ANTONIO VEGA

Antonio Vega, la disección

 

Desde el principio, las vivencias de Antonio Vega ocuparon el primer y único lugar en cualquiera de sus 80 canciones. “Chica de ayer” lo atestiguaba y, por ello, desde sus inicios y a través de los años, ha ido enganchando a más y más gente. Curiosamente, a medida que los discos de Nacha Pop encontraban mayor repercusión y los suyos en solitario eran esperados con anhelo, lo que podía haberlo convertido en el solista con mayor credibilidad y éxito, su vida personal hacía aguas.

 

Fue la heroína, sí. Hoy puede hablar de ello con naturalidad porque está desintoxicado. Pero tampoco alardea del tema ni vende imagen de superviviente. Lo documentan las letras de sus canciones y muy, muy poco, sus declaraciones.

 

Quedan para el recuerdo sus mejores logros. Su primer disco en solitario, el mejor, titulado No me iré mañana, al que siguió la colección El sitio de mi recreo, a base de baladas antiguas y con una versión de Machín. Después vino Océano de sol, en el que algunas buenas canciones quedaron enturbiadas, según propia confesión de Antonio, por la producción de Phil Manzanera, el ex-Roxy Music.

 

Y ahora, Anatomía de una ola, más intimista, más acústico, más tranquilo, más Mediterráneo, más… Serrat. Él se manifiesta muy contento de un trabajo hecho casi totalmente en el estudio, y por eso se ha prestado por primera vez a una intensa campaña de promoción.

 

Y aunque su estilo se depura cada vez más y es más reconocible, esta vez las canciones no ayudan del todo. Tal vez eso sea lo de menos, porque sigue hablando en primera persona y no se le puede negar el mérito. Aunque las claves sólo se descubren en palabras del propio Antonio.

“El murmullo de tus manos”, por ejemplo, está dedicada a su cuñada Mercedes, fulminada por un cáncer y a la que Antonio le escribió esa canción que le puso en un walkman mientras respiraba su último aliento. Hoy está enterrada con ese walkman y su canción. “Tributo a…” es un homenaje a una poetisa que siempre le gustó, Felisa Sanz, y que cree que no se valora lo suficiente.

 

Hay también muchas referencias a su pasado turbulento con las  drogas -“en otras aguas me quise encontrar”, “y a las mismas tentaciones cedió mi voluntad”-, a su reciente ruptura con su pareja de 17 años, una de las dedicatorias del disco -“libertad, sinceridad, ilusión, esperanza…”- y, por supuesto, agradecimientos a poder contarlo todo, a poder seguir una vida sin más ataduras, bohemia, a la que nunca renunció -“hoy soy de aquí, de donde piso”-. Mañana, ya veremos.

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