ATAQUE ESCAMPE

Ataque Escampe, Galicia es una mierda

 

 

 


Hablamos de su primer disco. “Galicia es una mierda era un disco más directo que enganchó a mucha gente por el título y, en ciertos ámbitos, llegó a sonar bastante”, aseguran los componentes del grupo gallego Ataque Escampe, que en estos días editan su tercer disco, Violentos anos dez. “A grande evasión, el segundo, creemos que se escuchó menos y mejor, también era un disco más difícil”. Para el tercero, más luminoso, la situación se complica a su alrededor, pero intentan sobreponerse a las circunstancias. Ellos nos lo cuentan.

 

¿Creéis que vuestros dos discos llegaron a aquellos que podía interesarles?

– Con esto de a quién se llega y a quién no, siempre se imagina uno que no es suficiente. En nuestro caso, seguramente no habremos llegado a algunas personas por la barrera que levantan muchos medios a causa del idioma. Pero el gueto es grande y variado, y preferimos concentrarnos en la gente a la que sí hemos llegado, aunque sólo sea por un mínimo de gratitud.

¿Se tradujo eso en suficientes conciertos? ¿Dónde deberíais haber tocado que no lo habéis hecho y dónde os gustaría tocar aunque sea un sueño?

– En 2008 tocamos bastante. En 2009 algo menos y en 2010 menos todavía. Ahora estamos levantando vuelo otra vez. El panorama cultural en Galicia es otro y hay que moverse de forma distinta. Todavía estamos aprendiendo. Por lo demás, nunca hemos sido fetichistas en cuanto a los lugares de los conciertos ni como público ni como músicos.

 

¿Se puede decir que Violentos anos dez significa una evolución significativa frente a los dos álbumes anteriores o lo veis más como una continuación?

– Lo vemos como una continuación en cuanto a que cada disco tiene su momento, su espacio y sus razones de ser. No podemos colocar los discos todos en fila y pensar siempre que los últimos ‘superan’ a los anteriores. Ahora mismo es el que más nos gusta porque es el último y todavía no sabemos qué pasará con él, pero eso es todo. El único ámbito en el que admitimos que supone una evolución es en el puramente técnico; ahí, sí.

 

En esa evolución, ¿cuánto ha tenido que ver lo que habéis escuchado, a música que habéis descubierto en este tiempo, y cómo se introduce eso en vuestras canciones?

– Mucho. En este caso, escuchamos mucha música negra (sobre todo soul de los 60 y 70, pero no sólo) durante el período de gestación del disco. Esas canciones tienen casi siempre una excelencia instrumental inalcanzable para nosotros, pero algo en la estructura de las canciones, en la armonía y en el tono general ha quedado –creemos- en nuestro disco.


¿Cuánto han tenido que ver en ello Lambchop o Curtis Mayfield, que está incluso en un título?

– Precisamente la adaptación de la música soul a nuestras posibilidades técnicas y a nuestra trayectoria previa nos ha dejado en un lugar en cierto modo próximo a grupos que, como Lambchop o Yo La Tengo, por ejemplo, han incorporado puntualmente elementos soul a bases rock o pop para crear algo completamente diferente. Es decir, lejos del revival o la imitación; lejos también del ‘blue-eyed soul’. En cuanto a Curtis Mayfield, nos impresiona su voz, lo natural de su presencia y que tenga nombre de ayuntamiento gallego.


Aparecen también The Stooges, Bilie Holliday, The Supremes y otros. No son los únicos citados de una forma u otra, ¿no?

– No. El disco está lleno de expropiaciones, y no sólo musicales. En los créditos hemos enumerado la mayor parte, para que no se diga. Así, cuando uno se aburre de las canciones puede seguir escuchando el disco como una especie de ¿Dónde está Wally?


Me gusta mucho que hayáis incluido la versión de Malandrómeda. ¿Había ganas de reivindicarlos?

– Sí. Es el grupo más interesante en activo de Galicia, de cualquier estilo. Y un ejemplo de independencia muy bien entendida.


¿Han cambiado los motivos que inspiran las letras, con la turbulenta situación actual?

– No, lo que ha cambiado, al menos en nuestro caso, es la manera de enfocarlos. Los motivos cambian menos de lo que a uno le gustaría.

