ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 CAFÉ TACUBA

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 CAFÉ TACUBA

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 1997


Café Tacuba, chilanga banda

 

 

Hace algún tiempo, exactamente cuatro años y algunos meses, se leía en algunos medios -sólo algunos-, ‘(Oiga usted a Café Tacuba!’, a raíz de la presentación del primer trabajo discográfico del grupo, Café Tacuba, en la ciudad de México.

 

A partir de ese momento, el recorrido que hasta entonces habían realizado en los foros subterráneos de su país de origen -México, por supuesto-, se convirtió en una impresionante aventura musical sin precedentes, consiguiendo paso a paso reconocimientos, logros y satisfacciones que transformaron en una realidad sueños delirantes.

 

De esta forma, Café Tacuba llega con paso firme hasta su siguiente álbum Re, en el cual logran plasmar en veinte canciones absolutamente iconoclastas su crecimiento proporcionado por las diversas giras y los cientos de elementos musicales y culturales incorporados a través de su filtro –tacubo– en un trabajo que se caracteriza por su absoluta falta de prejuicios y su total eclecticismo.

 

 

Montados en la vertiginosa carrera que ahora implica su apretada agenda de trabajo -y su agenda personal también-, Café Tacuba nos entrega su nuevo reto: Avalancha de éxitos. Por primera vez se atreven con las versiones, y no una, sino (ocho! La idea de realizar este trabajo surge a partir de la interpretación de alguna versión durante la última gira de la banda, en 1995; por eso la selección de los temas es diversa y desinhibida, al igual que su interpretación.

 

¿Y cuáles son esas versiones? "Chilanga banda" es un tributo a uno de los mejores compositores del rock en México, y un tema que rescata el caló, lenguaje popular, a través de un brillante juego fonético a base de ches. "No controles", un tema de Nacho Cano para Olé Olé, en clave disparatada, con la colaboración de David Byrne. "Ojalá que llueva café", del bonachón Juan Luis Guerra, con un arreglo de huapango que la vuelve casi irreconocible. "No me comprendes", homenaje al gran Bola de Nieve. "Cómo te extraño", de Leo Dan, con un toque orientado hacia el ska. "Perfidia", un clásico de la bohemia compuesto por el chiapaneco Alberto Domínguez, basado en la versión instrumental surf del grupo The Ventures. Y así hasta el infinito, que aquí es ocho. ¿Quién puede dudar que la regeneración del rock en castellano está en las bandas sudamericanas? 

 

Xavier Valiño

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 LEÑO

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 LEÑO

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 1997


Leño, maneras de vivir

 

 

Los Leño se gestaron en la fábrica de grupos de rock que por aquel entonces era la agencia "CentroRock" que dirigía el manager Javier Gálvez, justo cuando por ahí fuera los Sex Pistols encabezaban la revuelta punk al grito de "(No hay futuro!". Fue a comienzos del 78 cuando Rosendo Mercado decide abandonar el grupo Ñu, en el que compartía liderazgo con José Carlos Molina, y forma su propia banda, acompañado por el bajista Chiqui Mariscal -más tarde sustituido por Tony Urbano- y el batería Ramiro Penas.

 

Graban dos canciones ("Este Madrid" y "Aprendiendo a escuchar") producidas por el Mariscal Romero, todo un personaje en el naciente rock de entonces, y con ellas aparecen en el disco colectivo Rock del Manzanares, un álbum que puede considerarse el inicio del movimiento que surgía con el sello Chapa. Su primer disco, sin embargo, no comienzan a grabarlo hasta más de un año después de esas dos canciones. Producido por Teddy Bautista, significó una auténtica conmoción en el panorama del rock nacional, logrando himnos coreados y recordados como aquel "Es una mierda este Madrid, que ni las ratas pueden vivir".

