BIRKINS

Birkins, del cabotaje a las aguas profundas

 

 

A veces lo mejor es intentar romper con el pasado, intentar hacer algo distinto o bucear en mundos inexplorados para salir de la zona de confort en la que uno se encuentra más cómodo, pero también menos motivado. Lo hecho en el pasado, hecho está. El futuro se presenta más prometedor si uno se lanza sin demasiadas redes. Mejor intentarlo, aunque no resulte, que arrepentirse después.

 

Algo así deben de haber sentido The Birkins en los últimos meses. Formados en Gran Canaria por Dani Machín (voz y guitarra acústica), Cristina Santana (voz y percusiones), Alby Ramírez (guitarras y coros) y Sergio Miró (batería y coros), su sonido ha basculado hasta ahora entre el pop colorista, la chanson francesa, el rock o la psicodelia.

 

Después de tres discos (The Birkins, 2011, Châteaux en Espagne, 2013, y  Souvenirs, 2015) en poco más de seis años, el grupo optó por replantearse su carrera y regresa ahora con Aquí hay dragones, con el que se lanzan a cantar en castellano casi todas sus canciones (aún quedan rastros del francés) bajo el nombre de Birkins (sin el The). De todos estos cambios con los que el grupo ha tomado impulso para salir fortalecido hablamos con los componentes del cuarteto.

 

Xavier Valiño

 

¿En qué momento pensasteis que era hora de perder el artículo y pasar a ser simplemente Birkins? ¿Qué se pretendía simbolizar?

          – Sergio (S): Fue casi el último de los pasos de los muchos cambios que fuimos afrontando con este disco. No pretendemos darle demasiado peso, ni convertirlo en algo excesivamente trascendental, pero sentíamos que el “The” se había convertido en un apósito que perdía sentido cuanto más evolucionábamos hacia otros lados. Ese guiño a las formaciones sajonas, sobre todo a las muchas que en los 60 iban con el “The” por delante, tenía mucho que ver con nuestros comienzos más ingenuos y puramente pop. Ahora que vamos por otros derroteros y que, encima, hemos abandonado el inglés en las nuevas composiciones, aprovechamos que también estábamos cambiando la gráfica de nuestro logo para hacerle un favor al diseñador y dejar nuestro nombre en algo más limpio, directo y universal.

 

Desde fuera, el cambio más significativo es cantar ahora en castellano la mayoría de las canciones (aunque sigue habiendo temas en francés). ¿Cómo lo habéis vivido vosotros? ¿Fue algo que surgió de forma natural?

 

          – S: Lo hemos vivido con mucha incertidumbre al principio, con ciertas incomodidades al ponernos en ello, y con la sorpresa posterior al ver que nos resultaba mucho más natural de lo que pensábamos. Sí que recuerdo sentir cierto sudor frío cuando llegaba el momento de grabar las voces en el estudio de Paco Loco, ya que era la primera vez que de verdad íbamos a escuchar fuera del local cómo sonaba de verdad aquello que habíamos puesto sobre el papel.

          – Alby (A): Ya cuando estábamos trabajando en las canciones antes de grabarlas, todo parecía estar en su sitio, no había nada que chirriara. Ya en el estudio recuerdo que durante la grabación, en una de las tomas de voz de Dani, Paco Loco [el productor] dijo: “Qué guay. Sigue sonando a Dani, sigue sonando a los Birkins”. Para mí eso fue la reconfirmación que necesitábamos. Seguíamos siendo nosotros, no nos habíamos puesto ningún disfraz.

          – Daniel (D): Tuve una primera preocupación, y era saber si sería capaz de llevar imágenes y pensamientos a la letra de una canción, encontrar la fluidez necesaria sin resbalar en lugares comunes. Recuerdo que al principio había toda una procesión de mamarrachadas, pero poco a poco todo empezó a cobrar sentido, creo (risas).

 

¿Quién dio el primer paso o qué fue lo que lo motivó? ¿Todos lo aceptaron de la misma forma? ¿Fue difícil encontrar el tono?