 


En ese caso, ¿cuáles son esos temas que creéis que un artista debe tocar en sus canciones o, al menos, los que a vosotros más os motivan?

– Nos motiva cualquier tema que implique de algún modo las relaciones humanas, que permita ser contextualizado y conectado con otros y sobre el que se puedan practicar algunos agujeros por los que entre, por así decirlo, la vida. A esto podrían llamarlo de muchas maneras, tal vez política, tal vez amor, y nadie se equivocaría demasiado.

 

Parece que el contenido es más pesimista en cuanto a la situación social, de opresión cultural y política, ¿no? Curiosamente, lo envolvéis con un sonido más luminoso.

– El referente último es doloroso, sí, pero no lo vemos desde el pesimismo sino desde la serenidad de quien tiene poco que perder. En realidad este disco es lo más optimista que hemos hecho hasta ahora, y seguramente no sólo como músicos. No creemos que sea tan contradictorio como parece. La historia de la música popular se nutre en gran medida de esa euforia de los oprimidos.


Hace un tiempo lanzasteis un comunicado. Supongo que habrá gente que no se haya enterado y también otros que, leyéndolo, no llegaron a entenderlo de todo. ¿Queréis explicarlo?

– El comunicado “As Ataque Escampe decrecen (para seren máis felices)”, que sacamos en febrero y se puede encontrar en varios sitios de internet, era una toma de posición respecto al nuevo panorama cultural gallego donde explicitábamos, para reforzarlo, nuestro compromiso con la autogestión y la independencia musical. Queríamos hacer público que era el momento de marcar un punto de inflexión y que los momentos más bajos tienen que ser los más optimistas porque lo único que se puede hacer ya es subir. Que lo que no nos mataba nos haría más fuertes. Y así ha sido, creemos.


¿Realmente Ataque Escampe echan un tanto el freno?

– No se trata tanto de echar el freno como de ser realistas, mirar alrededor y preguntarse seriamente de qué cosas se puede prescindir. Y después se da uno cuenta que precisamente esas cosas de las que ha prescindido eran, en muchos casos, el freno.


¿Cuál fue el papel de Arturo Vaquero en el resultado final del disco, teniendo en cuenta que el viene de la música electrónica?

– Bueno, el bagaje musical de Arturo Vaquero es, o parece ser, suficientemente amplio para trabajar con solvencia en diferentes estilos (no lo decimos sólo por nuestra experiencia, sino también como oyentes atentos de otros discos mezclados por él). Arturo fue fundamental en la sonoridad del disco. En teoría su papel era sólo el de técnico, pero como no había una figura fuerte de productor (los productores fuimos nosotros mismos, porque aunque teníamos las cosas claras en cuanto a los arreglos, no las teníamos tanto sobre la sonoridad), cuando mezclaba iba tomando decisiones, A o B. Y claro, tomaba siempre las correctas.

Está claro el homenaje cinematográfico del título, pero habéis
cambiado el veinte por diez. ¿Por qué?

– Porque hablamos del presente y la década que acaba de empezar es la de los diez. Nos sentimos muy ligados a nuestro siglo, que es sin duda este aunque hayamos nacido en el otro.


También hay muchos extractos de películas. ¿Cuáles? ¿Cómo han influido esas películas y sus directores en vuestra obra, en este disco?

– No se trata tanto de que unas películas en concreto nos hayan influido sino de haber podido descontextualizar y reutilizar fragmentos de películas para reforzar nuestro discurso musical. Además, en esta ocasión hemos querido trabajar sólo con películas dobladas al gallego, con lo que el abanico de opciones no era muy grande. Hay fragmentos de Raíces profundas, El Dorado, Rebelión en las aulas, El regreso de Blácula y El jinete pálido.


¿Seguís pensando que editar el disco con el netlabel A Regueifa es la mejor de las posibilidades o no queda otra tal y como está la industria?

– Seguimos pensando que es la mejor de las posibilidades.


Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota de este tiempo en la música?

– Ninguna. Nuestra vida es extremadamente aburrida y gris. Excepto el día que hablaron sobre Galicia es una mierda en el Parlamento; en esa ocasión nos reímos mucho.

 

 

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