 

El impacto de Leño no tuvo parangón, salvo, tal vez, el de Tequila, aunque en otros ámbitos, acusados, además, de falta de credibilidad. Siendo la banda más valorada y respetada por las tribus heavy, en realidad es el grupo menos heavy de todos: Leño es, fundamentalmente, y por encima de todo, un grupo de rock, simple, directo y contundente. Si en esta desafortunada clasificación buscamos una banda foránea a la que le suceda lo mismo, inevitablemente tenemos que pensar en AC/DC.

 

La imagen magnética de Rosendo Mercado y sus textos, referentes imprescindibles de la cultura urbana, han mantenido viva hasta nuestros días la leyenda de la banda: las jóvenes generaciones son, aun más si cabe, fervientes admiradores del grupo, y sin ellos nunca habrían existido grupos como Reincidentes, Porretas, Extremoduro, Sociedad Alkóholika…, bandas que siempre confesaron con orgullo su admiración y respeto.

 

Maneras de vivir es la recopilación definitiva de su obra. Contiene 20 canciones, dos de las cuales -las versiones en estudio de la canción que la titula y "Aprendiendo a escuchar"- nunca habían aparecido antes. Con un sonido actualizado y remasterizado, incluso demasiado limpio, se convierte ya en referencia indispensable para conocer y comprender la historia del rock estatal.

 

Xavier Valiño

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 RUIDO, EL ESTADO DE LA ESCENA ESTATAL

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 RUIDO, EL ESTADO DE LA ESCENA ESTATAL

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 1997


¿Mucho Ruido? y pocas nueces?

 

El verdadero estado del pop estatal

 

 

Por supuesto que una compañía tiene todo el derecho a exprimir su catálogo -y parte del de otros afines-  e intentar sacar el máximo rendimiento a su inversión. Máxime tiendo en cuenta que ese sello está siendo el único de los grandes mínimamente preocupado por dar cancha a la creatividad y a las últimas tendencias. Ruido?, ya en su segundo capítulo, el recopilatorio de parte de las bandas más representativas de los últimos meses, es su apuesta y su inversión, así como nuestra excusa para hacer balance de una escena ¿asentada? 

Les intentan colocar la denominación genérica de ‘tercera generación del pop estatal’ y, a fuerza de aceptarlo, van a tener que acabar creyéndoselo. Los lejanos albores de los 60 y la explosión sin precedentes de los primeros 80 les contemplan, aunque tal vez la rebeldía juvenil que se les supone les impida aprender de tal ejemplo o aceptar como propias algunas influencias evidentes y retenidas en el subconsciente -tan sólo Los Planetas, en un extraño alarde de sinceridad, han dejado caer sin demasiada convicción nombres como Mamá-.

Si asumimos a los repescados de la segunda época, su carta de nacimiento estaría fechada en la segunda mitad de los años 80. Precursores aún en activo como  Los Enenmigos, Javier Corcobado o Surfin’ Bichos -estos últimos ahora escindidos  en dos de las propuestas recientes más solventes: Mercromina y Chucho- se adelantaron a su tiempo fijando las bases principales de lo que vendrían a significar sus acólitos en los 90. 

Su principal preocupación es no socavar una serie de principios casi dogmáticos, reducidos a un sólo término: credibilidad. Las garras de las grandes empresas no se han afilado todavía en exceso, pero, ¿cómo hacerlo frente a bandas que nacen todas en la independencia más combativa? Por suerte, hasta ahora han preferido apostar por la opción minoritaria y sin recompensas claras, a base de discos de corta edición, giras vividas desde la furgoneta y pequeñas glosas en los medios especializados.

 

 

Lagartija Nick abrieron el camino del asalto a la multinacional, puede que quemándose en el empeño -y en el de su evidente carga intelectual-, y tan sólo Los Planetas consiguieron ir tras su estela manteniendo su fiel audiencia sin perder un ápice de la tan estimada credibilidad. Los Enemigos son caso aparte, por ser los más veteranos y haber vivido en sus carnes el continuo salto de compañía en compañía.

