BOB DYLAN BLONDE ON BLONDE

SELECCIÓN DE DISCOS CLÁSICOS


 Bob Dylan: Blonde On Blonde (1966)

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        La dilatada carrera musical de Robert Allen Zimmerman dio comienzo a principios de los 60, influenciada principalmente por el espíritu del gran mito de la canción folk norteamericana, Woody Guthrie. Aunque sin olvidar su pasión por el rock’n’roll y el blues, lo cierto es que sus primeros discos discurrieron principalmente por la senda del folk, género que ayudó a renovar e incluso a reinventar, tanto en el plano musical como en el relativo al contenido de su mensaje.

        Enarbolando una actitud rebelde y crítica, sus canciones pronto alcanzaron el estatus de himnos y convirtieron al de Minnesota en una auténtica conciencia social capaz de musicalizar proclamas de incorformismo, protesta contra lo establecido, relevo generacional y otros utópicos pero sinceros anhelos de los jóvenes de aquella histórica década.

        Aún así, Dylan no se acomoda en su papel de portavoz generacional y continúa evolucionando musicalmente, sobre todo tras escuchar lo que llega del otro lado del Atlántico; sin embargo, no todos sus seguidores valoran positivamente su avance: en 1965, Dylan recibe una apabullante humillación colectiva por parte del sector más fundamentalista del folk, que le silba en masa al aparecer sobre el escenario del Festival Folk de Newport empuñando una guitarra eléctrica, y traicionando de esa manera el carácter acústico que según los ortodoxos debía de preservar el folk más puro.

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        El rechazo le afecta, pero él insiste en su  ‘electrificación’ y la consiguiente ruptura con el purismo folk, lo que se materializa en una obra capital, Highway 61 Revisited, y un año más tarde, en 1966, la que se convertiría en su obra cumbre, Blonde On Blonde. Grabado en Nashville, rodeado de músicos de la escena country, Dylan da forma a uno de los primeros discos dobles de la historia de la música, repleto de temas que luego se convertirían en clásicos de su repertorio: sólo por contener canciones del calibre de “I Want You”, “Visions Of Johanna”, “Stuck Inside The Mobile With The Memphis Blues Again” o “Just Like A Woman” ya merecería un lugar entre los trabajos más influyentes de todos los tiempos, pero es que además esas 14 canciones nos entregan a un Dylan en estado de gracia y más creativo que nunca.

        Desde la fanfarria psicotrópica de “Rainy Day Women # 12 & 35” hasta los 11 minutos de esa delicia flotante que es “Sad Eyed Lady Of The Lowlands” (ella sola ocupaba una cara entera del segundo disco), hay composiciones delicadas y sutiles como “4th Time Around”, optimistas y de esquema pop como las ya mencionadas “I Want You” o “Memphis Blues Again”, y también incursiones cercanas al blues como “Pledging My Time” o “Obviously 5 Believers”.

        Canciones para todos los gustos y sensibilidades en el que, seguramente, sea el mejor trabajo de toda su carrera, un disco que rebosa creatividad y belleza, un auténtico crisol de estilos, un trabajo enormemente accesible que uno no se cansa nunca de escuchar, y que termina convirtiendo al oyente en cómplice de un Dylan que nos muestra su cara más madura, menos arisca y huidiza y, en definitiva, más genial.

Javier Palacios (Publicado en Entremuros)

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