CALL ME BY YOUR NAME

Call Me By Your Name

Luca Guadagnino (Sony)

 

 

Hay una secuencia que vale por toda la película -y que la resume perfectamente-. Es la última, y en ella el protagonista, un jovencísimo Timothée Chalamet que está destinado a ser una gran estrella, lo dice todo sin pronunciar una palabra, situándose en su emoción a la altura de, por ejemplo, el final de El club de los poetas muertos. Poco antes, su conversación final con su padre (más bien un monólogo de este) se convierte en una de las lecciones de vida más emocionantes de la historia reciente del cine.

 

Son los dos momentos álgidos de este film que va creciendo poco a poco, tras una media hora inicial que simplemente se dedica a presentar a los personajes y su entorno (una Italia del Norte veraniega, plena de luz y que invita a ser vivida y saboreada desprejuiciadamente) sin presentar entonces ningún conflicto dramático, como en los mejores filmes de Eric Rohmer o algunos de Bernardo Bertolucci.

 

Sin embargo, lentamente, y de la mano de un director, Luca Guadagnino (con la colaboración del octogenario James Ivory, a quien no se le permitió dirigir, pero sí escribir su guion), el espectador empieza a vivir como suyo ese romance veraniego y el descubrimiento del amor y del dolor de un joven que se hace adulto de repente.

 

 

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