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Aries, pasión y compromiso

 

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Electrobikinis y Charades son sus antecedentes. Aries su actual encarnación, con la que ya lleva tres discos. Isabel Fernández Reviriego llega a este tercer álbum, Adieu or Die, situándose en un punto intermedio entre Brian Wilson y Panda Bear, disco que presenta el 2 de julio en el Kafe Antzokia (Bilbao), el 14 en  Els Vespres de la UB (Barcelona), el 15 en el FIB (Benicàssim), el 16 en  El Náutico (San Vicente do Mar, O Grove) y el último fin de semana de septiembre en Casal Jove (Trueno Rayo Fest, Puerto de Sagunto).

  

Lo que se puede intuir en tu tercer álbum en solitario es que has necesitado más tiempo que nunca para grabarlo, para trabajar en el estudio. ¿Invertiste muchas horas? ¿Costó mucho?

– No, no es que necesitase más días, sino que tuve la oportunidad de grabar más tiempo y eso me permitió probar diferentes versiones de las canciones, por ejemplo. Pude realizar cosas que nunca había podido ya que siempre he ido con el tiempo justo para grabar. Esta vez estuve cerca de dos meses pero antes invertí mucho tiempo en producir; estuve meses con el tema de la producción, eligiendo cada sonido y cada arreglo.

 

¿La composición continúa en el estudio o llevas las canciones acabadas y luego vas añadiendo elementos?

– Suelo llevar todo muy cerrado al estudio, todos los sonidos y cómo quiero que suenen las cosas. La composición está cerrada antes de entrar a grabar. Me parece importante tener perspectiva y que el tiempo te diga si funcionan o no.

¿Te obsesiones mucho con el sonido? ¿Y qué otros elementos utilizas que no salgan de instrumentos convencionales?

– Sí, es algo que me gusta mucho. Me divierte mucho colocar los elementos en la mezcla o ver qué sensaciones transmiten las muestras de sonido. Pero para nada soy friki del audio y los cacharros. Tengo mis cuatro cosas que exprimo un montón.

 

Desde fuera, te puedo imaginar frustrada en ocasiones buscando lo que quieres expresar y satisfecha cuando lo acabas. ¿Cómo es ese proceso?

– Sentí bastante desesperación en los meses iniciales, me costó mucho empezar a hacer melodías decentes. Entonces siempre te asalta la duda “Igual no vuelve a salirme una canción jamás”. Leí que Robert Foster de The Go-Betweens decía: “Con hacer 4 canciones buenas al año me conformo”. ¡No me estoy comparando con él! ¡Faltaría más! Pero esas palabras me calmaron y pensé: “Pues es verdad, tranquilidad”. Lo importante es no desistir y seguir tocando y disfrutando… A las pocas semanas empecé a vomitar canciones y saltar de alegría.

 

Todos los temas tienen una duración corta, aunque seguramente llevaron mucho hacerlo. Sin embargo, la canción final se va a los once minutos, como una mini-sinfonía. ¿Salió así, había necesidad de establecer un contraste con el resto?

– Me apetecía hacer una canción que no estuviese supeditada a la estructura de estrofa, estribillo, estrofa y demás, que fuese más expansiva, digamos, y que relajase. También que no contuviese mi voz que ya está lo suficientemente presente en el disco.

 

¿Qué es lo que influye a los textos que compones? ¿Surgen antes o después de la música? ¿Buscas que encajen en las melodías?

– Las letras recogen mis pensamientos y mis sentimientos. Lo que veo y lo que siento sobre mi presente y el de la sociedad en la que vivo. Puedo partir de una idea esencial pero luego las continúo corrigiendo durante todos los meses que dura el proceso. Siempre están sometidas a las melodías, nunca cambio la melodía porque entre la letra. ¡La melodía es sagrada!

 

¿Las trabajas mucho? ¿Hay muchos bocetos previos de los textos?