 

De eso se trata: contar con apoyo y distribución mayoritarias, con las mínimas renuncias y manteniendo el control sobre el producto final. La última avanzadilla ha conseguido lo más difícil: retener la supervisión sobre su trabajo con ediciones independientes y conseguir toda la promoción y el respaldo de la misma compañía multinacional, reservándose ésta un futuro fichaje si llegan a una mínima cantidad de ventas. Por ese camino transitan ya Australian Blonde, Penélope Trip, Nosoträsh, Corn Flakes y El Niño Gusano. De su suerte depende la continuidad y las futuras incorporaciones al modelo.

 

Dentro de esa aparente vocación de marginalidad, y siempre que asimilemos que todo lo que no se cuenta en miles de unidades queda reducido a una mínima repercusión, el idioma parece ser el otro elemento definitivo y el más insalvable, aunque no debería dejar de ser considerado algo accesorio. En una manifestación cultural que tiene al inglés como idioma mayoritario, lo cierto es que parte de los posibles destinatarios no dejan de dar la espalda a quienes no se expresan en castellano.

 

Lo importante deberían ser las canciones, y Maddening Flames, Manta Ray o Australian Blonde las tienen y podrían competir en igualdad de condiciones con sus coetáneos de más allá de las fronteras. Es una lástima pensar que si utilizaran el castellano su suerte podría cambiar radicalmente. Pero ahí volveríamos al capítulo de renuncias que no entran en el guión y, hasta el momento, sólo Paperhouse o My Criminal Psycholovers se han atrevido a traicionar sus planteamientos iniciales.

 

Al menos se ha conseguido un circuito más o menos estable de locales de aforo reducido, receptivas a este tipo de grupos, un fenómeno que siempre ha estado ahí, sobreviviendo con mucha voluntad, aunque reducido a su mínima expresión. Puede que el Norte haya puesto sus señas más evidentes y el centro geográfico de la explosión se ha trasladado de Vigo a Gijón -cantera inagotable del noise en inglés- y Donostia -con su cantera más entrañable y dulce: Le Mans, Family, Daily Planet, El Joven Bryan Superstar, La Buena Vida-.

 

 

Ya no cabe tampoco la excusa de los medios. Sigue sin leerse prensa especializada, pero hoy, más que nunca, la escena tiende a infiltrarse en los medios generalistas, sobre todo los escritos. Y no es porque los grupos hayan tenido un arrebato lúcido y vayan solicitando su hueco, sino que los grandes imperios de la comunicación necesitan renovar su clientela y van directamente a la yugular de lo juvenil e impactante, mostrando en el diseño, por otra parte, su desorientación y desconocimiento.

 

Mientras unos se alían con el pasado tipo Byrds -Los Valendas, Cocrodiles, Pribata Idaho- otros hacen del noise profesión de fe -El Inquilino Comunista, Cancer Moon-, y ya hay quien ha derivado de este camino al otro -Parkinson DC-. Justo en el momento en que la mayoría empieza a comprender que el mimetismo con un sonido tipo Pixies-Sonic Youth ha sufrido un uso y abuso que llevaba sin remisión al callejón sin salida más lúgubre.

 

Falta ambición y ganas de traspasar el reducido ámbito que ha dado carácter a la escena. Oasis es un ejemplo tan evidente de la misma situación -aunque en otras latitudes- que parece mentira que nadie se haya decidido a seguirlo todavía. Tal y como están las cosas, Los Planetas son los únicos con las ideas lo suficientemente claras como para seguir ese modelo y salir triunfantes. Cuentan con el beneficio de la duda y la falta de competencia directa.

 

Xavier Valiño

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 ZONA DE OBRAS

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 ZONA DE OBRAS

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 1997


Zona de Obras, la revista-fanzine

 

 

 

Desde la capital maña, aunque no centrado exclusivamente en esa ciudad, se viene trabajando desde hace más de dos años en una publicación –¿fanzine?- que es, sin duda alguna, una de las más interesantes que se pueden leer por estos pagos.

