BETTE SMITH

Bette Smith: sueños, fiestas callejeras y fuegos artificiales

Durante años, Sharon M. Smith intentó hacer realidad su gran ilusión en la vida: ser una cantante reconocida y respetada. Durante casi un par de décadas lo intentó con formaciones que no llegaron muy lejos, en California y Canadá, con una curiosa aventura que la llevó incluso a Barcelona durante 10 días. Entonces se hacía llamar Bette Stuy y se centraba en el blues.

Fue un descubrimiento casual, por parte de un abogado que la escuchó cantando en la calle, lo que la puso en el radar de Jimbo Mathus. Sorprendido por las facultades vocales de una Bette que por aquel entonces ya había sido incluida en el Salón de la Fama del Blues de Nueva York, a pesar de ser todavía una desconocida, Mathus le propuso grabar un disco. Jetlagger, editado en septiembre de 2017, fue el álbum que por fin dio a conocer internacionalmente a Sharon, ahora ya bajo el nombre de Bette Smith. En los próximos días lo presentará por España, con paradas el 3 de abril en la  Factoría Cultural de Avilés, el 4 en la sala El Sol de Madrid, el 5 en Las Armas d, Zaragoza, el 6 en La Cripta de Convent Garden de San Sebastián y, por fin, el 7 en La Nau de Barcelona.

Xavier Valiño

Jetlagger es tu primer álbum. Tienes un pasado en el mundo del blues que repasaremos más adelante, pero hubo un momento en el que decidiste pasar del blues al soul y cambiar tu nombre.

– Lo decidí cuando me firmaron mi contrato discográfico. Crecí en el barrio Bedford-Stuyvesant, también conocido comoStuy, en Brooklyn, y por eso mi primer nombre fue Bette Stuy. Para mucha gente era muy complicado pronunciar el apellido, el nombre del lugar del que provengo, así que lo cambiamos por Smith, mi apellido. Eso hizo que fuese más fácil para mí reconciliarme con mis raíces. Fue una decisión mía, de Jimbo Mathus, mi productor, y de Bruce Watson, el responsable de la compañía.

Todo lo que te ha sucedido en los dos últimos años tiene que ver con el interés del sello Big Legal Mess Records (una subsidiaria de Fat Possum), que creo llegó de la forma más inesperada.

– Lo que sucedió fue como un milagro. Estaba cantando en una fiesta callejera de Brooklyn que se celebra todos los años, La Fiesta de la Quinta Avenida, con una banda de amigos con la que ensayaba habitualmente, enfrente de un restaurante. Un amigo de Jimbo Mathus, de Misisipi, me vio y le envió un correo electrónico para que me escuchase. A él le gustó mucho cómo cantaba y se vino a Nueva York para convencerme de que valorase en hacer un disco con él.

Ese disco lo grabasteis todo en directo, con un viejo micrófono.

– Sí, lo grabamos en los estudios Dial Black de Water Valley, una hermosa localidad de Misisipi, con Bronson Tew de ingeniero y baterista, con Matt Patton (de Drive-By Truckers) en el bajo y Scott ‘Pako’ en la segunda guitarra. Nunca lo había hecho así, en directo, y fue muy auténtico, con micrófonos antiguos, como se hacía antes, capturando el sonido y la voz de una forma mágica. Además, yo nunca había estado antes en el Sur, lo que para mí lo hacía todavía más maravilloso.

Hay algunas versiones como «I Found Love», (de Lone Justice, escrita por Steve Van Zandt con Maria McKee), «City in the Sky» (Staple Singers), «Do Your Thing» (Isaac Hayes) o «Flying Sweet Angel of Joy” (Famous L. Renfroe). También hay canciones de distintos estilos: rock-soul en «Manchild» que parece una canción perdida de Southside Johnny & the Asbury Jukes)  funk en «Jetlagger», rock-blues en «I’m a Sinner», blaxploitation en “Durty Hustlin’”, soul-rock en «Shackle & Chain»…

– Sí, Jimbo Mathus quería que hiciésemos un disco conceptual pero sin encasillarme en un único estilo, tocando el sonido rock-soul-blues-góspel con el que crecí. Tuvimos un encuentro y hablamos de mezclar el sonido más espiritual y de la iglesia, como el de la canción «City in the Sky» que en su día grabaron The Staple Singers, con sonidos más laicos, de blaxploitation, como el la canción «Do Your Thing» de Isaac Hayes para la banda sonora de la película Shaft. Esas eran nuestras referencias. Después entre todos elegimos el orden de las canciones, así que fue un disco hecho en equipo.