– Sí, no paro de apuntar ideas. Durante los meses que me traigo el disco entre manos estoy todo el rato con ello en mente, haciendo apuntes y súper permeable a las cosas que vivo. Las hago y rehago continuamente.

 

¿Hay algún nexo en común entre estas nuevas canciones, algo que sobrevuele por encima de todas ellas, en su letra, en su sonido, en su concepto?

– Bueno, creo que a nivel de producción tiene todo bastante coherencia. Aunque cada canción tiene su carácter, creo que todo el disco tiene un sonido muy conectado. Respecto a las letras, la idea sobre la que gira el disco es la de do or die: la pasión y el compromiso, hacer algo a muerte.

¿Te sientes más satisfecha con cada nuevo disco? Si es así, ¿crees que tiene que ver con que vas consiguiendo representar en disco mejor lo que querías, algo que antes no lograbas de la misma manera?

– Sí que me siento satisfecha… En realidad puede que esté haciendo peores discos que antes pero yo siempre creo que lo que me traigo entre manos es mejor. Me siento más sabia, con más herramientas y maneras de depurar mis ideas. Pero no creo que antes no lograse representar lo que quería decir; creo que cada disco representa quién era en ese momento y cómo hacía las cosas.

 

En ese caso, ¿sientes que tienes ahora un mayor dominio de las herramientas a tu disposición que antes para conseguirlo?

– Obviamente, cuanto más tocas y más experiencias acumulas a tus espaldas, tienes más recursos. ¡Esto supongo que le pasa a todo el mundo! Yo siento que voy aprendiendo a ser más yo: desde que empecé a hacer música con 16 años, donde simplemente imitaba a los grupos que me gustaban, hasta ahora, donde creo que estoy creando mi propio universo.

 

¿La experiencia puede ser un obstáculo? Es decir, ¿cómo te enfrentas a la composición para retener el impulso inicial de crear algo y que lo que conoces no lo complique, lo haga más enrevesado o te lleve por otros terrenos?

– Es un obstáculo cuando ya has hecho unas cuantas canciones y no te quieres repetir… E intentas hacer cosas que sigan siendo frescas… Eso sí que me preocupa a veces. Porque es muy fácil además acabar siendo auto referencial y acomodarte en tus tics.

 

¿Qué significa para ti que Calvin Johnson de K Records coedite tu álbum? ¿Era alguien a quien seguías anteriormente?

– Para mí es un honor y un sueño hecho realidad. Jamás pensé que vería la K impresa en un álbum mío. Desde adolescente me ha gustado el sello; es muy inspirador y ha editado a algunos de mis grupos favoritos como Bikini Kill, Beck o The Make up.

 

En cada ciudad de las que has vivido has tenido un proyecto musical distinto. Seguramente, no se puede desprender que cada una de ellas motivó un sonido distinto. ¿Estuvo más condicionado por lo que escuchabas en esos lugares, por la edad con la que lo viviste, por la compañía…?

– Por todo, por todas esas cosas. La música que haces es un reflejo del momento vital que atraviesas, de lo que te está pasando y la gente que te rodea. Cada grupo ha reflejado eso: las preocupaciones propias de cada edad, lo que provocaba el lugar y el día a día, la gente que me inspiraba en ese momento… Me parece algo bastante lindo, la verdad. Es parte de la magia de la música, ¿no?

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¿Qué recuerdos te trae hoy la época de Electrobikinis?

– ¡Pues cada vez me acuerdo de menos! ¡Tengo la memoria hecha trizas! Recuerdo todo muy desbocado, impetuoso y loco. Sin mucha reflexión por mi parte sobre lo que estaba haciendo. También recuerdo pasármelo súper bien, los primeros viajes por España y empezar a conocer gente de todos lados. Recuerdo sentir mucha confianza y estar muy a gusto en el escenario.

 

¿Fue la época de Charades una etapa de plenitud en la personal y en lo musical?

