ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 ECHO AND THE BUNNYMEN

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 ECHO AND THE BUNNYMEN

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 1997


 

ECHO & THE BUNNYMEN: Ballyhoo- The Best Of Echo & The Bunnymen

 

 

 

Cada vez que un legendario grupo del ayer se reúne de nuevo, la primera pregunta siempre debería ser: ¿Por qué? Y por lo general la respuesta siempre es la misma: dinero. Sucede que, incluso en este nuevo mundo que ellos contribuyeron a forjar, es difícil no ver la razón por la que Echo & The Bunnymen no pueden llevarse una tajada de los discos de oro de, tomemos por ejemplo, Radiohead. ¿Lo que nos conduce a qué? ¿Orgullo? ¿Ganas de divertirse? ¿Seguro que no se trata del  síndrome del trabajo inacabado?

 

Tal vez. Después de la carrera en solitario de Ian McCulloch, con Candleland, The Prodigal Sons y Mysterio Show, además de la reunión con sus viejos colegas el año pasado con el nombre de Electrafixion -excepto el batería Pete de Freitas, muerto en accidente de moto en el 90-, ellos eran los únicos con derecho a revitalizar su viejo nombre. Evergreen es su decente regreso, un serio aspirante al título de mejor álbum de regreso nunca grabado.

 

 

Ballyhoo es el intento de su anterior discográfica de rentabilizar su pasado y, salvo ese descarado interés, el antecedente de otro recopilatorio similar y el poco agraciado epílogo de su carrera Bring On The Dancing Horses, nada más hay que objetar. Echo & The Bunnymen fueron, en algún momento de los 80, los reyes y los únicos herederos de The Doors. "The Killing Moon" es su testamento definitivo. "The Cutter", "Porcupine", "Heaven Up Here" o "Rescue" están ahí, al lado de aquella joya, para demostrar que eran únicos en intensidad eléctrica y letras impermeables. En su día se lo ganaron y, por lo de ahora, no han acabado con su mito: dejémosles, por lo tanto, tener una digna vejez.

 

Xavier Valiño

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 TEXAS

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ARTÍCULOS 1997


Texas, haz lo que debas

 

 

Tienes 18 años, te llamas Sharleen Spiteri y vives en un apartamento alquilado en Glasgow. La primera canción que compones se titula "I Don’t Want A Lover" y diez años más tarde todavía suena al menos una vez por semana en la mayoría de las emisoras de tu país. Antes, tu mejor amigo y apoyo en la composición, Johnny McElhone, ha escrito canciones para Altered Images y Hipsway, pero ésa es otra historia.

 

Durante unos años, y a pesar de un par de cambios en el grupo aquí y allá, seguís sin desviaros del camino que yace ante vosotros: tres álbumes de canciones pulidas que mezclan pop, soul, rock y gotas de blues y countrySouthside, Mother’s Heaven y Rick’s Road-. Se venden como rosquillas y hasta Sister Rose de Sly And The Family Stone accede a colaborar en el tercero.

 

Vuestro último éxito es una versión de una canción mágica, "Tired Of Being Alone", de Al Green. Algo extraño está sucediendo. La música que os inspira últimamente tiene más que ver con añejos sellos de soul como Stax, Motown o Shrine que con el rock-orientado-para-adultos en el que se os estaba encasillando. Mientras, vuestros seguidores siguen necesitando su ración de pop escocés animado. Así que es hora de retirarse y modificar la estrategia.

 

 

Y vas y comentas: "Lo que importa es el reto; he querido llevar a Texas hasta el límite de lo que ignorábamos para que el grupo trabajara de un modo que no nos resultara conocido. En White On Blonde nos hemos reinventado. Cuando la gente me pregunta cómo describiría la música que hace Texas ahora les digo que es sencillo: éste es un disco de soul moderno."

 

O de trip-pop también. Os gustaría que fuera como un cruce del What’s Going On de Marvin Gaye, el Rumours de Fleetwood Mac y el Blue Lines de Massive Attack, salvando las distancias, por supuesto, que las obras maestras no están al alcance de cualquier pretendiente. Pero al menos lo intentáis sin que os importe demasiado que se sepan de dónde parten las referencias. Y para ello colaboráis con el joven y dinámico personal de Grand Central, expertos en hip-soul, o contáis con la producción de Mike Hedges, responsable del increíble cuarto disco de los Manic Street Preachers, y del ex-Eurythmics Dave Stewart. Ambición no os falta y con White On Blonde seguro que acercaréis a las listas de éxitos parte de los sonidos más interesantes de estos últimos años. (Aunque sólo fuera por ello!

