CARDIFF, PAÍS DE GALES

Cardiff, ruta urbana alternativa

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Probablemente, después de una visita a la capital del País de Gales, uno podrá descubrir que no es ya el bastión minero británico. Cardiff, como las otras dos o tres grandes ciudades galesas, tiene muchas de las características del mundo moderno. Sin embargo, el centro no corre el peligro de convertirse en otro lío anónimo de complejos de compras. Las galerías céntricas, cada una con su propio nombre y diseño, añaden un toque de carácter a este histórico núcleo de comercio.

Tal vez las dos primeras preocupaciones del viajante sean el alojamiento y la comida. Un Bed & Breakfasft puede ser la mejor solución para aquel que no vaya de aventurero o no guste de los hoteles serios. En ellos, y por un precio asequible, se encuentra un ambiente familiar y típicamente británico. En cuanto a la oferta gastronómica, los extranjeros tienen copados los restaurantes: chinos, italianos, judíos, griegos, y hasta algún español o francés. También son frecuentes los vegetaria­nos o de comidas rápidas, más habituales en ciudades universitarias como ésta. En ninguno los precios son desorbitados, y lo más común es llevarse el menú para casa.

Bien es sabido que en Gran Bretaña se edi­tan cantidades ingentes de discos cada año. En caso de ir buscando una reciente novedad o alguna referencia que goce del favor de las listas, no será especialmente difícil hacerse con ello. Las grandes cadenas tienen también su sucursal en Cardiff: HMV (en la calle comer­cial por excelencia, Queen St.) y Virgin, con una concesión hecha a Debenhams (en las galerías, comerciales más conocidas, St. Da­vid’s Shopping Centre). Más arduo se hace encontrar discos descatalogados o de segunda mano, aunque rebuscando entre los cajones de dos tiendas se pueden hallar verdaderas maravillas en tiendas como Hippo Records (al principio de Albany Rd.) y Kellys (en el primer piso del Central Market, no muy lejos de las hortalizas o la carne picada). Hay una más, Spillers (The Hayes), una pequeñísima tienda indepen­diente que resulta ser la más apetecible por su trato, sus precios más económicos y la posibi­lidad de conseguir cualquier cosa en pocos días.

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En cuanto a las librerías, sucede más o me­nos lo mismo. Para novedades o grandes éxi­tos se puede visitar la sucursal de la cadena Dillons (Hill’s St.), o Lears (St. Mary St.). Chapter y Verse (Morgan Arcade) ofrecen una se­lección más atractiva. Y para localizar libros especializados conviene visitar Oriel (Charles St.) o Galahads (Salisbury Road).

Si de otros artículos se trata, el extenso mercado dominguero cercano al puerto ofrece de todo, desde paraguas a 200 pesetas. Y pa­ra arañar las antigüedades o regatear con los artículos de segunda mano, conviene visitar Jacobs Market (jueves y sábados, en West Canal Wharf). Pero el lugar más apetecible para perderse una tarde entera es el enorme al­macén de juguetes Toys’R’Us (Bridge St.), el sitio ideal para saciar todos los caprichos in­fantiles -o adultos-.

 

El espectáculo continuo

Al ser una ciudad de tipo medio, rondando los 250.000 habitantes, todo en Cardiff está a un paso, y como ciudad estudiantil cuenta con un sinfín de espectáculos, preferente­mente en épocas académicas. En Chapter Arts Centre (Market Rd.) se concentra el mejor cine, teatro y exposiciones, junto con actuaciones de grupos noveles y otras activida­des esporádicas. Más céntrico, el Sherman Theatre (Park Lane) no le va a la zaga, ofre­ciendo representaciones y películas en menor espacio; por su parte, el New Theatre (Grey­friars Rd) se centra en un repertorio más clásico y exitoso.