 

Zona de Obras es responsabilidad principal de Rubén Scaramuzzino, que hace ya más de tres años se estableció en Zaragoza, después de dejar su Argentina natal, para trabajar como diseñador gráfico. Detrás de Rubén, en la dirección, y se supone que prestando apoyo crematístico, está el misterioso Dr. Feelgood, que no es otro que el líder de la banda hispano-argentina de mayor impacto de los últimos siete años, desaparecida recientemente. Piensa un poco y acertarás.

 

Cuando Rubén llegó de Argentina tuvo la idea de elaborar una publicación en la que dar rienda suelta a su creatividad artística, recoger la actividad musical del Estado y de Hispanoamérica y acercar más los dos continentes. Y así nació Zona de Obras, que actualmente cuenta con la distribución en el Estado a través de SURCO y en Argentina y Uruguay por medios propios.

 

         Dado el trabajo de Rubén, el auténtico lujo de esta publicación es su concepción gráfica, absolutamente brillante y a años luz de todo lo que se pueda ver en este tipo de publicaciones y, por supuesto, infinitamente superior a la de las grandes revistas que cuentan con una amplia tirada. Todas las páginas están cuidadas al detalle e, independientemente del gusto personal de cada uno, no se les puede negar originalidad y buen hacer.

 


 

Los contenidos de Zona de Obras conservan la frescura de los fanzines, con alguna particularidad. Para empezar, cuentan con las entrevistas que les apetecen según su gusto musical, con las que pueden competir sin ningún problema con las revistas especializadas -Rock de Lux, Mondo Sonoro, Ruta 66, El Tubo…- y sin caer en la cutrez de bastantes fanzines. Repasemos alguna de estas entrevistas: Antonio Escohotado, Alaska, Mil Dolores Pequeños, Sabino Méndez, Bustamante, El Niño Gusano, Cheikha Rimitti…

 

Pero no se conforman con tener acceso a todas esas bandas, sino que también consiguen que buena parte del mundillo musical colabore escribiendo artículos para ellos. Así, en los últimos números puedes leer lo que piensan o desvarían Manu Chao, Antón Reixa, Kike Turmix, Malcom Scarpa, Félix -Dr. Explosión-, Sergio Algora y hasta el ex-futbolista Miguel Pardeza.

 

Otra nota diferente la pone su redacción en Argentina. Desde allí se elabora la parte dedicada a grupos y artistas sudamericanos, y, gracias a ellos, en sus páginas puedes enterarte de quienes son Massacre, Patricio Rey, Chicos Eléctricos o de las últimas propuestas de Fabulosos Cadillacs, Los Tres, Café Tacuba y Spinetta. O sea, que creen en el rock latino y no como una moda, sino como una realidad que han mamado desde siempre y de la que pueden ofrecer una opinión de primera mano. De cómo se puede elaborar una revista a caballo de dos continentes, con la redacción dividida, es algo que pasa, inevitablemente, por el correo electrónico. Cuestión de modernidades.

 

Pero no todo se reduce a una revista pretenciosa en sus contenidos. Del mundo de los fanzines toman lo mejor: su falta de complejos y prejuicios. Así, junto a lo que ya hemos mencionado, pueden aparecer artículos sobre el heavy estatal -un completísimo dossier por entregas-, autos argentinos de los 70, cine gore, reggae, chamanismo, tatuajes, el Ché Guevara, los dictadores bananeros sudamericanos, el vinilo de siete pulgadas … Muchos de ellos son lo más reconfortante de Zona de Obras, por la duda que presentan: ¿están hechos de cachondeo o son todo un tratado versado sobre la materia? Puro material para el regocijo o la polémica.

 


 

La idea original vino acompañada desde el principio de la edición de un compacto para hacer aún más atractiva su propuesta. Desde entonces,  y cada dos meses, se han dedicado a repasar lo más interesante de los sellos independientes estatales, con un completo informe sobre sus artistas y un disco compacto en el que escucharlos: Triquinoise (n1 1), Subterfuge (n1 2), Munster (n1 3), Siesta y Grabaciones en el Mar (n1 4), Roto (n1 5), Por Caridad y Hall Of Fame (n1 6), Elefant (n1 7), Animal (n1 8), y Zona Bruta, Full On y Yo Gano (n1 9).