          – S: Como otras tantas cosas de este disco, fue una consecuencia natural. Hacía tiempo que en el seno del grupo se hablaba tímidamente de la posibilidad de probar a componer en nuestra lengua materna. Pero nunca dábamos el salto, y no terminaban de cuajar las pocas intentonas que hacíamos de adaptar al castellano canciones que ya teníamos compuestas en otros idiomas. Un punto de inflexión llegó un día en el que Dani sugirió que para este disco no deberían valernos ninguna de las composiciones antiguas, y que el reto debería de ser componer todo nuevo, con ciertos parámetros que evidenciasen cambios. Ahí fue cuando, ante un lienzo que estaba en blanco por primera vez en nuestra historia, nos propusimos aprovechar para pensar las nuevas canciones en castellano.

 

¿Había miedo a lo desconocido? Supongo que de ahí parte el título Aquí hay dragones, ¿no?

          – A: Parte justo de ahí. De adentrarse en terrenos desconocidos. Miedo, como tal, no. Lo que sí había era incertidumbre, más que nada por ver si los cambios que estábamos haciendo en el rumbo estilístico del grupo y de las canciones los adoptaríamos de manera natural; y yo creo que sí.

          – Cris (C): ¿Quién dijo miedo? Nosotros somos de montañas rusas constantes y las agradecemos muchísimo porque si el camino siempre es en línea recta, nos aburrimos.

 

Supongo que conocéis la coincidencia con el título de un disco de Grupo Salvaje. ¿Fue después de titular el vuestro o lo sabíais y no os importó?

          – S: No éramos conscientes, y sentimos haberle pisado un título a tan ilustre banda. Nosotros llegamos a ese nombre trabajando sobre el concepto de la ‘terra incognita’. Nos encantó que los mapas de la época en la que quedaban rincones por descubrir se lavasen las manos ante esos lugares con la leyenda “aquí hay dragones”. El tiempo ha demostrado que los miedos y ‘los dragones’ no deberían impedirte adentrarte en lo que no conoces, ya que puedes estar perdiéndote experiencias fascinantes. Así nos sentíamos, y así corrimos a llamarle al disco, sin siquiera investigar si había alguien más que hubiese encontrado similares intereses ante ese concepto. No podemos más que aplaudir el buen gusto de Grupo Salvaje (risas). Para el siguiente disco buscaremos algún nombre que nadie haya usado antes, como Homónimo o Volumen 1.

 

¿Qué diferencias habéis encontrado entre componer en francés o en castellano?

          – C: Componer en cualquier idioma no es fácil. En francés resulta más sencillo por su sonoridad y los tipos de rima que se pueden hacer. El castellano suma dos componentes que lo hacen un poco más complicado: el primero supone escribir en tu lengua materna e implica una responsabilidad intrínseca que tiene que ver directamente con despojarte de la posible vergüenza que imprime tu lengua a las letras. Y en segundo lugar, el castellano y sus miles de palabras llanas hacen que, después de tanto tiempo escribiendo en francés, se haga todo un poco cuesta arriba. Esos factores implicaron un poco más de trabajo al principio; después ya nos fuimos adaptando y no ha supuesto ningún trauma, así que bienvenidas sean las canciones en castellano o en cualquier otra lengua. ¡Estamos abiertos a cualquier petición!

 

¿Los temas que queríais tocar también son distintos?

          – A: Definitivamente. El cambio queríamos que fuera a todos los niveles. Desde la imagen al nombre del grupo. Desde la introducción del castellano al tipo de canción que íbamos a presentar con este nuevo trabajo. Y no es que nos hayamos cansado de lo que hacíamos antes, ¡es que eso ya lo hicimos!

          – S: Cada disco ha tenido una serie de temáticas y de tonos diferentes. Aquí no pusimos una idea general sobre la mesa, y se tratan cosas muy diversas pero, analizándolo de manera global, puede que el resultado haya sido nuestra colección más contestataria y ácida hasta ahora. Aunque, con honrosas excepciones, tampoco hay aquí nada tan explícito como para que de repente se nos pudiera colocar una etiqueta de canción social o política.

 

Aunque no es tan evidente, parece como que hayáis querido también dejar atrás las melodías más refinadas y armoniosas de discos anteriores. ¿Había intención de escapar de la zona de confort, de hacer algo más crudo?

          – A: Sin duda. Como te decía antes, queríamos probar cosas nuevas, nuevos arreglos, nuevas melodías. Como tú dices, salir de la zona de confort.