– ¡Sin duda! Nos lo pasábamos genial juntos, estábamos siempre muertos de risa o manteniendo conversaciones fantásticas. Así lo recuerdo. Hicimos unos discos que a mí me parecen muy bonitos porque me recuerdan a ellos y aquellos años. Vivimos muchas cosas increíbles.

 

¿Costó aventurarse luego en solitario, sin el respaldo de otros a tu alrededor, o precisamente te sentiste espoleada por la necesidad de lanzarte siendo responsable de tu propio proyecto?

– Me costó mucho. Tardé bastante en recuperar la confianza en mí misma, en sentirme a gusto y plena. ¡Llevaba 15 años tocando con gente! Ahora estoy en el escenario feliz, en mi salsa, pero me ha costado llegar a ese punto.

 

Supongo que ahí tuvo que ver bastante tu necesidad de avanzar, ponerte retos y ver dónde te llevaba esa pasión.

– Más que eso, fue la necesidad de seguir haciendo música. Si no hiciese música, me moriría de asco. Y mis circunstancias de recién llegada a Galicia me hicieron tocar sola y refugiarme en tocar y grabar en mi cuarto.

 

Mudarte a Vigo tiene que haber sido un cambio a todos los niveles, más viniendo de Madrid. Ya llevas unos años. Tienes cerca el mar y el mundo rural. ¿Te sientes a gusto? ¿Hay algún otro sitio donde crees que te sentirías igual de cómoda y donde entiendes que podrías crear de la misma forma?

– Me encanta Vigo pero supongo que hay muchos sitios en los que me puedo sentir cómoda y feliz, claro. El mundo es gigante y hay muchos sitios maravillosos. También la gente que te rodea hace que un sitio sea genial o no. No sé si viviré aquí siempre… La vida da muchas vueltas y yo soy de culo inquieto. De momento estoy feliz y muy a gusto.

Supongo que es pronto para hablar de influencia tuya en otros músicos, pero le acabo de hacer una entrevista a Pantis y me ha dicho que le gustaría que sus discos sonasen como los tuyos. Me imagino que cosas así compensan todo el trabajo, todos los sacrificios.

– Se lo agradezco mucho; ese tipo de comentarios me dan muchas fuerzas y ánimos para seguir haciendo música y me hacen sentir menos sola.
¿Qué es lo que más te gusta de lo que haces y aquello que no puedes soportar o con lo que no tragas?

– Lo que más me gusta es lo puramente musical: componer, grabar y tocar en directo. Eso me encanta. Lo que menos me gusta es todo lo que no es música. No me gusta exponerme mucho porque a veces me hace daño… Tampoco me gusta la percepción de vagos, que existe… Yo puedo estar un año trabajando horas y horas todos los días de la semana en un disco y para gran parte de la sociedad no estoy haciendo nada. Tampoco me gusta el mundo de la noche. Pero bueno, no me quejo de nada, lo musical me compensa con creces.

¿Y la mejor anécdota que te ha sucedido por ahora en el mundo de la música?

– ¡Brruf! ¡Tengo muchas! Te puedo contar la última cosa que me ha pasado. En marzo toqué en el Soda Bar de San Diego. Al regresar a España tenía un mensaje de un tal Greg diciendo que, aunque era de Nueva York, el día de mi concierto había estado grabando en San Diego y aquella tarde, al ver que había show, decidió bajar a tomar algo. Me vio tocar y al regresar a casa buscó mi discografía porque le había gustado mucho… Y así decidió grabar una versión de “Dilo mañana”, una de las canciones de mi primer disco. Greg es el guitarrista de los Straitjackets  y Nick Lowe. ¡Inicialmente creí que se trataba de un troll, pero no! ¡Es todo verdad! Y ha hecho una preciosa versión. Está en youtube, por si alguien quiere escucharla.

 

 

 

 

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