No es tu álbum de debut. Es curioso que tu pasado pareciera haber sido borrado de tu biografía, ya que casi no hay rastros de tu etapa como Bette Stuy e incluso desapareció en su momento la página web que tenías.

– Quería que fuese un nuevo comienzo para mí, algo verdaderamente relevante, como una artista en solitario. Quería centrarme en mi nueva música, en este proyecto.

Tu abuela era muy religiosa. Tú empezaste a cantar en la iglesia cuando tenías cinco años y tu padre era el director del coro. ¿Qué recuerdas de esos días? ¿Y quién te inspiró?

– Fue una época maravillosa en Brooklyn mientras crecía e iba a la Iglesia. Yo lo disfrutaba mucho y eso era lo que le encantaba hacer a mi padre, dirigir el coro, con la suerte de que a mí me dejaba cantar. La primera vez que lo hice estaban conmigo varias compañeras del colegio, en el Día de la Madre, y canté «Beautiful Flowers», debutando enfrente a una gran audiencia. Todos me aplaudieron y apoyaron, y ya no dejé de cantar en la Iglesia desde ese momento.

Entonces escuchabas  blues y soul en tu vecindario, una música que estaba prohibida en tu casa, una familia de adventistas del séptimo día. Me imagino que sería una gran revelación.

– Es cierto. Mi padre y mi madre solo querían que cantase góspel. A mi hermano le encantaba el soul, así que pensó que yo debería cantar también soul. Me llevaba al Teatro Apolo de Harlem donde descubrí el soul y me enamoré de él, pasando del góspel al soul y, de ahí, al blues.

Tuviste un trabajo del 9 al 5. No sé si alguna pensaste en rendirte, si dejaste de cantar, viendo que no llegabas a ningún sitio. Seguramente fue difícil compaginar ambas cosas.

– Nunca me rendí porque siempre tuve confianza en mí misma y nunca dejé de creer en que debía perseguir mi pasión. La mía era el soul y el blues. Así que, mientras tenía ese trabajo de 9 a 5, acudía una vez a la semana a un bar o un club donde pudiera cantar, incluso aunque fuera como corista para otros artistas, de forma que no dejase de tener un pie dentro del mundo de la música. De alguna forma, mantuve mi pasión viva, esperando que algún día, de alguna forma, alguien llegase a descubrirme. Fue difícil, eso sí, porque parecía que no podía entrar en el negocio de la música en Nueva York, que es un mundo muy competitivo, así que, aunque nunca renuncié a mi sueño, tuve que esforzarme por mantener mi lucha para seguir adelante.

El momento que te proporcionó la motivación que necesitabas fue junto al lecho de muerte de tu hermano mayor, cuando le prometiste que cumplirías tu sueño mientras le cantabas las canciones de Bill Withers.

– Cuando fui a ver a mi hermano al hospital, él estaba muy débil y moribundo. Comencé a cantar para aliviar su dolor, canciones de  Bill Withers porque sabía que era su artista favorito. Él, que me conocía desde que era un bebé, me hizo prometerle que, cuando muriese, yo intentaría por todos los medios cumplir mis sueños, que lo lograría. Cada vez que escucho la música de Bill Withers, me recuerda a mi hermano Junior. Todavía me visto de amarillo, como a él le gustaba, bastantes veces en el escenario, cuando ensayamos y casi a diario. Fue justo después de que falleciera cuando me lancé al océano del soul y ya no volví a mirar atrás. Y espero algún día conocer a Bill Withers. 

Después del 11 de septiembre de 2001 te fuiste a vivir a Los Ángeles.

– Sí, tras los atentados me fui a vivir a Santa Mónica, en la zona de Venice, donde está toda esa comunidad de artistas, en Los Ángeles. Allí toqué con un par de bandas y también conocí al profesor de voz de Ray Charles, quien me ofreció cantar mi canción «Stay Free», que le gustaba mucho, conmigo, pero no fue posible porque murió antes. Tal vez la incluya en mi próximo disco.