 

Además de los nueve números editados hasta el momento, a los responsables de Zona de Obras les ha parecido que no tenían suficiente trabajo -o es que son masocas- y se han decidido a lanzar su propia línea de números especiales monográficos, con una periodicidad semestral. Empezaron por la fiebre futbolera (n1 1), acompañado por un compacto con 27 de los himnos más coreados en los campos de fútbol ingleses, cortesía del sello británico dedicado al tema Exótica Records, que contiene más de una curiosidad.

 

 

Hace poco continuaron con el Especial Amor (n1 2), cargado de sugerentes y divertidos textos, en este caso con un doble compacto en el que aparecen, entre otros, Vainica Doble, Killer Barbies, Club 8, Sergio Makaroff, Joxe Ripiau, Tav Falco, Los Flechazos, Todos tus muertos, Willy Giménez…

 

Y no acaban ahí. El último especial se centra en los años 60, con un doble compacto con atención tanto a los grupos estatales como foráneos, y que inaugura una colección que va a repasar la historia del rock a través de sus cuatro décadas. ¿Quién da más?

 

Xavier Valiño

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 CINCUENTONES

ULTRASONICA ARTÍCULOS 1997 CINCUENTONES

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 1997


Aquellos maravillosos 50

 

  

A punto de acabar el siglo XX, el rock anda ya por su año cuarenta y tantos. Alguna de sus estrellas, de las que más brillan en su firmamento, han pasado ya la crisis de los veinte, la de los treinta, la de los cuarenta… (y entran ahora en la de los cincuenta! Mal año este 1.997 para algunos viejos rockeros, de esos que nunca mueren. Llegan a la cincuentena. Pero no te creas que les preocupa demasiado: viven cojonudamente de las rentas, la industria les permite grabar los discos que les da la gana, se les venera como dioses y alguno hasta tendrá su homenaje este año.

 

            No hay problema. Desde sus casas en Suiza seguirán prepararando nuevos conciertos y nuevos discos, manteniendo bien vivo el espíritu rebelde del rock’n’roll. Mucho tienen aún que aprender los mocosos esos que empiezan a editar sus discos y así se lo seguirán demostrando, siempre que no haya que parar por alguna inoportuna visita a la clínica.

 

            Algunos ya han pasado por la experiencia, y no parece que eso les haya hecho dejarlo. Como es el caso de los más conocidos, los Beatles, los que viven, claro, empeñados en demostrar que sus maquetas merecen un hueco en la historia y que ponerle música a bocetos de John Lennon es una idea de la leche. O los Stones, preparando nueva gira para poder morir con las botas puestas –(si hasta se reúnen los Sex Pistols, tío!- y batir el récord Guiness de ganancias por dar la vuelta al mundo desde los estadios. En meses precedentes llegaron también a tan estupenda edad Van Morrison, Neil Young, Robert Fripp, John Fogerty, mano-lenta Eric Clapton, Donovan, la recauchutada Cher o la viuda Patti Smith.

 

 

            Vayamos ya con los que cumplen años en este 1997. Quien se lleva siempre el gato al agua es el camaleón David Bowie, que celebra su cumpleaños entre homenajes y nuevas biografías, al lado de la bella Omán y viendo cómo lo mejor de su producción es saqueado impunemente, y con el beneplácito de todos, por unos mozalbetes llamados Suede. Ya avisó Mick Jagger: "no se puede llevar un par de zapatos nuevos en presencia de Bowie, porque te roba la idea", y Bowie hace honor a su fama con lo que nos preparó, todo sin quitarse el guardapolvos que paseó por el Doctor Music Festival. Primero, colaborando con los Pet Shop Boys; luego, poniendo sonidos jungle en su nuevo disco; y, por último, ayudando a Brian Eno a que le acabe su trilogía futurista antes de final de siglo. Si para entonces se ha convertido en Nathan Adler, su sosías en Outside, o sigue siendo el mismo es algo que está por ver.

