CAMPUS GALICIA ENTREVISTA LA BUENA VIDA

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ULTRASÓNICA

ENTREVISTAS 2001 


La Buena Vida:  «La música es una fe»

        El sexteto donostiarra edita hoy un quinto álbum exquisito en línea con su filosofía: «Cuando componer se convierte en industria, algo falla».

 Tras vender una media de casi diez mil copias de cada uno de sus exquisitos discos de pop melancólico, el sexteto donostiarra edita hoy su quinto trabajo, Hallelujah, en la independiente madrileña Siesta, que afronta el lanzamiento más ambicioso de su trayectoria.

La Buena Vida, junto a los desaparecidos Le Mans, destacaron en el denominado Donosti sound de los 90. Compartían la dispersión geográfica de sus miembros, el desprecio de la industria musical vasca, el amor por el pop francés de los 60, similares argumentos sentimentales y adolescentes y una ejecución instrumental que, desde el minimalismo, evolucionó hasta el autoexigente barroquismo.

En este estadio se hallan en estos momentos La Buena Vida. Hallelujah es un álbum sobresaliente, un listado de grandes composiciones dotadas de lujo y sensibilidad orquestal que, sin embargo, no pierden la complicidad del pop. Un repertorio que mantiene su madurez sin sofocar su emotividad juvenil.

Melancólicos, líricos, cotidianos y cosmopolitas, tan arrobadores como Vainica Doble, Nick Cave, Tindersticks, Pauline En La Playa, The Smiths o Francoise Hardy, La Buena Vida tratan de llamar la atención del gran público con la voz susurrante de la dulce Irantzu Valencia.

Raúl, el batería, y Pedro, el bajista, contestan compenetrados a nuestro cuestionario, en estos momentos inciertos: ¿El gran público descubrirá sus canciones de mesa camilla perfectas para el otoño o los donostiarras continuarán elaborando orfebrería pop para varios miles de escogidos?

¿Pensabais llegar tan lejos?

No. Nuestra intención desde el comienzo era disfrutar, grabar discos y componer buenas canciones. Queríamos realizarnos musicalmente y hacer algo que nos enorgulleciera. Caminamos poco a poco y el primer objetivo fue grabar una maqueta. Luego, comprar los instrumentos, pues al principio nos los prestaron.

¿Conserváis aún las ganas?

Son diferentes. No eres el mismo con 20 que con 28 años, pero sí existe un espíritu común que te mueve a tocar, grabar, componer… Eso sigue como antes. Ahora nos gusta actuar en lugares más grandes, disponer de mayores medios de grabación…

– Siesta divulga que sois normales y vestís discretamente.

Jo, jo, jo… Si normal significa tomarse unas cañas y un pincho de tortilla, sí, lo somos. Somos burgueses, como el 80% de la población española. Vestimos bien, muy bien, pero ni hemos creado imagen, ni nos preocupamos por ella.

Encaráis la etapa más ambiciosa de vuestra carrera. Edición a lo grande y gira de 25 fechas por toda España.

Sin duda. Ahora tenemos manager y una persona dedicada en exclusiva a la promoción.

¿Es la primera vez que contáis con mánager?

No, pero antes estábamos dispuestos sólo para conciertos esporádicos y actuábamos únicamente ciertos fines de semana. En el tercer disco, Soidemersol, estuvimos en Get In (importante promotora guipuzcoana que lleva a La Oreja de Van Gogh y M-Clan) y nos organizaron eventos sobredimensionados. Quisieron repetir lo de La Oreja, con recitales gigantes, y éramos un grupo medio, no de superestructuras de 200.000 discos. Llegamos a aparecer en las fiestas de Cullera. Era una situación surrealista. Incluso dimos conciertos sin cobrar un duro.

Vuestro sello afronta una gira muy extensa y una promoción intensa. ¿Tiene tanto dinero?

Ha gastado en la grabación lo que no gastaría una multinacional. Siesta no saca la tijera y, si pedimos una orquesta, la consiguen. Dan importancia al disco y buscan calidad. Al encontrarse un producto tan bueno, han decidido apostar.

Los capos de Siesta, Manuel y Mateo, ¿viven del sello o es un hobbie?

Uno es farmacéutico y otro ingeniero de minas. Se han visto superados por el trabajo de Siesta y han ampliado el negocio. Se han dado cuenta de que, después de nueve años, es hora de apostar.

