ANTONIO VEGA

Antonio Vega, pasa el otoño

 

Antonio Vega se ha vaciado. Antonio ha logrado disfrutar de una libertad creadora insólita para él hasta la fecha y lo ha dado todo en el empeño. Ha salido de su cueva particular, ha sacado fuerzas de su flaqueza, ha resistido a sus tentaciones, ha vencido hábitos, en aras de una lucidez y energía necesarias para atender cada momento, cada nota de este álbum 3000 noches con Marga.  

Y, claro, Antonio ha roto moldes de composición, ha jugado como un niño y ha tirado de su propio fondo literario, musical, educacional, principalmente el de su adolescencia y juventud en los setenta. Las siete canciones y dos piezas instrumentales resultantes de este ejercicio titánico, de esta hazaña humana y artística, nos revelan un Antonio Vega, siempre íntimo, mucho más extravertido, menos oscuro y autocomplaciente, más claro y directo.  

Antonio está encantado, más orgulloso de este disco que de ningún otro que ha grabado solo o con Nacha Pop. “Lo siento mío de principio a fin y hemos formado una banda para poder plasmar todo lo bueno que hemos hecho en este disco, del que nos sentimos dueños, muy satisfechos”. 

Así lo presenta el propio autor: “Hacia finales del mes de junio del año 2004 y después de pasar por el peor momento de mi vida, sin duda, comenzó la aventura de este 3000 noches con Marga. Con vehemencia enfermiza me sumergí en una dedicación incesante a mi trabajo. Escribí, arreglé, di forma uno a uno a los temas que componen esta obra”. 

La razón del dolor fue la muerte de su compañera, la Marga del título. “En un momento en el que, como hoy, mi corazón se hallaba desbordado por el dolor, todo giraba en torno a la figura de Margarita del Río Reyes, la mujer que me lo dio todo a cambio de nada y a la que he consagrado mi vida entera, lo que me quede de ella”. 

Los versos de sus canciones lo dejan claro: “Me ahogo en la congoja de tu recuerdo ausente / De mi garganta anudada, mi soledad temprana / Cansado de caminos que no conducen a nada / ¿Hasta dónde llega la vida? / ¿De dónde viene la muerte? / Todos los días he llorado tu marcha / Y lo he hecho solo / Y solo grito tu nombre / Empeñado en pronunciarlo / Y hacer del ayer, mañana / Y del mañana, presente…” 

Cada cual paga un precio por su mayor o menor empeño en volar libremente. Estas canciones despiden libertad en cada acorde. 3000 noches con Marga suena por amor. “Es un disco nacido de la ilusión y de la necesidad también de pronunciar su nombre y de estar cerca de ella y de darla… Es un disco que está por encima de planteamientos estilísticos o de mercado de cualquier tipo… Responde a la versatilidad, a la riqueza de una relación humana, antes que a la continuidad de un estilo”.  

Teclados de Basilio Martí, guitarras de Jorge D’Amico, bajos de J. M. Baladón, saxos y otros vientos de Santi Ibarretxe, las armónicas de Javier Urquijo, las baterías de Toni Jurado o Anye Bao, los apuntes, consejos y paciencia de Carlos Martos, todos se ajustaron a una pregrabaciones caseras de Antonio en su ordenador y que cobró forma en la grabación definitiva en los estudios Sonoland donde Antonio ha mal dormido tantas noches.  

“Los músicos se han liberado de responsabilidades malentendidas y han estado a la altura más que de sobra para satisfacer mi curiosidad artística. Hemos puesto el listón muy alto. Hay un antes y un después para todos nosotros con este disco”. 

Y Antonio se ha vivido más guitarrista y cantante que nunca. Guitarras, guitarras, sí como la canción incluida en su primer álbum No me iré mañana. Guitarras setenteras, con un recuerdo a la época sinfónica, así como también al sonido de los ochenta. Adiós a esos tres minutos escuetos, óptimos para la radiodifusión y comercialización de hoy día. Las canciones duran lo que ellas mismas y sus músicos pidan o anhelen.  

Pasa el otoño” son cinco minutos y medio de canción con un solo final de guitarra de casi dos minutos. “Caminos infinitos” son casi ocho y “Te espero”, cinco y medio. Los melómanos nos lo merecíamos. “He disfrutado con la palabra. He disfrutado especialmente cantando cosas tan reales y ciertas que salen de algún sitio muy cercano a todos, de una enorme cotidianeidad”. 

Xavier Valiño

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