo folk-rock del 73. Ciertamente se trata del tipo de música de la que Sid Vicious y sus colegas siempre intentaron protegernos. Incluso puede convertirse en un estigma disfrutar con un disco como éste en algunos círculos. Pero no hay razón para preocuparse: a ellos les importa un bledo y a nosotros también, porque Las Melodías están ahí para quedarse.

 

Xavier Valiño

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La hiel de Tindersticks

 

 

A veces resulta difícil que nos gusten, eso está claro. Seguramente te será imposible escuchar sus lamentos en la radio. Parecen más tristes con cada nueva canción. Sus discos no escatiman duración o intensidad. Y nunca, nunca les verás una sonrisa.

 

Pero deberíamos amarlos profundamente. Su tercer disco -sexto si contamos sus dos directos y la banda sonora de la película francesa "Nenette et Boni"- viene a confirmar aun más que nunca que ningún hombre triste enfundado en un traje de corte clásico sonó tan bien.

 

Curtains es tan interesante como los dos discos que le precedieron, colecciones de canciones que oscurecen todos los intentos previos de languidez alcoholizada. "Another Night In" fluye y se crece entre cuerdas furiosas, con Stuart Staples sollozando todo el rato como un hombre que acaba de perder a su mujer, su perro y la colección completa de los discos de Leonard Cohen. Y resulta hermoso. Así que estamos en territorio familiar. La dieta habitual de personajes suspirando de amor, relaciones que se desmoronan, corazones rotos y dudas terminales.

 

 

"Rented Rooms" es elegantemente sórdida, abriéndose con una sección de cuerda que brilla como luz de luna en callejones oscuros y empedrados. Staples ofrece su mejor interpretación aquí, un libertino que observa impúdicamente el sexo vacío en hoteles baratos, mientras su voz es una sombra sepulcral batiéndose entre guitarras de ambientación latina.

 

Los instrumentistas no son los más lustrosos del universo, pero confirman su condición de perfecto fondo sonoro para el desgarro: la forma en la que la dispersa "Don’t Look Down" se transforma en un absorbente y doloroso clímax al estilo de Henri Mancini es un lujo por el que debemos estar agradecidos; o el soporífero vals "Dancing", como si se tratase de una interpretación aún más arrastrada de cualquier canción de Nick Cave.

 

Curtains es la banda sonora perfecta para todas aquellas veces que uno se ha sentado solitario en la barra del bar, hundiéndose en su propia miseria. Al fin y al cabo los momentos más tristes son los que proporcionan mayor seguridad en uno mismo.

 

Xavier Valiño

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