 

Xavier Valiño

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 LIBROS-ROCK

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Libros rock, lectura navideña

 

No son las compañías discográficas las únicas que se lanzan con todos los medios a su alcance a por los pobres incautos consumidores durante las fiestas navideñas. También las editoriales quieren su tajada del pastel. ¿Y a nosotros que narices nos importa si el caso es tener libros decentes en las librerías?

 

Lo más curioso del fenómeno es que si hasta hace muy pocos años la bibliografía rock era muy, muy escasa por aquí, ahora llueven los libros rock. No todos son recomendables, pero suponemos que las editoriales, al igual que las multinacionales del disco, tienen que tener su parte de chicos de la calle de atrás y chicas especiadas en los quioscos para poder poner en el mercado otras cosas. Tampoco lo que se edita está al nivel de otros Estados, pero allí el mercado es más grande, tienen más tradición y un libro documentado sobre rock está considerado. Aquí, por ahora y por desgracia, sigue siendo un género menor.

 

Estudios rock

 

Dos de ellos están entre los libros más interesantes publicados hasta ahora. Geografía del rock de Ignacio Juliá, uno de los directores de la revista Ruta 66, hace un recorrido por todos los puntos del mapa que han tenido alguna relevancia en la música de este final de siglo, parando en locales de ensayo, hoteles, viviendas, bares, salas de conciertos, escenarios de festivales, estudios de grabación… Cómo no, presta especial atención a los USA y al Reino Unido, haciendo unas pequeñas referencias a Australia y Europa.

 

El libro se completa con dos apéndices: el primero dedicado a las doce mejores tiendas de discos del mundo y el segundo  a enumerar las canciones relacionadas con algún lugar geográfico, real o ficticio. O sea, el libro indispensable para callejear por las principales capitales del mundo del rock aunque, tal vez, se hubiera podido pensar en otra estructura y en dedicarle un capítulo a la Península.

 

La censura en el rock, de Jordi Bianciotto, periodista musical y coordinador de Fantastic Magazine, da un repaso a todos aquellos momentos en los que el rock ha estado contra las cuerdas gracias a los gobiernos, los medios de comunicación o las propias compañías, tanto fuera como dentro de España, a la que se dedica una parte especial.

 

Y su mejor baza es que no se para en lo evidente: sean dictaduras, democracias, regímenes comunistas o islámicos, todos tuvieron algo que decir y censurar. O sea, todos los enemigos del rock retratados a través de numerosas anécdotas, unas más conocidas que otras, aunque sus caras no siempre son públicas: ahí queda, para otro estudio, el reto de desenmascarar a los funcionarios y políticos que en los años 60 y 70 se dedicaban a parar o  masacrar imágenes, canciones, discos, medios de comunicación, conciertos en directo…

 

Satanismo y brujería en el rock, el primer libro de Jota Martínez Galiana, es más previsible. Su índice podría haber sido adivinado fácilmente: hippies, familia Manson, Black Sabbath y Led Zeppelin, heavy, rock industrial… De todas formas el trabajo no deja de ser exhaustivo y va dirigido a un público muy concreto.

 

Diario del rock, de Joseba Martín, director de La jungla sonora en Radio Euskadi, es una completa agenda de las más de 3000 fechas con alguna relevancia en el mundo del rock: nacimientos, bodas, divorcios, muertes, conciertos, problemas con la justicia, relaciones con los medios, noticias, canciones… Aviso para despistados: se trata de una obra de referencia y no de un libro para leer como una novela.

 

También se han editado recientemente libros dedicados a grupos como Nirvana, P J Harvey o Rage Against The Machine, todos ellos con letras, comentarios de los propios artistas y una buena selección fotográfica, pero de este tipo sí que abundan los libros en los estantes.

 

Queda para el final el Anuario de la Música 97, editado por El País que, junto a su repaso de lo que ha sido el año, con un acercamiento a medio camino entre lo estrictamente comercial y lo más especializado, incluye una completa guía profesional y un CD con grabaciones inéditas de artistas de bastante éxito.

 

Xavier Valiño

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 PIXIES

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ARTÍCULOS 1997


Los Pixies han muerto

 

 

Los Pixies llegaron desde Boston. Llevaban gafas de sol y escuchaban a los Stooges de Iggy Pop, tocaban sus canciones por orden alfabético en alguna de las actuaciones y hacían discos de tal ferocidad eléctrica y genio sombrío como para inspirar a Kurt Cobain a escribir "Smells Like Teen Spirit" de principio a fin. Así de fácil: fueron el grupo de garaje definitivo, un hecho que la recopilación que ahora se edita Death To The Pixies intenta demostrar lo mejor que puede.

