ARTÍCULOS 2006 BRUCE SPRINGSTEEN BORN TO RUN

ARTÍCULOS 2006 BRUCE SPRINGSTEEN BORN TO RUN

Ultrasonica e-zine :: Xavier Valiño

ARTÍCULOS 2006


Born To Run, la representación definitiva del sueño del rock

Bruce Springsteen: Born To Run, 30th Anniversary Edition (Sony)

 

         Está la anécdota. Aquella que dice que Bruce Springsteen idolatraba al productor Phil Spector y, después de grabar un grandioso -en todos los sentidos- Born To Run, intentó conocerlo. Se pasó por el estudio en el que el productor estaba trabajando en “Born To Be With You”, de Dion DiMucci, y asistió a una larga sesión sin obtener una sola palabra de Spector. Al final, éste se dirigió a él: “¡Si querías mi sonido, tenías que habérmelo encargado a mí!”  

         Está la emoción, la misma que consiguió que en 1975 se le pusiera la piel de gallina a todos cuantos escucharon los acordes iniciales de un disco con un principio, una parte central y un final irrepetibles: “Thunder Road”, “Born To Run” y “Jungleland”. Treinta años después la sensación permanece inalterable.  

¿Qué pasó para que en ningún otro disco como éste se conjugase la épica y la pasión? No hay más que tratar de imaginarse la escena del rock en 1974, cuando Bruce Springsteen empezó a escribir y grabar el álbum que significaría su conversión de aspirante a uno de los nombres sagrados del rock. Elvis había despuntado tan sólo unos 18 años antes y Janis Joplin, Jim Morrison, Jimi Hendrix y The Beatles habían fallecido o se habían desintegrado unos cuatro años antes. Bob Dylan ya llevaba un largo período en esto y, a la edad de 33 años, parecía que su momento había pasado. El peso de la historia de la música pop era algo con lo que se podía jugar y, con tanto territorio aún virgen, los grupos se sentían obligados a ver adónde podía dirigirse el rock. 

En este entorno, Springsteen todavía contaba 24 años y aún lo tenía todo por delante. Como adolescente, se le había considerado el nuevo Dylan y había grabado dos discos sin demasiada repercusión, así que todavía no era una estrella. Tenía talento y ambición a partes iguales, pero lo que le pondría por encima de los demás sería su visión. Springsteen creía como nadie más en el poder y las posibilidades del rock, lo que le condujo a lugares que pueden parecer extraños a los que han crecido con la MTV y todo lo que el punk simbolizó. Su planteamiento ingenuo, pero inspirado, tuvo su más pura expresión en Born to Run, que ahora se reedita con la excusa del 30 Aniversario, en una caja que incluye dos DVDs extra: un documental y un concierto.

Born to Run es un disco singular, incluso dentro del canon Springsteen. Su mundo es el de un hiperrealismo romántico e imposible, donde lo mundano se convierte fácilmente en algo fantástico, y donde todo ocurre en cada una de sus líneas. A través de ellas, recorremos el Jersey de los primeros 70, la extraña sensación de una época que se ha ido, algo que concuerda con la descripción de Springsteen en la canción que le da título: “El parque de atracciones se alza rígido y desafiante. Los chicos se amontonan en una nube en la playa”. Podría tratarse de un par de adolescentes aburridos sentados en un parque perdiendo su tiempo, pero con la imaginería de Springsteen y un saxo que se mete hasta el tuétano, se transforma en esplendor cinematográfico.

La siguiente frase incrementa esa sensación: “Esta noche quiero morir contigo en las calles, Wendy, en un beso eterno”. De la forma en que lo cantaba en 1974, no aparentaba ser un diario confesional, sino expresionismo desquiciado, Kerouac con una botella de vino rojo en el estómago. Mientras todo el mundo se dejaba llevar sentado frente a una televisión, Springsteen veía una ópera en el asfalto y un ballet que se representaba en los callejones.

También reconoce que quiere saber si el amor es salvaje y real, pero la realidad no es un concepto de mucha ayuda en el contexto de este disco. Puede que Born to Run sea una obra maestra, pero sólo en sus propios términos. Springsteen aún no sabía mucho de las relaciones de pareja, pero tenía un instinto para el drama, y sus historias se basaban más en el argumento y las circunstancias que en las personalidades. 

 

Casi todas las canciones hablaban de la imagen mitológica central en la era del rock’n’roll, las ideas de escape y abandono. Sin embargo, era el drama lo que contaba; las historias de Springsteen no tenían nada de nuevo, aunque nadie las había contado antes mejor o había logrado que importasen más. Su historia, ya familiar, representaba más de la mitad de su poder: la promesa y el reto de la noche; el atractivo de la carretera; la búsqueda de una oportunidad que vale la pena tomar y el precio que se ha de pagar; las fronteras de la ciudad como la última y permanente frontera… 

Lo que era nuevo era la majestuosidad que Springsteen y su banda le daban a la historia. Su voz, sus palabras y la música  convertían los sueños y los fracasos que dos generaciones anteriores habían dejado atrás en algo épico que había empezado cuando el coche saltó por el precipicio en Rebelde sin causa. Uno siente que todo lo que en algún momento importó, todo lo que había que decir, está en este disco, presentado con una determinación que parecía haberse desvanecido años atrás. Los conflictos aquí relatados hablan del hombre contra su entorno social. Más adelante, una vez que Springsteen encontró su lugar en la sociedad, el conflicto pasaría a ser el del hombre contra sí mismo. 

Sus auténticas dimensiones se extienden ahora como nunca al sonido, mejorado ampliamente en esta reedición, con la primera remasterización que sufre el disco desde que se editó por primera vez en disco compacto. La épica de las mini-óperas de Phil Spector convive con una voz que nunca volvería a sonar tan poderosa y fuerte, con el añadido de un eco que parece ir un segundo por detrás de la melodía para darle mayor profundidad. 

En cuanto a los extras de esta edición, el primer DVD contiene el debut de 1975 de Bruce Springsteen en Londres, en el Hammersmith Odeon, toda una revelación. El concierto arranca con el piano y la armónica de “Thunder Road”, una escasa luz enfocando sólo a Springsteen en un escenario oscuro y Roy Bittan tocando por alguna parte detrás de él. Cuando el resto de la banda se les une, se desatan los elementos, convirtiéndose en una representación teatral, dramática y emocionante. De esta forma, se convierte en uno de los trabajos esenciales de la discografía de Springsteen. 

Wings for Wheels, el documental sobre cómo se grabó el disco, revela abundante información sobre los aspectos técnicos del disco, con demostraciones de cómo las canciones fueron evolucionando con el tiempo. Escuchar cada una de las partes separadas de la densa “Born To Run” -la guitarra acústica o el saxofón aislados, por ejemplo-, es como un curso intensivo sobre cómo mezclar las canciones. También contiene los comentarios de su autor sobre qué significa cada canción y cómo las compuso. Su propia definición se puede tomar como el mejor epílogo: “Born To Run fue el disco en el que dejé atrás mis definiciones adolescentes del amor y la libertad, marcando la línea divisoria con el resto de mi obra”.

Xavier Valiño

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