          – D: Ya hemos hecho la navegación de cabotaje, quizá sea momento de adentrarnos en aguas más profundas.

          – S: Seguimos teniendo un corazoncito pop y un afán por cuidar melodías y estructuras, pero teníamos ganas de ser menos preciosistas y de movernos un poco más en el filo y ver hasta dónde esas canciones podían llegar, sin permitir que dieran un viraje demasiado obvio hacia la belleza. Sin que suene pretencioso, nos resulta muy fácil buscar el lado bonito de las cosas, por lo que el reto era reprimir ese impulso en las cantidades justas para generar algo que siguiera siendo atractivo para nosotros y para el oyente.

 

¿Tuvo en este cambio algo que ver el hacer íntegramente en directo el disco Ziggy Stardust de David Bowie? Curiosamente, después de interpretar ese disco en inglés, parece que habéis querido dejar de lado toda referencia anglosajona, ¿no?

          – A: Para nada. Sinceramente, creo que siempre ha habido algo de Bowie presente en nuestras canciones y en nuestros discos. Es un artista al que todos admiramos mucho sin excepción, pero no creo que el proyecto de Ziggy haya tenido nada que ver con Aquí hay dragones, al menos no conscientemente. Desde fuera puede que se perciba de esa manera, pero lo cierto es que el nuevo disco ya estaba grabado antes de que falleciera Bowie y el proyecto de Ziggy fuera si quiera algo que nos pasara por la cabeza.

          – C: Para mí es imposible olvidar esa referencia anglosajona. Forma parte de nuestro ideario musical y, aunque intentemos obviarla, es imposible hacerlo.

          – D: Aún suena Suede en mi memoria; “Let’s chase the dragon…”

 

 

Los primeros minutos de “Chantal” me trae a la memoria al grupo español bastante olvidado Alphaville. ¿Lo conocéis?

          – D: Yo al menos, no lo conozco, perdona mi ignorancia. Pero si te lleva a recordarlo, lo tomaré agradecidamente como un halago.

          – C: ¿Alphaville? ¡Qué grande! ¡Anda que no me enganché hace años a De máscaras y enigmas! ¡Para mí un súper halago!

 

¿Qué referencias son las que os gustaría citar como las que más entroncan con el sonido de este cuarto disco? ¿Qué es lo que más habéis escuchado en los últimos meses?

          – S: Casi todos solemos estar en un continuo turmix de escucha discos y canciones, con lo que no sabría ni decir qué artistas eran los que rondaban por nuestras cabezas durante la elaboración de este disco. Somos, ante todo, oyentes y fans de la música, pero quiero creer que en Birkins hemos conseguido olvidarnos un poco de nuestras obsesiones habituales a la hora de hacer juntos. ¿Podríamos llamar a eso ‘madurez’?

          – C: Esta ha sido la primera vez que he hecho un ejercicio de ‘contención’ y no he querido escuchar absolutamente nada mientras componíamos. No quería que hubiera mucha influencia musical porque sin querer lo que escuchas te contamina un poco a la hora de escribir. Así que me sentaba delante del papel con ‘oídos inocentes’… o casi inocentes.

 

No obstante, intentando hacer algo distinto, repetís de nuevo con Paco Loco como productor. ¿Cuáles fueron las indicaciones o cuáles eran las coordenadas que llevabais para empezar a trabajar?

          – A: Sinceramente, con Paco nunca hay coordenadas preestablecidas. Él simplemente quiere escuchar la canción. Y eso es lo que hicimos. Lo de siempre. Nos sentamos en el estudio y empezamos a tocar. A partir de ahí surge la magia.

          – S: Sí que le comentamos que teníamos ganas de hacer algo diferente. Y él mismo nos sorprendió de vez en cuando descartando algunos arreglos que nos parecían de cajón’, recordándonos que le habíamos dicho que no queríamos hacer cosas que ya hubiésemos hecho. Una vez más, fue la perfecta voz para aplicar sabiduría y distancia.

          – C: Después de cuatro discos con Paco, ya existe una complicidad que agradecemos sobremanera. Nosotros ya entendemos su lenguaje y él ha sabido adaptarse a nuestra forma de entender la música.