 

En los cinco años que van de 1987 a 1992 hicieron cinco discos de chiflada originalidad. Eran discos de brevedad neurótica y volumen destructivo, discos que se quebraban bajo el inmenso peso de su propia distorsión, pero que eran impulsados por melodías enrevesadas y una individualidad abrasiva. En resumen, eran discos que redefinieron la naturaleza de la música rock.

 

En el centro estaba Charles Thompson, un tipo de figura imponente cuya vida no había tenido hasta ese momento el más mínimo aliciente. Después de formar la banda en 1987 con Joey Santiago -a partir de un anuncio en el que solicitaban músicos interesados en Hüsker Dü y Peter, Paul & Mary-, cambió su nombre por el de Black Francis y se embarcó en la temeraria cruzada de hacer de los Pixies la más extraña banda de rock’n’roll que jamás nadie hubiera escuchado.

 

Evitó escribir de sí mismo y se obsesionó con el sexo y los relatos bíblicos, y, más tarde, con los ovnis y la ciencia ficción. A veces comunicaba sus explosivas ideas en castellano, aunque más a menudo lo hacía con rabia lastimera y gritos que destrozan los nervios.

 


 

Después de Come On Pilgrim, Surfer Rosa -el disco en el que Steve Albini les grabó las guitarras con todos los micrófonos escondidos en el bombo de la batería durante más de dos semanas- y Doolittle la sacudida de la novedad desapareció inevitablemente. Al igual que The Jesus & Mary Chain con Psychocandy habían llevado el rock’n’roll al límite y no podían hacer nada más. Bossanova y Trompe Le Monde eran aún ejercicios de ardiente ruido blanco y furia desnuda, pero nunca pudieron recapturar la atmósfera de los tres primeros.

 

El único problema de la colección que ahora se edita, Death To The Pixies, es que, con sólo 17 canciones, a duras penas escarba en el legado de los Pixies. De todas formas, vale la pena hacerse con la edición en doble compacto, que incluye un concierto en Los Países Bajos en 1990 con 21 canciones. Al fin y al cabo, ése era el otro punto de los Pixies: también fueron una de las más grandes bandas en directo de todos los tiempos.

 

Xavier Valiño

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 EL EUROPEO COLECCIÓN DE LIBRO-DISCOS

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 EL EUROPEO COLECCIÓN DE LIBRO-DISCOS

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ARTÍCULOS 1997


El libro-compacto, un universo en ciernes

 

Colección de El Europeo con libros-discos de Atxaga, Morente y Bustamante

 

 

En el mundo editorial surgen, de vez en cuando, iniciativas cuando menos curiosas. Tan simples y acertadas, que cuesta imaginar la razón por la qué no han tenido precedente. El libro-compacto parece más una idea publicitaria que una necesidad editorial, pero si uno repara en los escogidos para dar origen a esta nueva colección, no hay más remedio que claudicar ante su necesario y espontáneo alumbramiento.

 

Luis Eduardo Aute dibuja, canta y escribe poemas, así que con este nuevo formato encuentra lugar para dar rienda suelta a su creatividad, a través de poemigas y boligrafías, que así las llama él en Animal. Mari Pau Domínguez consigue que Gabriel Sopeña ponga música a sus poemas y trece cantantes presten su voz a su Universo en ciernes. Sisa se reencuentra con el estudio en El viajante y Luis Pastor borda un hermoso Diario de a bordo. Hay, sin embargo, otros tres volúmenes que merecen una atención más detallada.

 

 

Bernardo ATXAGA: Nueva Utopía

 

En la presentación del libro-compacto Nueva Utopía, el propio Atxaga reconoce su veneración adolescente por los Animals o los Beatles, canciones que, aunque no entendía, le permitían escapar de su pequeño mundo con un aire de superioridad espiritual. "La vida hermosa no es la que se conoce, sino la que se ignora", comenta en cita a Leopardi.

 

El conocer a músicos y cantantes que utilizaban el euskera como idioma habitual, sobre todo Mikel Laboa y Xabier Lete, impulsó su conversión a aquella lengua desconocida para él y, desde entonces, el círculo de amigos-músicos no ha dejado de ampliarse.

 

          Mucho antes de la revelación de Obabakoak, Atxaga ya había colaborado con Ruper Ordorika en su disco Hautsi da anphora del año 80, por lo que un proyecto como el presente no debe sorprender. En Nueva utopía recupera tres de aquellas canciones, que marcan el espíritu del disco, ya que el tratamiento acústico que Ruper Ordorika les dio en su momento resulta, con el paso de los años, el más adecuado, y condiciona el resto de aproximaciones posteriores a la obra de Atxaga.