Vosotros también hicistéis una gran apuesta con el tercer CD, Soidemersol, editado en la multinacional PolyGram, y fracasó.

Invirtieron en la grabación, pero la promoción no corrió acorde con ese montaje. Incumplieron promesas y ni siquiera nos colocaron en El Corte Inglés. Prefirieron llevar a Ismael Serrano. Además, en esas fechas echaron a todo el organigrama que nos fichó y llegó otra persona que no confiaba en nosotros. Las multis son como dinosaurios y se mueven por inercia. Tienen su cuota de mercado, conocen el perfil de cada grupo y así baja la calidad musical en España.

Sí, es una vergüenza que DRO tenga a Mojinos Eskozíos porque venden 150.000 copias.

Ya, han estudiado el mercado y supongo que a DRO, que forma parte de una multinacional, le viene la orden de arriba. Cuando la música se convierte en industria, algo falla. No pedimos romanticismo, pero sí no ser vulgar.

¿Cómo os librasteis del contrato con PolyGram?

Fue la crónica de una muerte anunciada. A nadie le interesaba otro álbum. ¿Para qué? Además, nuestras grabaciones no son baratas. Como grupo, damos cierta categoría a cualquier catálogo y tenemos un público fiel. De La Buena Vida se ha escrito mucho y bien, pero se nos ha oído poco y la gente no puede llegar a ninguna conclusión. De Soidimersol se habló y se habló, pero no sonó en ninguna radio. Ahí está el problema.

¿Cómo se graba con una orquesta de Praga?

Sobre las maquetas se meten líneas de orquesta en sintetizador. Las hizo Joserra Semperena, teclista de Duncan Dhu, un tío buenísimo. Cogió todas nuestras ideas y armonizó nuestras líneas de arreglos. Terminadas las canciones, fuimos a Praga con la partitura y topamos con unos fenómenos. Era un estudio gigante preparado para el cine, con el sistema THX de Lucas. Eso sí, son músicos del Este y tocan exactamente lo que viene en la partitura. No les pidas ‘dale un poco más swing a la tromba’.

¿El gran valor de La Buena Vida es la voz de Irantzu?

Sin duda. Nos diferencia de otros grupos y le da personalidad. Sin ella, no seríamos lo mismo.

¿Qué inspira vuestras letras? ¿El amor?

Casi todos son temas universales. Emociones. La mayoría de la gente escribe de lo mismo. Hemos evolucionado en general, y más en las letras, que cada vez nos importan y trabajamos con mayor afán. Es la primera vez que las reproducimos en el CD. Yo antes flipaba con las de Tom Waits, y ahora con las de Nick Cave.

Gracias a ellas podéis llegar al gran público, pero sin explotar.

Se trata de explorar los sentidos. Debes pasar del ‘I love you, yeah’ a algo que emocione, pero no hay que confundir música y literatura. Si quieres escribir de verdad, haz versos, novela o lo que sea.

La portada es del reputado Javier Aramburu. ¿Le pagáis?

Cobra un montón y es un profesional como la copa de un pino. Aramburu rechaza muchos encargos y crece como un fuera de serie. Primero escucha el disco, intenta captar los sentimientos y refleja lo que va dentro. Cuando te explica cómo ha visto el álbum, te asusta hasta qué punto sabe trasladarlo a un dibujo.

La Buena Vida actúa poco. ¿Os asusta el directo?

No. Tenemos muchas ganas. Es algo pendiente con la gente y nos vamos a soltar con esta gira. Iremos con la orquesta pregrabada, porque ya hemos viajado antes con músicos mercenarios y alguno parecía funcionario. Tuvimos gente que miraba su agenda y el móvil mientras tocaba el violín.

¿Seguiréis tomando la música como un divertimento?

Hemos dado nuestra vida por esto. La música es una fe y aspiramos a lo máximo.

Quería decir que si seguiréis al margen del negocio para evitar contaminar vuestra música.

Eso está claro. Además, se pueden vender muchos discos con este espíritu. Hemos tenido la suerte de grabar cinco álbumes cómo y cuándo queríamos. Somos muy celosos en eso y no dejamos que nadie interfiera en la música. Un día hablamos con Warner, les dijimos que haríamos un trabajo con orquesta, y saltaron: ‘¿Con orquesta de dos kilos? ¡Meted un teclado!’. Si te dicen eso al empezar, ¿qué pedirán en lo demás?

Xavier Valiño / DV

 

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