AZKENA ROCK

Azkena Rock

(Texto incluido en el libro ARF: The Power of Guitars)

 

 

No deja de ser sintomático: justo la misma mañana que tenía previsto empezar estas líneas, me despierto con la noticia del fallecimiento de Chuck Berry. Vasos comunicantes, lo llaman. Puta vida, en la que en minutos pasas de pensar en estar disfrutando de conciertos que llevas tiempo esperando ver, una de las cosas que más placer te da en esta miserable existencia, a quedar noqueado por la desaparición de un referente fundamental del rock (sin el que ese festival probablemente no se estaría celebrando).

 

Si hay algún evento en España más que ningún otro en el que fuese posible imaginar de nuevo a Chuck Berry sobre un escenario, ese es el Azkena Rock Festival. Berry era el riff humano, justo lo que este Festival celebra año tras año desde hace tres lustros en Vitoria, y todos los que han pasado por sus escenarios -y pasarán- bien seguro que tienen al tío Chuck en su altar, siendo como son discípulos de sus enseñanzas y de sus canciones.

 

Ese es el mayor mérito, a mi entender, de lo que ha conseguido el Azkena: forjarse una identidad bien clara, distinta a todos los demás festivales del Estado y del extranjero, donde la segunda palabra de su denominación ha sido y será su esencia, contra viento y marea, sea más o menos difícil la confección del cartel de cada año.

 

La marca se impuso desde los inicios, convirtiendo a la misma a una serie de acólitos fieles que acuden a su llamada una y otra vez, desesperados si tienen que perderse alguna de las citas. Tan suyo lo sienten, que cada vez que se adelanta un nombre de los que estarán en la edición de ese año, ahí están para defenderlo, juzgarlo y, si fuese el caso, ponerlo en entredicho.

 

Y ahora, una confesión. Seguramente todos los que en estas páginas expresen su opinión lo harán desde la experiencia. Permítanme, por favor, que lo haga sin haber estado hasta ahora en el Azkena (y discúlpenme si no me detengo a explicar las razones, en las que un par de miles de kilómetros por el medio juegan una importancia decisiva). Creo que se me debería permitir poder valorarlo desde la distancia, al tiempo que confirmo que me he sentido siempre parte del mismo sin haberlo vivido. Sé que no me defraudará cuando llegue el momento. Igual que nunca me defraudó Chuck. Así que ¡dame algo de esa música rock’n’roll, Chuck, y que la mecha siga prendida por mucho tiempo en el ARF!

 

 

 

 

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