BRUCE SPRINGSTEEN THE GHOST OFTOM JOAD

 

BRUCE SPRINGSTEEN: The Ghost Of Tom Joad (Sony, 1995)

 

BRUCE SPRINGSTEEN - The Ghost Of Tom Joad

            Después de cada golpe de éxito, Bruce Springsteen ha respondido siempre con algo más personal y oscuro. Puede que cuando todo se vuelve demasiado grande, lo que le apetece es girar y darle la espalda, o, más probablemente, utilizar la libertad del éxito para relajar los músculos y hacer lo que realmente le gusta, lo que en su caso significa trabajos menos comerciales pero con mucha más sustancia. Después de Born To Run vino Darkness On The Edge Of Town; tras The River vio la luz Nebraska; a Born In The USA le siguió Tunnel Of Love; y al Óscar de “Streets Of Philadelphia” respondió con The Ghost Of Tom Joad, su único disco verdaderamente relevante de los 90, algo así como lo que le ocurrió a Bob Dylan con su imprescindible Time Out Of Mind. 

            En este caso, el hermano gemelo de Nebraska toma como punto de partida a Tom Joad, el personaje principal de Las uvas de la ira, el reverenciado libro del ganador del Nobel John Steinbeck, para acompañarlo por los caminos más difíciles del sueño americano, desde el Sureste hasta California. Una gran parte de El fantasma de Tom Joad sigue, también, la estela de Woody Guthrie, influencia citada muchas veces por el propio Springsteen y que nunca encontró reflejo en su obra como en este álbum: un nómada recorre los paisajes más desolados de los Estados para pintar imágenes vívidas y resonantes de sus habitantes más desahuciados, en este caso a través de canciones desnudas interpretadas a golpe de una austera guitarra acústica y un mínimo y ocasional teclado. 

            Sí, el balance final de The Ghost Of Tom Joad es ciertamente desolador: una docena de canciones, siete muertos, dos guerras, un asesino en serie, un viudo, un asalto a un banco de provincias por una pareja del estilo Bonnie & Clyde, una explosión en un laboratorio ilegal, al menos tres cruces ilegales de la frontera y un trabajador del acero que decide que, tras morir, prefiere ir al infierno que al cielo, ya que se sentirá más cómodo entre el humo y el fuego. Y lo que le falta no es algo fácilmente predecible: no hay estribillos épicos, no hay grandes frases para corear ni nada que se parezca ni remotamente a un final feliz. 

            El fantasma que planea sobre estas canciones es el fantasma del cantante protesta vagabundo, el cantante de los sindicatos de trabajadores, el contador de las historias no contadas. Con este disco y su gemelo Nebraska, Bruce Springsteen se sitúa en el mismo plano y nivel que Woody Guthrie y Bob Dylan. Muy, muy pocas veces alguien ha escrito canciones de gente que nunca llegó a conocer de una forma tan convincente. 

Recomendado en una línea similar: 

Time Out Of Mind de Bob Dylan (1997)

 

 

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