 

 

            El bestia de su amigo, Iggy Pop, también está de fiesta. Aunque seguramente la haya celebrado de concierto en concierto, por los escenarios de varios continentes. Todos los que organizan festivales saben que no hay nada como el torso desnudo de la Iguana para vender entradas y tener garantizados unos minutos en la tele, y el simpático Iggy Pop cumple cantando una vez más cualquiera de sus ¿éxitos? como si de un karaoke se tratara. Pone la misma entrega que si tuviera veinte años, o casi, que para eso está su hijo de roadie, esperando a colocarle la bata blanca y ayudarle en caso de desfallecimiento.

 

             Tampoco se libra Reinald Kenneth Dwight. )Qué quién es ese tipo? El del peluquín, hombre. Elton John, que, tal y como se podía augurar, colocó de nuevo para el mercado navideño del 97, a modo de celebración, un nuevo disco de baladas con piano. La novedad, este año, tuvo como excusa la muerte de alguien de la realeza para poner una canción suya en la otra cara del single de homenaje y convertirlo en el más vendido de todos los tiempos. (Qué brillante! )No?

 

            Vamos ahora con los pesos pesados. El primero es el Bonnie Tyler masculino, más conocido como Meat Loaf -cacho carne-. En su caso, lo más lógico sería darle un aire melodramático a tan señalado acontecimiento, colaborando de nuevo con su pareja artística Jim Steiner y pegando los gritos de rigor, aunque ya lo haya hecho antes sin tener nada que celebrar. A modo de saga cinematográfica podría reaparecer con la tercera entrega del Murciélago salido del infiernoBat Out Of Hell– y no por ello el mundo tendría que reprochárselo.

 

            En el caso de Ian Anderson, de los añejos Jethro Tull, eso parece más impensable, pero cualquier día saca la flauta del empolvado estuche en el que la pasea por medio mundo, al tiempo que visita piscifactorías, ya que es un reputado empresario del sector, y nos entrega un segundo Thick As A Brick. Recuerda que ya tuvimos unas segundas Tubular Bells -y pronto unas terceras-, o sea que no tiene que ser tan complicado. Más difícil sería pensar en la reconciliación de Roger Waters y David Gilmour, los dos de cumpleaños, y hace un tiempo compañeros en Pink Floyd. Si se deciden a amenizarnos con algo algún día, lo más seguro es que nos eviten verles las caras, por eso de las arrugas, y así no tengamos que pasar el mal trago de ver lo mucho que disfrutan con su rock sinfónico de fin de siglo.

 

 

            Algunos no lo tienen tan claro. El héroe de la guitarra Brian May no encuentra su acorde desde que Freddie Mercury se fue. Seguro que aún queda alguna grabación inédita y así podría explicar otra vez la historia de Queen. Más difícil será ver al autor de "Morning Has Broken" sobre un escenario. Cat Stevens lleva retirado muchos años, convertido al Islam, pero siempre puede hacer una reaparición sorpresa para reafirmar los principios fundamentalistas islámicos, tal y como hizo hace un par de temporadas.

 

            Algo similar sucede con Santana, que aparece de vez en cuando… acompañando al setentón John Lee Hooker. De todas formas, aunque no haya grabaciones nuevas del latino y viva de las recopilaciones, grupos como Girasoules hacen todo lo que está en sus manos -y en sus guitarras- para que no nos olvidemos de él. Y Barry Gibb, con o sin sus hermanos Bee Gees, tendría en estas fechas una ocasión inmejorable para poner su sensacional falsete en ayudar a las carreras en solitario de los chicos de Take That.

 

            Marianne Faithful está refugiada de nuevo en la campiña irlandesa, un tanto al margen del circo rock, aunque las infidelidades su ex, el insaciable Mick Jagger, bien podrían servirle para añadir páginas a su autobiografía o como excusa para interpretar de nuevo "As Tears Go By" como si fuera propia.