 

Mikel Laboa pone un aire cabaretero a sus dos interpretaciones, como es el caso del homenaje-poema dedicado al poeta José María Aguirre "Lizardi". También Jabier Muguruza, cercano al universo de Atxaga aunque la proximidad familiar a Negu Gorriak pudiera hacernos pensar lo contrario, encuentra el tono justo en sus dos intervenciones. El propio Atxaga presta su voz a uno de los poemas más misteriosos y hermosos, "Asmakizuna" -"Adivinanza"-.

 

Con el subtítulo de Canciones, conversaciones y poemas, y un brillante trabajo de ilustraciones a cargo de José Luis Zumeta, este libro-compacto recoge, además, relatos, poemas, conversaciones y una introducción del propio autor, siempre dentro de su estilo sencillo y directo. Esa lengua extraña que es el euskera tuvo un sueño largo y una biblioteca breve: a buen seguro que pocos proyectos ayudan tanto como éste a su difusión.

 

 

Julio BUSTAMANTE: Sinfonía de las horas

 

 

Puede que ya hubiera renunciado a su pedazo de gloria artística o que se sintiera cómodo en su papel de creador sin mayor recompensa. Lo cierto es que un buen día del 94 comenzó a grabar Sinfonía de las horas, sobre sus propios poemas, sin estar muy convencido de si se llegaría a publicar y sin sospechar que ése sería, por fin, su momento.

 

Bustamante, valenciano y mediterráneo convencido y practicante, tiene detrás de sí libros de relatos, poemas y cuatro discos, dos en castellano y dos en catalán, además de diversas colaboraciones con Remigi Palmero, In Fraganti, Platino o Presuntos Implicados. Sinfonía de las horas lo condensa todo en los 58 minutos del compacto y en las cien hojas de su libro, con poemas, citas, dibujos y las letras de sus canciones.

 

Tres de estas canciones son las responsables de tal repercusión y “Hablando de Van Morrison” la principal culpable. Es difícil recordar algo semejante en acercamiento musical a la figura del león de Belfast. Bustamante ha adaptado sus recuerdos de niñez a la cadencia de los textos de Van Morrison -"los niños abrazados a las piernas el domingo en la cocina esperando el arroz, esperando el arroz"-. La sintonía es total y del homenaje sentido Bustamante llega a la cima de su expresividad.

 

"Una casa en el sol" se beneficia de una producción decente, que en el resto del disco se convierte en un lastre insalvable, y de la cálida voz de Carol McCloskey. También queda claro que su reciente experiencia cubana lo ha marcado profundamente. "Desde que vine de Cuba", con su tratamiento acústico, se acerca al ritmo y al calor de la isla caribeña: "que aquí con tanta abundancia / la gente nunca se anima / a ver que el mejor tesoro / es la alegría del alma".

 

El propio Bustamante tiene las palabras perfectas para su despedida en el relato "Cuento de hadas, brujas, magos y espabilados": "El amor es una larga lista de necesidades. Pensar que la belleza existe fuera de la utilidad es cosa de imbéciles."

 

 

ENRIQUE MORENTE Y LAGARTIJA NICK: Omega

 

 

Morente ha ocupado el lugar de Camarón. Hoy por hoy, él es el auténtico príncipe gitano. Lagartija Nick no pasaban de ser una banda con más pretensiones que las que les infundía la sociedad de los medios de comunicación, a ritmo de rock contundente e intelectual. De Omega todos salen beneficiados.

 

Morente, aun siendo consciente del logro de este trabajo, puede que sea el menos sorprendido de todos. Ya tenía su experiencia poniendo música a poemas de diversos autores en el pasado y son bien conocidos sus intentos por revitalizar el flamenco, sin caer en la pérdida de identidad de algunos de los nuevos flamencos. Omega sólo sorprende, en su caso, por reafirmar su condición de maestro capacitado para todos los envites.

 

Lo más cerca que Lagartija Nick habían estado de algo parecido son los textos de José Ignacio García Lapido en 091. En esta ocasión, consiguen reconducir sus abruptos acordes y adaptarse al desafío con una pasmosa facilidad y un acierto tal que su recién adquirida versatilidad deja en evidencia al resto de su generación.

 

Tampoco los poemas de Federico García Lorca escogidos, de Poeta en Nueva York, eran los más fáciles de adaptar. La única referencia anterior en la que intuir un posible camino la había marcado Leonard Cohen con sus adaptaciones. Tanto los palos flamencos como los acordes de rock los han absorbido sin complejos y hasta el mismo Leonard Cohen reconoce que Omega es el mejor regalo que le han hecho en su vida. Evidentemente, una vez más, el viejo canadiense no anda nada descaminado.

 

Xavier Valiño

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