BART DAVENPORT LIVE 2009

Bart Davenport en concierto

 

¡Ay, los trovadores medievales! No sólo tenían que convencer con sus historias y escoger la música con tino, sino que además tenían que entretener a su público. Bardos, juglares, arlequines, rapsodas, magos… La imagen de Bart Davenport antes de su concierto en la Sala Nasa podría haber hecho pensar a alguien en un juglar medieval, concentrado previamente en la barra con una pequeña libreta en la que iba anotando sus ideas, como preparándose para luego triunfar en el escenario. Y es que verlo cubierto con una capa y ocultando su rostro con un extraño gorro negro de cuero con orejeras conducía la imaginación a…

 

También hablábamos de magos. Y en el curioso, cuando menos, programa doble de la Nasa en esa noche de miércoles había también un mago. De Medina del Campo, para más datos. Un telonero insospechado que triunfó igualmente, como podía haber sucedido hace varios siglos, sacando a la gente del público que esperaba a Davenport para ayudarle -y cada vez que éste le veía venir, escapaba a la barra, que aún no había llegado precisamente su momento sobre las tablas-.

 

     

 

Casi sin tiempo para el descanso, tras la magia ‘ortodoxa’ del mago, llegó la magia ‘especial’ del músico. La presentación, misteriosa: “¡Hola, gente extraña de Santiago!” Tras esa frase, las primeras notas de la guitarra y una voz, versátil, que cautivó desde el primer minuto, bastándose Bart Davenport exclusivamente de  ambos elementos y de un carisma del que va sobrado, por el lado del soft-pop, del soul y hasta de una imitación de Robert Plant (que reconoció, eso sí, que no encajaba).

 

Hace cuatro años lo adelantó en otro concierto en A Reixa, aunque entonces iba ‘contento’ de más. Pero ya se veía que dominaba el escenario sin necesitar nada más. Ahora incluso se le veía más suelto, y totalmente sobrio. El grueso de su repertorio estuvo compuesto de de Maroon Cocoon, aquel disco del 2005, y su reciente Palaces, con tiempo incluso para recrear a Van Morrison.

 

     

 

Sólo dos borrones: tres baladas seguidas antes de despedirse previamente al bis que llevaron a un único momento de cierto tedio en la actuación. Y el otro, una buena parte de un público desconsiderado: incluso desde la primera fila se oía más el ruido de la gente hablando y bebiendo que el propio concierto. Debería haber un respeto por quien se enfrenta así, desnudo, a un auditorio. Porque la magia estaba allí. Sólo había que buscarla sin esfuerzo. Primero, con un mago de Valladolid, y, después, con un trovador de California.

 

(Sala Nasa, 18 de febrero de 2008. Promotor: Coconut Producciones. Público: 300 personas)

 

 

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