 

            Nada de eso pueden hacer Ralf Hüttter, Florian Scheneider y Karl Bartos, los inventores del techno con Kraftwerk. Desde que se decidieron a cantar dos canciones en castellano en su último disco, Electric Caffe, no han podido grabar más. Así de exhaustos quedaron. Pero los maestros están al alcance de cualquiera que pueda pagarles unos duros. Bernard Summer y Johnny Marr le han hecho un hueco a Karl en el segundo disco de Electronic, así que, a falta de alguien que pague mejor, no deja de ser una salida digna.

 

 

            Quedan para el final los segundones. Ésos que da igual lo que hagan porque nunca han tenido el más mínimo éxito. Warren Zevon sigue cantando, a sus 50 años, a los "Hombres-lobo de Londres", esperando que sus amigos de REM quieran aprender algo más de él en una nueva entrega de Hindu Love Gods. Ry Cooder vive de tocar en los discos de todo el mundo, incluyendo a Carlos Núñez e incluso Luz, siempre que necesiten un mercenario de lujo, y de aliarse con amigos cubanos, que bien le pueden costar una sentencia en prisión en su país. Y Dave Davies, irreconciliable con su hermano Ray y los Kinks, debería empezar a pensar en volver al redil familiar. No le queda demasiado tiempo.

 

            Y si creías que el punk era algo joven, te falta por saber que su inventor, Malcom McLaren, también quemó en el 97 sus 50 años. Eso sí, en su caso puede que cualquier día nos descubra el flamenco a ritmo dance o cualquier otra de sus genialidades. )Quién dice que la edad le impide seguir haciendo el mono?

 

 

Los que no llegaron a la cita

 

            Puede que por eso su leyenda siga intacta. Algunos de los auténticos pioneros han dejado su huella en la historia del rock pero, por diversas causas, no han llegado hasta el 97. En este año hubieran cumplido 50 años, y algunos de los que si han tenido esa suerte pactarían con el diablo o darían toda su carrera por gozar del respeto que tienen los que ahora siguen. Vamos allá.

 

 

            Muy pocos recuerdan a Gram Parsons, pero el fue el auténtico renovador del country  e inventor del country-rock, comandando los Byrds y los Flying Burrito Brothers. Sus dos únicos discos en solitario G.P. y Griveous Angel son reivindicados una y otra vez desde entonces. Apareció muerto en el 73 en un desierto cercano a Los Ángeles, con restos en su sangre de morfina, cocaína y alcohol. Su amigo Phil Kaufman robó su féretro días después y quemó sus restos junto al Joshua Tree, el mismo que dio título a aquel disco de U2.

 

            Tim Buckley no lo contará tampoco, pero al menos tiene la suerte de ver como su hijo Jeff Buckley es el más digno de los herederos de los músicos rock del pasado. Su intensa voz, al servicio de canciones folk sensibles y atormentadas, hacía prever lo que sucedió. Después del fracaso artístico fue taxista, conductor para Sly Stone y acabó muriendo en el 75 después de confundir una dosis de cocaína con heroína.

 

 

            Marc Bolan estaba más en la onda del espectáculo, al menos con su época glam al frente de T. Rex. Antes había editado interesantes discos en solitario con títulos tan increíbles como Mi gente era hermosa y tenía el cielo en el pelo, pero ahora son felices por llevar estrellas en la frente. Murió en el 77 cuando el coche que conducía su novia Gloria Jones se estrelló, pero sus guitarrazos siguen aún bien vivos en la memoria y los discos de muchos.

 

            Steve Marriot, al frente de los Small Faces, fue la imagen de los mods auténticos, frente a los reciclados Who que la adaptaron por indicación de su manager. Adeptos a las anfetaminas y al soul negro, pasaron del salvaje rhythm and blues al cabaret pop. Marriot murió en el 91, en un incendio en su casa mientras dormía una borrachera. Nadie es perfecto, que decía el otro.

 

Xavier Valiño
1 2 3 11