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Además de Chapter, varios locales ofrecen música en vivo regularmente. St. Davids Hall (Working St.) es un magnífico anfiteatro para los grandes recitales; cualquier ciudad envi­diaría un escenario igual, que puede acoger desde la Royal Philarmonic Orchestra hasta Elvis Costello. Aquellos grupos destacados que prefieren un contacto más cercano con el público escogen para sus actuaciones la sala de la Unión de Estudiantes (Students’ Union, en Park Place), con capacidad para unas 1.500 personas y donde el año pasado estu­vieron, por ejemplo, The Waterboys, The Wedding Present o Transvision Vamp. Los principiantes suelen abrirse camino en el Sam’s Bar (St. Mary Street). Tan sólo queda un pequeño tugurio dedicado exclusivamente al jazz: Four Bars lnn (Castle St.); en él, el humo y las notas conviven con poco más de 50 afortunados espectadores cada noche, mientras los voluntariosos aficionados locales aprenden a no avergonzarse para el día en que tengan que compartir escenario con los artistas reconocidos.

No es posible pensar en una ciudad britá­nica que no tenga un gran número de pubs, aunque en Cardiff son más que suficientes. Más que una cuestión de cantidad, lo verda­deramente importante es la diversidad entre ellos. Una primera advertencia invita a no salir el día en que se celebra un partido de rugby, el deporte nacional, ya que las calles son to­madas por los hinchas y nada acaba bien.

Una posible ruta podría comenzar en el P.Cs. (City Rd.), donde confluye una clientela directamente sacada de la Escuela de Arte cercana. El Woodville (Woodville Rd.) es, en su planta baja, el más parecido a un pub de los de aquí, por su bullicio y ambiente coloris­ta; de todas formas, en la planta alta el ruido está ausente y es posible la charla. También acude todo tipo de gente a The Tavern (Cast­le St.), el más llamativo a la vista por su simili­tud con una cueva. Bastante próximos, en Womamby St., están el Club Galés y un pub en un primer piso donde se reú­ne lo más pintoresco de las tribus urbanas.

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Para acabar la noche, The Hanging Gar­dens, en la Unión de Estudiantes, es una di­vertida discoteca que cambia cada noche de estilo musical y, consecuentemente, de clien­tela. Philarmonic (St. Mary St.) está dominada por la música disco y todas sus variantes; en su primer piso, con ambiente más relajado, se puede disfrutar de una aceptable selección de quesos. Y para sentirse atrapado, dos reductos únicos ofrecen la mejor música y demasiada gente para sus reducidas dimensiones: Kilda­res, conocido popularmente como Dog & Duck (Womamby St.), y The Tunnel (Adam St.), de ambiente gay.

Curiosidades y cercanías

El primer detalle sorprendente al llegar a la ciudad es descubrir que los autobuses públi­cos tan sólo admiten la tarifa exacta. Extraña costumbre, pero si no se está dispuesto a per­der el cambio ya se puede ir pensando en otro medio de transporte. Aparte del Castillo, visita obligada y referencia habitual de la ciudad, vale la pena visitar la Unión de Estudiantes, ya reseñada. No se trata de un edilicio con historia, pero entre sus cuatro paredes se ­desarrolla más de una actividad: una sala de juegos, otra se snooker (el billar británico), 5 pistas de squash, agencia de viajes, librería, tienda, la sede del periódico estudiantil, una amplia sala de conciertos, dos discotecas, un pub, tres comedores y varias sucursales ban­carias son algunos de los servicios que se pueden encontrar. Todo un modelo de organi­zación.

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Perderse por el País de Gales es descubrir una tierra celta similar al Norte de nuestra pe­nínsula. Para conocer mejor lugares olvidados del interior, hacerse la ruta de los castillos es una buena idea; entre un amplio número de ellos, hay algunos de los más extensos y me­jor conservados de toda Europa: Conwy, Pem­broke, Kidwelly, Caermarfon, Harlech, Beau­maris… Sobre todo está el encanto de los pe­queños pueblos, inalterables al paso del tiempo, de gentes afables aunque sorprendidos ante el visitante, y de los pubs olvidados por la campiña, casi tabernas, el contrapunto ideal para todo el ajetreo anterior.

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