Luego formaste parte de una banda de mujeres, Soul Patrol y de otro grupo en Canadá.

– Estaba intentando encontrar mi camino y mantenerme siempre con un pie en el mundo de la música. Estuve con una banda de mujeres que tocaba soul, Soul Patrol, y con una banda de blues en Canadá.

Creo incluso que llegaste a tocar en Barcelona. ¿Es así?

– Toqué con una banda en Barcelona. Cuando estuve en Canadá canté y me hice muy amiga de otra cantante que tenía una hermana en Barcelona, de la que he olvidado su nombre. Bridges era su apellido. Cuando murió fui con su hermana Chevelier a su funeral. Allí conocí una escena boyante de cantantes soul y una muy interesante comunidad artística. Al dueño de uno de los clubes le gustó mucho cómo cantaba y me ofreció una residencia en su local, pero yo iba a estar por poco tiempo, unos diez días, así que no pude aceptarlo. Me hizo prometerle que seguiría en contacto con él. Me lo pasé muy bien aquellos días y tengo muy grato recuerdo de la ciudad, así que ansío volver por allí en mi nueva gira.

Ya de vuelta en Nueva York, grabaste y publicaste tu primer álbum en 2006, From the Well of My Inner Child, del que conozco dos ediciones, una de 2005 con 15 canciones y otra al año siguiente con nueve temas.

– Ese fue un período de bastante trabajo, tocando sobre todo neo-blues y una mezcla de raíces americanas, góspel, funk, soul, pop y rock’n’roll, con bastantes actuaciones en la ciudad de Nueva York.

Diez años después editaste el EP Introducing Bette Stuy: This Is Neo-Blues, antes de que te incluyeran en el Salón de la Fama del Blues de Nueva York.

– Ese fue el puente de unión entre mi pasado y mi nueva encarnación, cuando pasé del blues al soul, el lazo de unión entre ambos sonidos y entre las dos identidades. Fue en mayo de 2012 cuando me incluyeron en el Salón de la Fama del Blues de Nueva York. Por aquel entonces ya estaba despuntando en el mundo del soul gente como Sharon Jones, quien era también de Brooklyn, Charles Bradley o Lee Fields, y toda esa escena era muy contagiosa.

Jetlagger ha tenido una repercusión mayor que tus anteriores intentos. ¿Qué se siente tener una nueva carrera frente a ti y tocar para audiencias más grandes?

– Exacto, Jetlagger fue como la materialización explícita de mi sueño haciéndose realidad, dándome por fin un buen montón de oportunidades, la posibilidad de hacer giras por todo el mundo y de encontrarme directamente con mis seguidores en distintos lugares. Sobre todo, de expresarme a mí misma como artista en mi voz barítona, de contralto. He aparecido, por ejemplo, en la portada de una revista de blues en Francia y para los próximos meses viviré un montón de experiencias. Tengo un montón de cosas por delante, lo que me hace estar emocionada y agradecida.

A lo largo de todos estos años has cantado góspel, blues y soul, tanto en la iglesia como en los clubes. ¿Son tan diferentes o encuentras elementos en común?

– Es un tanto extraño que se intenten distanciar todos estos sonidos porque la música es un vehículo de amor y de comunicación. No importa dónde vaya con mi banda, ya que a través de la música conecto con la gente, con lo que la música es también un medio para igualar a las personas en uno y otro lado.

No sé si eres religiosa, si canalizas tus dudas a través de la música, y si esta te llega desde otro lugar.

– Creo en Dios, sí, y también en que nos envía la música para que nosotros, los intérpretes, los músicos, la podemos canalizar. Creo que las canciones que escribo las canalizo dese algún lugar ahí arriba del que me llegan.

Hace un tiempo señalaste que tu ilusión sería conocer a Al Green y Don Bryant. No sé si lo has logrado. Y, también, me gustaría saber si hay algún artista contemporáneo que te guste especialmente, alguien con quien te gustaría colaborar.

