ABRAHAM BOBA 2009

Abraham Boba, alimentando el personaje

 

Colaborador habitual de, por ejemplo, Nacho Vegas, David Cobas, más conocido como Abraham Boba, ha editado un segundo disco acreditado a su nombre, La educación. En él, además del piano, ahora también toca ahora la guitarra, a diferencia de lo que fue su debut homónimo de 2007, después de un disco con Tedium y dos con el grupo instrumental Belmonde.

 

¿Crees que tú primer álbum fue acogido como debiera?

– Si la mejor forma de ver que un disco tiene buena acogida es la cantidad de conciertos que haces (ya que hoy en día las ventas no significan mucho), entonces no demasiado. El disco tuvo muchas buenas críticas y otras no tan buenas. Y algunos medios directamente lo ignoraron, supongo que por prejuicios.

 

¿En qué dirías que se nota la evolución en este segundo disco respecto al anterior?

– Las canciones son mejores y más directas. Se nota también el rodaje de la banda y el sonido es más orgánico, algo que también buscaba en el primer disco y no conseguí.

 

¿Lo ves más como una colección de canciones o has pensado o encontrado algún elemento en común detrás?

– Creo que el elemento en común lo encontré inconscientemente con el disco ya terminado. Las canciones surgieron en tres tandas a lo largo de un año, más o menos. Supongo que al final todas tratan temas similares, incluso un tema único, visto desde el pasado, el presente y el futuro. Pero no creo que sea un disco de concepto.

 

¿De qué canción de este disco estás más satisfecho?

– Las que más me gustan son “La educación” y “Frío”.

 

La educación, dice el título. ¿Qué reivindica?

– No reivindica nada. Es el título de la última canción que compuse para este disco y me pareció que funcionaba bien como resumen de los temas que se tratan en el resto de canciones. Se trata de un concepto muy amplio, pero a mí me interesaba desde el punto de vista de la evolución de la persona y de la personalidad, y de cómo eso te puede llevar a decidir un camino u otro cuando has de tomar una decisión importante y arriesgada en tu vida.

 

¿Te sigue motivando lo mismo a la hora de componer o has encontrado algo distinto en lo que inspirarte o de lo que hablar?

– Las relaciones personales me parecen una fuente inagotable, aunque sea el tema más tratado en la historia de la música. Creo que lo que diferencia una canción de ‘amor’ de otra es el punto de vista del que la escribe y, sobre todo, intentar no caer en lo obvio ni en el cliché.

 

¿Qué te planteas a la hora de escribir un texto y de que huyes conscientemente?

– No suelo partir de ideas premeditadas. Simplemente las letras van surgiendo, a veces de forma sencilla y otras de forma más elaborada. Procuro no ser demasiado subjetivo, ni demasiado obsceno cuando utilizo temas personales. Al fin y al cabo, mi vida no le interesa a nadie, y lo bonito es que el oyente se pueda aplicar esas palabras que escucha a su propia vida.

 

Ahora aparece la guitarra por primera vez. ¿Por qué sentiste esa necesidad?

– Algunas de las canciones de este disco las compuse con una guitarra, algo que en el anterior no había hecho. Es un instrumento que manejo menos que el piano, y por eso mismo de ahí pueden surgir buenas ideas.  Además, simplemente,  algunas canciones lo pedían.

 

 

Recuerdo que en tu primer disco había agradecimientos a los micrófonos. ¿Te preocupa especialmente el sonido? ¿Eres un perfeccionista en el estudio o dejarías mejor la primera toma?

– Los agradecimientos técnicos que aparecían en el primer disco eran cosa de Michel Martín, ya que fue material que nos dejaron para la grabación. Me preocupa el sonido, es una parte muy importante de la música pop. Una misma canción puede ser maravillosa o espantosa sólo por elegir un tipo de producción u otra. No soy un perfeccionista, pero si me preocupa que el disco suene como yo lo escucho en mi cabeza antes de grabarlo. En cuanto a lo de las tomas, en algunas canciones la primera es la mejor y en otras la tercera o la cuarta. Depende. En este disco no grabamos más de tres tomas por canción.

 

Y en cuanto a la voz, tan importante en este tipo de canciones, ¿cómo la tratas, cómo la grabas?

– Para las voces sí me suele gustar más la primera o la segunda toma, y siempre sin editar. No comprendo a los músicos que van recortando frases de distintas tomas hasta completar la canción. En mi opinión de esta manera se pierde el hilo de la narración.

 

¿Te importa que tu repercusión sea menor en comparación con otros artistas estatales contemporáneos o a los que contribuyes?

– No me importa en absoluto. No creo que sea eso lo que hay que comparar. Yo estoy muy orgulloso de tocar con la gente que toco y me alegro mucho de que sus carreras vayan bien. Lo que sí me importa son los prejuicios de algunos creadores de opinión que consideran que mi música es pretenciosa. Eso no lo entiendo.

 

¿Han evolucionado tus gustos musicales desde que empezaste a tocar? ¿Cómo ha sido esa evolución?

– Claro que han evolucionado y espero que sigan haciéndolo. En el momento en que pierdes la curiosidad por descubrir nueva música estás creativamente muerto. No sabría decirte cuál ha sido mi evolución; lo que sí sé es que hay ciertas músicas o ciertos artistas que desde que los descubrí no he dejado de escucharlos, a pesar de pasar por diferentes etapas. Supongo que éstos son los músicos que más me interesan y en el fondo los que más me influyen.

 

¿Qué es lo mejor que han dicho de tu música -una crítica, un seguidor-? ¿Y lo peor?

– Tengo muy mala memoria, no sabría decirte exactamente. Me gusta que mi música emocione al que la escucha y no me gusta cuando se dice que he creado un personaje para hacer mis canciones.

 

¿Tienes algún héroe musical o no?

– No soy muy de mitos, pero admiro casi por igual a Leonard Cohen, a Bob Dylan y a Bach.

 

¿Cómo llevas la realidad en la que vivimos?

– No estoy incómodo, aunque sí soy bastante inconformista con muchos de los patrones que se siguen hoy en día. La inmediatez es uno de ellos.

 

¿Tienes idea de por qué una parte de los músicos vigueses habéis acabado en Barcelona -Catpeople, Manos de Topo, tú mismo-?

– Bueno, yo vivo en Madrid desde hace más de un año, pero sí residí en Barcelona durante cinco. No lo sé, supongo que en parte por inquietud y en parte por casualidad.

 

Supongo que Tedium y Belmonde no siguen existiendo. ¿Qué recuerdas de aquellos tiempos y te gustaría reivindicar algo?

– No, ya no existen. Son proyectos que me han servido para aprender y sin los que posiblemente no podría hacer la música que hago ahora. Tedium lo recuerdo como el típico grupo de amigos muy jóvenes que se ponen a tocar intentando sonar como sus grupos favoritos (aunque con algo de personalidad, la verdad) y Belmonde como un experimento musical con un buen amigo.

 

Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota en estos años en la música?

– Como decía antes, no tengo muy buena memoria. Pero de las últimas, recuerdo un concierto en Vigo en el que hice de telonero de Micah P. Hinson. Al acabar el concierto, nos fuimos a cenar a un restaurante gallego. Por supuesto, ellos comieron carne (chuletón, porque no había hamburguesas). En los postres se sirvió orujo casero. Cuando lo probaron, Micah dijo si intentábamos envenenarlos con aquel brebaje tan fuerte. Lo cual me resultó curioso, teniendo en cuenta todo lo que la prensa decía que se había metido en el cuerpo con apenas 25 años. Como casi siempre, pensé, es la prensa la que crea y alimenta al personaje.

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