 

No es el único que repite, ya que también trabajáis de nuevo con colaboradores como Rami Jaffee en los teclados, Chris Carmichael en los arreglos, Noemí Tejera en el diseño del disco, Coré Ruiz en los vídeos… ¿No hay cabida para nuevos aliados o es que los que conocéis también asumieron los riesgos?

          – A: ¡Siempre hay cabida para nuevas colaboraciones! De hecho, en este disco trabajamos con grandes amigos como Rafa Daza o David Gonçalves por primera vez, que grabaron bajo y teclas/pianos respectivamente en el disco. También hemos trabajado por primera vez con José Lozano, de Murciano Total, para el vídeo de “Fundido a negro”, una experiencia que nos ha encantado. El repetir con gente del talento de Rami, Chris o Coré se debe por una parte a su profesionalidad y buen hacer, pero en gran medida a la amistad que nos une.

          – S: Hay varias formas de activar cambios en una propuesta musical. Una, a mi entender más sencilla, es rodearse de gente diferente que aporte nuevas perspectivas. Nosotros, en esto, somos más de la escuela del binomio Beatles/George Martin, que implica rodearte de un grupo de gente en la que confías e invitarle a cambiar y a evolucionar contigo. De todas formas, además de amigos, todos los que has mencionado son artistas como la copa de un pino a los que nuestras humildes ambiciones de crecimiento no les iba a asustar.

 

Ante cambios así, ¿ayuda la experiencia o puede ser un obstáculo y hay que intentar empezar de cero para mantener la frescura?

          – D: La experiencia es útil porque ayuda a recordarnos por dónde hemos caminado y, de ese modo, no volver a andar ahí. Yo, en mi venganza contra mí mismo, en mi lucha fratricida con la neurosis propia del hombre moderno, intento convencerme de no saber lo que quiero, pero al menos saber lo que no quiero. Ese planteamiento actúa como paliativo contra la incertidumbre.

 

¿Cómo se vive intentar tener repercusión en España viviendo en las Islas Canarias? ¿Compensa el trabajo teniendo en cuenta la dificultad añadida?

          – D: Se vive con mucha ilusión. Nunca pensé que llegaría tan lejos o iban a valorar con tanta estima nuestras canciones. Todo se vive de forma muy agradecida.

          – C: Hemos pasado por muchos baches que casi siempre tenían que ver con movernos desde las islas hasta la península. Entendemos perfectamente que a los promotores de festivales les cueste contar con grupos de aquí porque suponemos un gasto extra. Aun así, y con todos esos hándicaps, no somos de quejarnos mucho: hemos tenido mucha suerte y en momentos clave para el grupo han contado con nosotros.

 

Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota que os ha sucedido en estos años en la música?

          – C: Anécdotas tenemos miles y me viene al recuerdo una muy simpática. Fue hace muchos años y era la primera vez que la formación primigenia se subía a un escenario. Cuando llegamos al bar de turno con idea de hacer una pruebita de sonido, nos dijeron que debíamos pagar seis euros de entrada porque ese era el precio en las ‘noches de bolo’. Nos daba tanta vergüenza decir que éramos el grupo que tocaba esa noche que entregamos concienzudamente nuestros eurillos para que nos dejaran pasar. Sí. Probablemente seamos uno de los pocos grupos que hayan pagado entrada para su propio concierto.

 

          – A: No sé si lo llamaría una anécdota. Para mí la mayor satisfacción que me ha dado la música es la oportunidad de conocer a grandes profesionales, a músicos con un talento descomunal, a queridísimos amigos. Antes hablábamos de Rami, de Chris o de Coré, pero hay muchos más. Paco y Muni, Pablo Errea, Joaquín Pascual, los chicos de El Genio Equivocado, Joan y Rafa, Mario Alberni, John Agnello y tantos otros. Eso para mí no tiene precio, y no habría sucedido de no ser por la música y por los Birkins.

          – D: Justamente tengo un recuerdo bonito de cuando Rami estaba en Canarias y lo pude conocer personalmente, era muy simpático y muy sencillo, muy cercano. También me gusta recordar el momento en que ganamos el Heineken Green Space. El recuerdo de esa noche ¡y de esa amanecida! no tienen precio.

 

 

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