BJÖRK

Björk, la esencia de las  cosas

 

        Tres años separan Vespertine de Medúlla, y para esta nueva entrega Björk siguió una regla muy especial: nada de reglas. Esa máxima la llevó a muchos lugares ( La Gomera , Nueva York, Venecia, Londres, Reikiavik, Salvador de Bahía) y le trajo muchos quebraderos de cabeza.  

        “Algo no estaba funcionando,” comenta la cantante islandesa. “De repente silencié los instrumentos y ahí apareció todo, las canciones pedían ser vocales, sin instrumentos. Además, me di cuenta de que los instrumentos me aburrían, quería sorprenderme a mi misma, sin tantas tecnologías. La otra regla,” cuenta sonriendo, “era que no sonase tipo Manhattan Transfer o Bobby McFerrin. Tras eso, todo fue bastante espontáneo, un álbum sin preocupaciones. No quería pasar otros dos años haciendo algo un poquito mejor cada vez.”  

        Como ella misma explica, Medúlla es un álbum que vuelve a un tiempo primitivo y antiguo, donde los hombres cantaban juntos, inventaban ritmos que podían imitar y acompañaban a los demás. Sin instrumentos. Medúlla es descrito por Björk como un álbum “perfecto para una caverna, aunque he comprobado que la música vocal también suena genial al aire libre”.  

        Los ritmos los han puesto Rahzel, el componente del grupo The Roots, el británico Shlomo y el pintoresco japonés Dokaka. “Mi novio me dio a conocer al grupo Fantomas. Así entré en contacto con Mike Patton (otro de los vocalistas de Medúlla) que, a su vez, fue quien me presentó a Rahzel, un tipo genial.”  

        Como productora de Medúlla, Björk dirigió a su ecléctica orquesta, cuidadosamente seleccionada: “Me gustaba que cada uno de nosotros hiciese ruidos especiales en este álbum,” comenta. “A veces se forma una especie de alianza o mezcla en la que nadie es más importante que el resto de personas; otras veces buscaba que cada vocalista hiciese una especie de solo.”  

        Prepárate a escuchar sonidos angelicales y demoniacos, eróticos, exóticos y cómicos, imitaciones humanas de insectos, pájaros, silbidos, júbilos y momentos de sublime elegancia. En “Vökuró” le acompaña un coro de 20 voces, con el que reinventa una composición atemporal que la septuagenaria compositora islandesa Jórunn Vidar escribió inicialmente para piano. “Fue bastante fácil cambiarla,” cuenta Björk mientras marca las notas del piano en la mesa que tiene delante. “El soprano, alto, tenor, y la parte de bajo, todo estaba ya aquí escrito.”  

        Gran parte de Medúlla se gestó durante su embarazo, época en la que aprovechó para grabar prácticamente la totalidad de ruidos y bases vocales del álbum, y para lanzar Greatest Hits, Family Tree y, posteriormente, Live Box. “Mi instinto maternal empezó a aflorar, y doblaba ropa de bebé cuando escuchaba diferentes canciones que acabé también doblando y empaquetando. Luego llegó el nacimiento y unos cuantos meses de lactancia. Fue genial, por supuesto. Pero como cualquier madre te diría, tienes la sensación de que no eres dueña de tu cuerpo.”  

        La independencia de su instinto maternal le llegó en la volcánica isla canaria de La Gomera , a la que acudió en dos ocasiones con su hija, y fue en la primera de ellas, cuando la niña contaba 13 meses, cuando madre e hija se separaron por primera vez. “Fueron cuatro días,” cuenta Björk, “en los que pude fluir, volver a ser yo, sin preocuparme de tener que guardar fuerzas para el día siguiente, sin acostarme pronto, pudiendo trabajar hasta que la canción estuviera terminada.” Ahí nació “Pleasure Is All Mine”, primer corte de Medúlla, que trata sobre el sacrificio de ser madre.  

        Algo con lo que Björk nunca deja indiferente es con los títulos de sus trabajos. Siempre hay expectación sobre cómo titulará cada nueva entrega, y si de nuevo cumplirá esa especie de tradición que llama a compilar un puñado de canciones bajo una sola palabra. De nuevo Björk ha cumplido con un único término, esta vez tomado de la medicina. “Quería algo que fuese una sola palabra, que pudiese pronunciarse fácilmente en todo el mundo y que también pudiese ser entendido por todos,” explica Björk, que a su vez cuenta que Medúlla no fue el primer nombre que barajó para éste álbum.  

        “Iba a llamarlo Tinta, porque quería que fuese así de negro, como la sangre de hace 5.000 años que fluye en el interior de todos nosotros; un espíritu ancestral, apasionado y oscuro, que sobrevive. Algo en mí quería abandonar la civilización, retroceder al momento antes de que todo sucediese y funcionase. ¿Dónde está el alma humana? ¿Qué ocurriría si no existiese la civilización, la religión, el patriotismo y las demás cosas que han salido mal? Cuando me fui a Nueva York, había sitio para cualquier inmigrante o excéntrico pero, de repente, se convirtió en el sitio más terroríficamente patriótico de la Tierra. Entonces me emborraché -sorprendente, ¿eh?- con mi amiga Gabriela, y a ella se le ocurrió el título. Medúlla. Literalmente, el tuétano en lenguaje médico, un término en latín. No sólo el tuétano de los huesos, también el de tus riñones, el de tu pelo… Se trata de la esencia de las cosas. Y en éste álbum, hecho sólo de voces, tenía mucho sentido.”  

        Y la principal regla también se extiende a la temática de las canciones. Björk decidió escribir y cantar sobre lo que llegase a su mente en cualquier momento. Podía ser un calcetín, un día lluvioso, una vela o el celibato de una monja. Por ejemplo, “Where Is The Line” está llena de cariño hacia su hermano pequeño, al que Björk ya dedicó “Army Of Me”, y “Mouth’s Cradle” está dedicada a su  hija Isadora.  

        “Cuando amamantas a tu bebé, ese sentimiento de alimentar a un niño es un subidón natural impresionante. Me imaginé una especie de musical en el que hay como una boca gigante y los dientes son como una escalera, y haces un baile tipo Fred Astaire usando los dientes como pasos hacia la boca. Miras a tu pequeño bebé y piensas: ‘¿No es este diseño absolutamente perfecto?’”

Xavier Valiño

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