CAMPUS GALICIA ARTICULO THE PRETENDERS

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ULTRASÓNICA

ARTÍCULOS 2001


The Pretenders, veteranía rebelde

  

Dos décadas después de su debut, Chrissie Hynde –50 años en el 2001, madre y mujer individualista, tozuda y lenguaraz- sigue alimentando la llama de uno de los grupos más personales surgidos en la nueva ola británica, al editar su colección de Grandes Éxitos. Una banda que resume los grandes tópicos del rock: vida rápida, fortuna, éxito, drogas y tragedia, al menos en sus cinco primeros años de vida, en una espiral alejada de la realidad actual de una artista en apacible fase vital.  

Quizá sea su imagen imperecedera, con ese eterno flequillo sobre sus ojos de gata, o su descreimiento hacia el pop, pero algo evidencia que es una superviviente. Ella y el batería Martín Chambers son los únicos que quedan de la formación original de Pretenders, después de que James Honeyman Scott y Pete Farndon se ajustaran al guión terminal del rock y murieran por sobredosis a principios de los 80. A partir de ese momento no todo siguió el guión previsto.  

         Es cierto que la relación del rock con su propio pasado siempre ha sido algo precario y potencialmente desastroso. Casi todas las estrellas del rock, es justo decirlo, se echan a perder después de olvidar su imaginación a una edad en la que son fácilmente impresionables por la colosal sensación de ser únicos una vez que se suben a un escenario.  

         Por eso es raro no encontrar una auténtica estrella del rock que no esté agobiada por llegar a formar parte de la elite y que, además, siempre parezca haber estado ahí. Y eso es la apreciación generalizada en torno a Chrissie Hynde: siempre ha estado ahí y nunca ha hecho lo que se suponía de una estrella al uso.  

         En los días perros del primo accesible del punk, la nueva ola, cuando la música popular se ahogaba en un mar de corbatas estrechas y melodías anoréxicas, The Pretenders eran demasiado sorprendentes para una generación que asumió el toca por sentimiento, aunque no sepas como lema, no tanto por las vastas referencias que traían con ellos –el desparpajo de los cincuenta, el brillo de los sesenta, la inmediatez del glam de los setenta y la descarada ruptura del punk-, sino más por parecer y ser ellos mismos.  

Eran un archivo ambulante de todo aquello que había sido grande en el mundo del pop, con una gran dosis de esplendor añadido a la receta original. El hiper-pop, eso es lo que los Pretenders hacían. Y, aunque se trataba de un grupo accesible y apto para las emisoras comerciales, nunca sucumbieron al adocenamiento, como hicieron muchos de sus contemporáneos cuando el fulgor de los grandes estadios extrajo de ellos el espíritu de rebeldía e independencia tan vital para la creación de grandes canciones pop. The Pretenders podían ser huecos, mirar con desaprobación a sus coetáneos, piadosos y, a veces, desconcertantes, pero nunca fueron blandos.  

¿Blandos, con esa mujer al frente? Un híbrido entre Huckelberry Finn y Cleopatra, Chrissie Hynde era una de esas personas que hacen que uno recupere la fe en la mujer americana, aunque en algún momento, dada su fuerte personalidad, se la tomó como representación de un tercer sexo. Vulnerable, vanidosa, osada y talentosa, Chrissie Hynde puede incluirse sin temor en esa larga tradición de mujeres que nos lleva hasta los tiempos de Zelda Fitzgerald o Edie Sedgwick y llega hasta hoy. No sólo tenía la imagen, sino que también tenía la voz, las canciones y el espíritu. En su integridad, tal combinación pocas veces ha sido mejorado en el imprevisible mundo del pop.  

La carrera de Chrissie Hynde no ha seguido una trayectoria convencional –llegar, conseguirlo y quemarse rápidamente-, sino que ha reaparecido constantemente cuando menos se la esperaba y con los movimientos más insospechados: haciendo versiones de Donna Summer, cantando junto a UB40, compartiendo escenario con Damon Albarn de Blur o compartiendo vida con Ray Davies, de The Kinks, y Jim Kerr, de Simple Minds.  

Nada queda tan anticuado como la última sensación de la temporada, pero Chrissie Hynde nunca fue eso, a pesar de su innata elegancia. Su encantadora y dolorosa voz nos habla de lo que tenemos que tener presente, así como de aquello de lo que tenemos que sentirnos orgullosos del pasado, pero también de lo brillante que puede ser el futuro si le hacemos un sitio.  

¿Y las canciones? Ah, sí, bastan los títulos, que lo dicen todo: “Brass In Pocket”, “Kid”, “Talk Of The Town”, “Back On The Chain Gang”, “Message Of Love”, “Human”, “Popstar”… Y sus discos, en especial el terceto inicial: I, II y Learning To Crawl.   

         En la Biblia, hay una adivinanza acerca de un cuerpo de león con una colmena dentro, y la respuesta es: “De la fuerza surgió la dulzura”. Más que nada, ése es el sonido de The Pretenders.

Xavier Valiño

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