ALBERT PLA

 Albert Pla, por el lado más bestia

 

Dos poetas enfrentados frente a sí y una sola obra: Albert Pla supone Fonollosa. De concepción tan atípica como su contenido.

 

El primero de los dos trovadores, José María Fonollosa, ya no vive para disfrutarlo. Puede que tampoco le importara. Hace dos años se publicó su poemario póstumo, Ciudad del hombre: Barcelona, y desde hace un tiempo es reconocido por diversos cantautores patrios.

 

En su biografía consta el nacimiento en Barcelona, en 1.922, y sus etapas en Cuba, a los 30 años, y en Nueva York, más avanzada su trayectoria. Una producción que quería ser singular en temas y forma y que, además de sus colaboraciones en la revista Poesía española, incluye La sombra de la luz (1.945), Umbral de silencio (1.947), Blues y cantos espirituales negros (1.951, en colaboración con Alfredo Papo) y el volumen Ciudad del hombre: New York (1.990).

 

¿)Y que hay del segundo? Hasta ahora tres discos en el haber de Albert Pla: dos en catalán –Ho sento molt, 1.989, y Aquí s’acaba el que es donava, 1.990- y uno en castellano –No sólo de rumba vive el hombre, 1.992, una lección magistral de rumba-pop irreverente-.

Queda en el estante Veintegenarios, un trabajo de boleros u sonidos mejicanos que, por su insuficiente calidad o porque los abogados de su compañía discográfica decidieron que podían traerles repercusiones legales negativas -según las diferentes versiones-, no ha sido editado.

 

Su responsable es así como indefenso, pero se le percibe una rabia por dentro descarada. Lo más bestia suyo es que tras esa voz quebradiza y esa carita de niño asustado se intuye un inquietante mundo interior y se sabe cierta una mente creativa.

 

Albert Pla puede producir desasosiego porque apabulla con su imaginación desbordante y su torrente de sensibilidad y belleza escondida. No es un artista cómodo ni de fácil lectura y, precisamente ahí, radica uno de sus mayores atractivos. Escabroso algunas veces, escatológico otras, irreverente las más, Pla es la alternativa más válida al resurgir de los cantautores tan políticamente correctos.

 

¿Polémico? Tan sólo para las mentes pacatas y fácilmente asustadizas, fieles al espíritu de lo convencional. Tal vez por ello sea lo menos recomendable para todos los que se sorprendieron este año con Javier Álvarez o Pedro Guerra. Que más da: él lleva haciendo canciones media docena de años y permanece en su mundo, ajeno a cualquier fenómeno de una temporada.

 

En dónde se cruzaron los caminos de Fonollosa y Pla no queda claro ni nos importa. Tan sólo sabemos que no se llegaron a encontrar y que a Albert Pla los pocos datos de los que dispone son todo lo que necesita para enfrentarse al trabajo de Fonollosa. No necesita nada más que pueda interferir en su distanciamiento voluntario de Fonollosa: ni una mala fotografía ni ninguna otra referencia.

 

Sólo Albert Pla supone Fonollosa puede hablar del encuentro. Las palabras que lo sostienen refieren, en lo esencial, lo señalado por el mismo Fonollosa como “los más populares y apasionantes temas de esta época: muerte, sexo, crimen, mujeres…”, o sea, personajes amorales que desean, aman y odian sin contemplaciones.

 

Con arreglos mínimos y sencillos -parcos en exceso, puede que sea su único detalle mejorable-, Pla hace suyos los textos de José María Fonollosa, hasta el punto de resultar perfectamente intercambiables con sus propias historias del pasado. Incluso las voces del humorista Eugenio en el corte que abre el disco (“Puedo empezar”) y de Robe de Extremoduro en el que lo cierra (“No”), así como el único tema compuesto por Pla (“Añoro”), encuentran su hueco, perfectamente integrados en el planteamiento global.

 

Tan sólo un corte parece fuera de lugar: la versión del “Walk On The Wild Side” de Lou Reed que Pla titula “El lado más bestia de la vida”, recuperada de las sesiones perdidas de Veintegenarios. Aunque su adaptación a los bajos fondos de las ciudades que todos conocemos, con los ajustados retratos de sus desdichados pobladores, y su ritmo de rumba desbocada la convierten en el gran hito de los últimos meses, una canción que vale por todo un disco y que no merecía la suerte de quedar olvidada para siempre.

                  

Xavier Valiño

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