BRIAN ENO DAVID BYRNE 2009

Brian Eno y David Byrne, su vida en los brazos del gospel

 

Por inesperada que parezca, aquí está la reunión de Brian Eno y David Byrne en su nuevo disco, Everything That Happens Will Happen Today, tras 27 años sin grabar nada juntos. No es que no fuese posible ni que no se hablasen, pero sólo el haberlo mantenido en secreto lo ha convertido en todas una sorpresa.

 

Empecemos por la idea de la colaboración entre ambos después de tras tantos años. ¿Cómo surgió? “Hace un par de años, pasé por Londres”, comenta David Byrne, “y, tras haber retomado el contacto con Brian Eno durante la reedición de My Life In The Bush Of Ghosts, me acerqué a su oficina-estudio para escuchar en qué estaba trabajando. Antes de irme, Brian me comentó que había acumulado un montón de temas instrumentales. Y ya que Brian, según él mismo admite, odia escribir letras, me ofrecí a trabajar en la melodía y la letra para alguna de esas ideas, y, a partir de ahí, ya veríamos… Si a Brian no le convencían los resultados iniciales, lo dejaríamos correr”.

 

“Este disco nació en una conversación durante una cena. Estaba cenando en Nueva York con David y unos amigos, y mencioné que tenía mucha música acumulada, a la que, a pesar de mis intenciones, nunca había dado forma de canciones,” afirma Brian Eno. “David se ofreció como voluntario para intentarlo. A partir de ahí, nos centramos en nuestros territorios separados: yo me encargaba del trabajo instrumental, mientras que él se centraba sobre todo en las letras y melodías. Y esa fórmula parecía funcionar”.

 

Una vez sentadas las bases, comenzó el trabajo. “Cuando volví a Nueva York, Brian me envió un CD con temas instrumentales -premezclas en estéreo, para ser exactos-, que escuchaba de vez en cuando, para intentar descubrir qué historia contaba esa música”, sigue Byrne. “No se trataba de temas ambientales, como cabría esperar, y detecté que podrían surgir estructuras de canciones, de esas evocadoras semillas. ‘Aparición’ es una palabra muy utilizada en estos días, pero evoca casi a la perfección cómo los músicos y compositores convierten los tonos latentes de un núcleo básico musical en algo que sólo es sugerido en los humildes comienzos de la canción. Y, de esa forma, los músicos y compositores afirman en más de una ocasión que sólo se sienten responsables en parte, de la creación de los trabajos que han criado y alimentado”.

 

El resultado los llevó por un sendero insospechado en principio. “Tras haber convivido con parte de su música durante casi un año, escribí a Brian”, afirma Byrne. “Le dije que sus temas me inspiraban una especie de ambiente folk-electrónico-gospel, y le sugerí que mis letras y melodías así lo reflejaban. ¿Sería un enfoque correcto?”

 

Brian Eno coincide es esa visión. “Al comenzar con el proyecto, enseguida nos dimos cuenta de que estábamos haciendo algo así como gospel electrónico, una música en la que el canto es el elemento central, pero cuyos paisajes sonoros son atípicos para ese tipo de temas tan centrados en la voz. Ese concepto conectaba con mi larga relación de pasión por la música gospel, que, curiosamente, fue iniciada de modo inadvertido por David y Talking Heads”.

 

“Surrender To His Will”, de Reverend Maceo Woods and The Christian Tabernacle Choir, fue el primer tema gospel que llamó mi atención”, reconoce Eno. “Lo escuché en una emisora sudamericana, cuando estaba trabajando en los estudios Compass Point, en Nassau, con Talking Heads, grabando su álbum More Songs About Buildings And Food. Al pasar mucho tiempo con la banda, comencé a descubrir sus intereses musicales, y abrí mis oídos a estilos en los que no me había fijado hasta entonces, entre ellos el gospel. Por tanto, este disco es una buena manera de cerrar el círculo”.

 

 

Al gospel, Brian Eno llegó de una forma especial. “Como extranjero en Nueva York -donde acabé tras la grabación de More Songs About Buildings And Food-, me sorprendió la poca atención que los norteamericanos prestaban a su propia música indígena. No la consideraban valiosa, como si la aprobación del gospel implicase necesariamente el apoyo a un marco religioso determinado”.

 

“De todos modos, gracias al reverendo Woods, comencé a ver la música gospel como la transmisión del acto de la entrega, más que del acto del culto; y ese aspecto, por supuesto, me intrigaba, y ha informado mi música desde entonces. Quizá por eso utilizo modos y acordes fáciles de seguir, y con los que es sencillo armonizar. Me gusta la música que invita, que ofrece al oyente un sitio dentro de ella. Creo que David respondió a ello con sensibilidad y destreza, y su agudeza natural convirtió esas progresiones tan familiares en un sonido nuevo para mí”.                                                                                                     

A partir de ahora, sólo habla David Byrne. “El primer tema que ataqué fue uno que Brian había titulado “And Suddenly”. Acababa de terminar el libro What Is The What?, de Dave Egger, que relataba la historia de un joven llamado Valentino, en su horrible y alucinante viaje desde su arrasado pueblo en Darfur, hasta Atlanta, Georgia, y más allá. La historia de Valentino era desgarradora a la vez que bella, edificante (pero no ridícula), e incluso divertida a veces. Creo que estaba hechizado por esa historia cuando me senté frente al micrófono”.

 

El resultado es “One Fine Day”. “Canté unas cuantas armonías en los estribillos, para que sonase más lleno, y se lo envié a Brian. A ambos nos encantó. La semilla folk-electrónica-gospel había tomado vida, y estaba por completo articulada en este tema. La letra tenía ciertas referencias bíblicas, pero no demasiado abiertas. Y decidimos seguir adelante, al menos de momento”.

 

En los meses siguientes, produjo un espectáculo sobre bicicletas, para The New Yorker Festival en Town Hall. “En él, invité al Coro Young At Heart a cantar “Bicycle Race” de Queen. Hicimos un bis con “One Fine Day”, que adquiere una resonancia añadida si lo interpreta un coro con una edad media de 80 años”.

 

Siguió grabando. “My Big Nurse” y “Life Is Long” fueron los siguientes temas que completé. Enseguida se hizo patente que no sólo estábamos satisfechos con los resultados, sino que habíamos hallado el camino, y que lo seguiríamos. Acordamos entonces dividir el trabajo: la música para Brian, melodía y letra para mí”.

 

La base de alguna de las canciones es la misma que la de los temas tradicionales folk, country o gospel, antes de que esos estilos se hiciesen armónicamente sofisticados. “Las estructuras de acordes de Brian eran totalmente diferentes a las que yo hubiese elegido, por lo que me empujaron a una nueva dirección, tratando con terrenos poco familiares, y eso se convirtió en algo bueno. El desafío era más emocional que técnico: escribir canciones simples y sentidas, sin caer en clichés. Los resultados, en muchos casos, son edificantes, esperanzadores y positivos, aunque haya letras que describan explosiones de coches, guerras y otros oscuros escenarios de ese estilo”.

 

“Estos temas tienen elementos de trabajos previos -no es una sorpresa-, pero también ha surgido algo nuevo”, asegura Byrne para acabar. “¿De dónde viene ese tono optimista y de ánimo, sobre todo en estos tiempos tan tormentosos? Como ya sugerí antes, alguna de mis letras y melodías son una respuesta a lo que detecté que la música escondía. Mi misión era convertir en lenguaje algo que, originalmente, era no verbal. Al final, creamos algo juntos que ninguno de los hubiese sido capaz de hacer por separado”.

 

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