ARCADE FIRE LIVE

Arcade Fire en concierto

 

 

Al final no sucedió. Ian McCulloch no salió a cantar con Arcade Fire “Modern Man”, la canción que, según él, tanto le gusta. Poco antes de la actuación de los canadienses incluso había reconocido sobre el escenario, en mitad del concierto de Echo & The Bunnymen, que él, que no es que vaya repartiendo piropos precisamente, se había hecho fan de un grupo actual, por una vez en su vida, y ese grupo es Arcade Fire, comandado por una pareja que ni había nacido cuando él ya estaba grabando discos. Por algo será.

 

Y por algo será también que son el emblema de la década que nos deja y una de esas raras ocasiones en las que crítica y público se ponen de acuerdo. También por eso Arcade Fire era el grupo estrella del MTV Galicia, celebrado por primera vez con motivo del Xacobeo 2010. Un evento curioso en su concepción que pretendía contar con más de 25.000 espectadores, permitiendo la entrada gratuita a los primeros en llegar; precisamente por eso consiguió que muchos desistieran de intentarlo, temerosos de quedarse fuera tras horas en la cola (no los portugueses, por suerte, que ‘peregrinaron’ en masa hasta Compostela), con lo cual la mitad del aforo no se cubrió y se podía llegar cómodamente a las primeras filas.

 

Antes de Win Butler y compañía tendrían que pasar aún dos grupos por el escenario, más McCulloch y su banda. Cosas de las alianzas entre empresas, Cornelius 1960 fueron la representación gallega. Su sonido retro, versión de Led Zeppelin incluida, no tenía mucho que ver con el resto del cartel, y tampoco ayudó que en dos ocasiones el sonido desapareciera por completo.

 

 

Inmediatamente quedaron eclipsados por The Temper Trap. Los australianos tienen mucho más que “Sweet Disposition” (sin ir más lejos, “Science of Fear”), como ya quedaba claro en su debut Conditions del año pasado. Con el despegue a base de bombo y voces (“Drum Song”), muchos creyeron ver el espíritu de Arcade Fire por adelantado. También sonaron las guitarras prestadas de The Edge, se pasearon por el pop más atmosférico y por sus momentos más oscuros, perfectos para el directo, como “Fader” o Resurrection”. Lo dejaron en todo lo alto, aunque su cantante se mostrase disgustado con el sonido desde el inicio.

 

Preguntado McCulloch por qué no le pedía a Arcade Fire que le dejaran cantar con él, éste respondió que serían ellos los que se lo tendrían que pedírselo a él, que para algo es una leyenda del rock. Genio y figura. Desde el primer momento del pase de Echo & The Bunnymen, McCulloch se convirtió en la estrella que, sí, buscaba llamar la atención. Sin bajar nunca su capucha, jugando al fútbol con las toallas y las colillas, se dedicó a anunciar las mejores canciones de la historia: por supuesto las que él y su banda habían compuesto.

 

Ya lo había hecho en el 2004 en el mismo escenario, pero lo repitió sin importarle lo más mínimo, con la chulería acostumbrada y algo más de alcohol de lo necesario: “Seven Seas”, “The Cutter”, “The Back Of Love”, “All My Colours” o “The Killing Moon” sonaron perfectas, con más fuerza incluso que en ocasiones anteriores y, sobre todo, con unas notas a la guitarra de Will Sergeant que valían por todo un concierto. Si en un principio se hablaba de The Doors al referirse al grupo, ahora hacen (otra vez) sin preocuparse “Roadhouse Blues”. Y en medio de “Nothing Lasts Forever” dejan caer trozos de “Walk On The Wild Side” de Lou Reed (una vez más) y, novedad, otros de “Don’t Let Me Down” de The Beatles, “In The Midnight Hour”, de Wilson Pickett, y “Emotional Rescue” de los Rolling Stones.

 

 

De versiones, nada con Arcade Fire. Llega y basta con sus tres discos. Fue sonar “Ready to Start” y ya se vivía la completa compenetración entre el grupo y el auditorio. Igual que Springsteen, aunque ellos aseguran que se acercan más a los Stones. En el segundo tema, “Month of May”, Win y sus siete acólitos ya lo habían dado todo. Aun quedaban “Neighborhood #2 (Laika)” y “No Cars Go” para que no quedaran dudas. Cuatro canciones para grabarlas con sangre en esos momentos indelebles del recuerdo. Y era sólo el principio.

 

Funeral sonó en su mayor parte. En el medio, un cierto respiro presentando el nuevo álbum, que aunque suena más rotundo de lo que parece en sus estrías (ejemplo: “Rococo”), por ahora no contagia de la misma manera. Mañana, quién sabe. Todo antes de la traca final, con “Neighborhood #3 (Power Out)”, “Rebellion (Lies)” y, ya en los bises, “Keep The Car Running” y “Wake Up”, apelando a la épica y el arrebato habituales.

 

Aunque todo estaba medido para la grabación de un concierto de la MTV a emitir el próximo día 18, respaldando el estreno del canal en abierto, al final el grupo sabía que no había sido un concierto sólo para la televisión. En sus rostros se reflejaba el triunfo y en el Monte el gozo pleno. Allá abajo la leyenda McCulloch seguro que sabía ya, igual que los demás, que aún hay alguien que, a pesar de lo difícil que es ahora, hace méritos para que los clásicos del rock sigan sumando nombres a su historia.

 

(Monte do Gozo, Santiago de Compostela. Domingo, 5 de septiembre de 2010. Público: 12.000 espectadores. Promotor: MTV y Xacobeo)

 

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