– Sí, conocí a Don Bryant en una de las visitas que hizo a Nueva York y, después, me invitó a ir a Memphis a escribir canciones con él. Estoy dispuesta a aceptar esa invitación en cuanto tenga un momento. Desafortunadamente, hasta ahora no he podido conocer a Al Green. Me gusta mucho Valerie June, que también es una cantante sureña, y a quien he tenido el placer de conocer y de charlar con ella después de asistir a alguno de sus conciertos.

Pronto estarás en España. ¿Cómo serán tus conciertos? ¿Vienes con tu banda? ¿Tocarás canciones de todos tus álbumes? ¿Alguna versión nueva en el repertorio?

– Estamos intentando llevar a toda la banda, como siempre, con la sección de viento y todo. Tocaremos canciones de Jetlagger y otras del nuevo álbum que grabaremos en unas semanas. En los próximos días haremos algún concierto y probaremos nuevas versiones que incluiremos en el repertorio. Tengo muchas de volver a España, encontrarme con alguno de los seguidores que conocí en su momento y disfrutar de la comida. Por cierto, tengo sangre latina, ya que mi abuela era portuguesa.

Así que estás ya con el nuevo disco.

– Vuelvo al estudio en Memphis en marzo, así que espero que esté para el próximo verano, justo después de nuestra gira por España, ya que organizar todas estas cosas lleva su tiempo. Parte del disco lo haré de nuevo con Jimbo Mathus, que ha escrito algunas canciones para mí, y otra con un nuevo productor. Este segundo disco será más funk. Ya tengo ganas de compartirlo con mis seguidores en España, en Europa y en todo el mundo.

Empezaste hace mucho tiempo, y no sé si todavía hay algo que te gustaría lograr.

– Nos gustaría mucho hacer una gira al otro lado del Pacífico, por Australia, Hong-Kong, Japón, Asia… Quién sabe. Y, también, otras cosas, como ganar un Grammy, sueños muy grandes… El año pasado toqué en Santiago de Compostela y allí tienen estos maravillosos fuegos artificiales, asombrosos.

Sí, se hace la noche previa al día de la Patria Gallega, del 24 al 25 de julio, que es también el día de Santiago.

– Pues te confesaré que estar allí en ese momento, tocando en un lugar tan especial, lo disfruté mucho, mucho. Así que me gustaría decir a quienes me estiman que no dejen de perseguir sus sueños, ya que cuando lo consigan sentirán que es como si fuesen fuegos artificiales.

La voz

Te han comparado con Betty Davis, Tina Turner, Etta James, Koko Taylor, Bessie Smith, Janis Joplin… ¿Eres consciente del efecto que tu voz puede tener en las personas?

– Cuando canto, intento lograr una conexión con la gente. Mi profesor de canto me dijo que, cuando cantase, lo hiciese desde el corazón, no desde la mente o el intelecto. Intento llegar al pathos, a despertar una emoción íntima en quien me contempla. Espero que pueda conmover a la gente que asiste a mis conciertos cuando canto o les hablo, que puedan vivir su tristeza, su alegría o cualquier otra sensación que estén experimentando. Me gustaría poder seguir transmitiendo ese amor e intento hacer todo el esfuerzo posible para romper el muro que nos puede separar para llegar hasta allí.

Me imagino que sigues aprendiendo cada día y no sé si trabajas de alguna forma para mejorar tus habilidades vocales o para intentar dominar tu voz torrencial.

– Creo que mi experiencia vital, de haber perdido a mi padre, mi madre y mi hermano mayor, se transmite de alguna forma, lo que, en cualquier caso, hace que cante de forma distinta a cómo cantaba hace años. El dolor, la tristeza, mis sentimientos más íntimos salen de alguna forma al exterior y la gente se siente conmovida. He aprendido que puedo utilizar mi experiencia y aplicarla a mi forma de cantar, a mi música. Mi voz es mi instrumento para canalizarlo.

¿Cómo mantienes tu voz en forma después de todos estos años?

– Tengo un instructor de voz en Nueva York y practico en casa. Me cuido mucho la voz: no grito, intento afinar, hago ejercicios de voz… Y no fumo. Trabajo mucho con mi cuerpo y mi voz, hago yoga, camino bastante todos los días. Cada cosa que hago, pienso en mi voz, que es lo más importante para mí, mi instrumento.

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