BOREAL 2018

Boreal 2018, creciendo con sentido

 

 

Curioso que alguno de los comentarios más habituales de quienes pisaron los escenarios de la undécima edición del Festival Boreal se refiriesen a la nieve y a los fríos inviernos. Efectivamente, se trataba de los artistas provenientes del Norte de Europa, que se encontraban en Los Silos en pleno otoño con temperaturas que ni siquiera pueden imaginar en verano en sus países, y eso es un lujo evidente a la hora de disfrutar de los conciertos, para el público… y para los propios artistas.

 

Lisa Hannigan

 Maija Kauhanen

 

Así sucedió con la irlandesa Lisa Hannigan, tal vez el reclamo más poderoso del Festival, tras la inauguración una semana antes con Jesca Hoop en el Museo de la Naturaleza y el Hombre de Santa Cruz de Tenerife. Ella no fue la única en recordar que varias de sus canciones habían sido compuestas en olas de frío nórdico, ya que la finlandesa Maija Kauhanen había hecho lo propio tres horas antes, sola en el escenario con su kantele (instrumento de cuerda pulsada símbolo de su cultura), y dos horas después lo haría también la noruega Siv Jakobsen, las tres defendiendo en solitario sus creaciones.

 

Bongeziwe Mabandla

Daby Touré

 

Esa sonoridad desnuda, más intimista, fue también la habitual en otras propuestas, como la del sudafricano Bongeziwe Mabandla –uno de los grandes descubrimientos del certamen–, la norteamericana Becca Mancari o el mauritano Daby Touré. Con el respaldo de más músicos, y respondiendo a las expectativas, comparecieron la caboverdiana Jenifer Solidade, las sudanesas Alsarah & The Nubatones, la peruana La Lá o la catalana Marinah, seguramente quien más atención atrajo y más próxima sintió una numerosa audiencia que recordaba sus tiempos al frente de Ojos de Brujo.

Marinah

The Tune

 

La vertiente más contagiosa, la que obtuvo mejor respuesta del público con sus espectáculos vitalistas y coloridos, vino de parte de las exóticas surcoreanas The Tune, el francés Féloche (quien repetía después de su éxito en una edición anterior), la caboverdiana Mayra Neves, el congolés Baloji (acompañado de la leyenda de la guitarra soukous Dizzy Mandjeku, seguramente el músico más exquisito del Festival), los argentinos Onda Vaga, y el dúo colombiano-mexicano Mambe & Danochilango.

 

Féloche

Mayra Neves

 

En un festival con propuestas novedosas en España, desconocidas prácticamente, no resulta sorprendente que algunas versiones fueran lo más celebrado, al ser inmediatamente reconocibles, como sucedió con el “Jolene” de Dolly Parton que hizo Siv Jakobsen, el “Ohio” de Neil Young a cargo de Becca Mancari o el “Forever Young” de Bob Dylan y el “Hey Ya!” de Outkast que adoptó como suyos Bongeziwe Mabandla.

 

Baloji

 

Con casi el doble de propuestas musicales en relación al año anterior y un nuevo escenario situado en el Auditorio del Centro de Salud, lo que implica que algunos artistas se solapaban a diferencia de ediciones anteriores, el festival sigue destacando por la predominante presencia femenina en su cartel y su clara vocación y estrategia ecologista, a la que se suman el resto de actividades, más numerosas incluso, que complementan perfectamente el contenido musical a base de talleres, rutas, proyecciones, charlas, exposiciones, encuentros, mercado artesanal, actividades ecoturísticas y juegos, con especial atención a los más pequeños.

 

Mambe & Danochilango

 

Por desgracia, todos los conciertos y actividades de la última jornada, que contaba con las actuaciones de los canarios Fajardo y Lucía Rodríguez con Carolina Abreu, se suspendieron debido a un hecho luctuoso que no tenía relación con el festival, pero que derivó en que el concierto reggae de Ruts & La Isla Music fuese el único exponente de las islas en esos tres días.

 

Siv Jakobsen

 

Por lo demás, Boreal sigue siendo un festival mesurado en sus dimensiones, manejable, con precios populares y un escenario muy agradecido (el Auditorio de Los Silos) en el que la mayoría de los recitales se pueden seguir sentados y en el que se puede ver a todo un Ministro de Cultura, el de Cabo Verde, bailando en primera fila como otro espectador más. Son ese tipo de detalles que solo se pueden vivir en un festival así, lo que aprecian quienes lo visitan y viven intensamente año tras año.

 

 

 

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